Vivía sola y en una semana me convertí en madre de acogida de una niña

Es importante tener claro que igual que han venido, de repente, habrá un día en que tengan que volver con su familia

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Este sábado hace dos meses que María y yo nos conocimos. El 13 de junio nuestras vidas dieron un vuelco de 180 grados. Un martes a mediodía me avisaron de que el lunes siguiente llegaría. Rápidamente saqué mis cosas de la que iba a ser su habitación, hice hueco para las suyas -aunque no sabía si vendría con ropa o qué traería-, conseguí una silla para el coche y con una de mis amigas repasamos aspectos importantes a tener en cuenta para su cuidado (qué comen los niños con cuatro años, si usan o no pañal, medicamentos, etc). Después de presentarnos salimos cogidas de la mano, pasamos por los toboganes del parque de camino a casa y me convertí en una madre de acogida temporal.

Tengo 46 años y al ver que se me ha echado el tiempo encima para tener hijos propios o adoptarlos, esta me ha parecido la mejor opción para experimentar la maternidad. Es una forma de beneficiarle a ella también para que tenga cariño y un hogar seguro mientras sus padres están trabajando para resolver sus problemas y puedan volver a tenerla con ellos.

Cuando me avisaron de que había una niña que necesitaba una casa no me dieron mucha información sobre su familia. Solo me contaron que tiene que mejorar algunos aspectos para cuidarla mejor y que se quedaría por un periodo de entre seis y 18 meses.

Yo he cuidado niños pero no había convivido nunca hasta ahora con un pequeño que estuviera a mi cargo. ¡Y te das cuenta de que no sabes nada! De repente se te presentan un montón de dudas. ¿Habrá que hacerle purés? ¿Comerá de todo? ¿Tendrá ropa? ¿Cómo será? Y la verdad es que he tenido mucha suerte, porque esta peque es una gozada. Come de todo, le encanta la fruta y duerme muy bien. Es una bendita. A veces le dan las pataletas típicas de su edad, pero es súper obediente y muy buena.

La experiencia está siendo maravillosa. Me ha cambiado la vida completamente. Imaginaos. Yo vivía sola, estaba acostumbrada a organizarme sin tener que sincronizarme con nadie y, de repente, de un día a otro me cambiaron los horarios, los ritmos. Tengo que ayudarla a vestirse, prepararla para salir de casa, organizar mi bolso y su mochila para salir a la calle, coger cosas para cambiarla, la merienda, etc. Todavía no hemos conseguido acelerar el proceso para no llegar tarde a los sitios, pero estoy encantada de la vida y el cambio ha sido sin duda para mejor.

La suerte es que ahora estamos como de vacaciones perpetuas. Ella sin cole y yo con el permiso de maternidad de 16 semanas al que tengo derecho por ley como cualquier madre natural y que no sabía que iba a tener, pero que está resultando muy necesario. Porque desde luego, iba a ciegas. No me malinterpretéis, no hablo de agobio ni de nada negativo, pero sí de decir, ¡madre de dios, a ver cómo nos organizamos!

A mí me ha cambiado la vida, pero a María también, absolutamente. De repente, va con sus padres a un sitio desconocido, se tiene que despedir de ellos y se va de la mano con alguien a quien nunca había visto. Aunque eso fue un lunes y hasta el sábado no supe cómo lloraba. Los peques aceptan los cambios de una forma mucho más natural, aunque para sus padres fue muy duro. Ahora los ve cada 15 días en un punto de encuentro. Cuando va está encantada, porque yo además le voy avisando los días anteriores. Pero volver… aunque conmigo está muy bien, su papá y su mamá son su papá y su mamá. Esos días procuro quedar con amigos con hijos y con mis sobrinos para que el tránsito sea lo más fácil posible. Y la verdad es que lo hace de forma natural y normal. ¡Es una alegría de niña! Se relaciona perfectamente con otros niños, de todas las edades, y con los adultos.

Y es muy cariñosa. Lleva dos meses conociendo a gente nueva y conecta con mucha facilidad. Ahora, por ejemplo, estamos en casa de unas amigas en la playa. En cuanto se bajó del coche hizo buenas migas con una de ellas, le dio la mano y tiró para adelante.

Conozco el programa de Familias de Acogida desde hace años. Trabajo en Cruz Roja en Burgos y es mi organización quien colabora en la gestión junto con la Junta de Castilla y León desde 1989. Se trata de ejercer la guarda de uno o varios menores en un entorno familiar, de forma temporal o permanente, para evitar en la medida de lo posible que el niño pase por un centro de acogida (lo cual está establecido por ley para los menores de seis años). A veces lo hacen parientes del niño o conocidos, y otras veces, familias ajenas.

Yo me decidí a participar y comencé la formación, en mi caso, como familia monoparental en mayo de 2015. Pueden acoger a los niños personas de cualquier edad, sexo, estado civil, orientación sexual y posición socioeconómica. Durante las semanas que dura el proceso, nos explican en qué consiste el acogimiento, los aspectos legales y sobre todo, los psicológicos. Acoger a un niño o más, que a veces tienen necesidades especiales, implica un cambio en la vida de una familia y se pueden presentar algunas circunstancias particulares. La formación te prepara también para la despedida cuando el pequeño vuelve con sus padres, porque es un trance por el que las familias de acogida tenemos que pasar también. Es importante tener claro que igual que han venido, de repente, habrá un día en que tengan que volver con su familia.

Después de una evaluación de la trabajadora social y la psicóloga del programa que analizan tu historia personal, hacen test psicológicos y visitan tu domicilio, si te consideran idóneo entras a formar parte de una lista y te pueden llamar en cualquier momento. Puedes elegir si prefieres acoger un niño o una niña, y la edad. Yo puse un máximo de siete años, para que pudiese relacionarse con mis sobrinos y los hijos de mis amigos, que rondan esa edad. Las familias también recibimos una aportación económica que utilizamos para pagar guardería, actividades, manutención, ropa, etc.

Indudablemente el objetivo del programa es que los niños tengan un ambiente cercano y con cariño durante un tiempo, que vivan en un entorno adecuado. Pero no me imaginaba lo que me iba a llevar yo a cambio como mamá acogedora. Tú les das cariño y seguridad, pero ellos te devuelven el 200%. Y es tan satisfactorio verla aprender a hacer cosas, ganar autonomía, acompañarle en ese camino.

Todo está siendo muy positivo. Claro que de vez en cuando surgen miedos, imagino que como a todos los padres. Mucha gente me pregunta: “¿Y cuando se vaya?”. Y yo respondo que ahora estoy viviendo esto y que esa ausencia ya la viviré. Soy muy consciente de ello y sé que lo pasaré mal, que tendré que vivir un periodo de duelo. Es lo que hay. Pero eso no hace que me retenga. Me doy al 100%. Con lo cariñosa que es, ¿cómo me voy a retener? Si me derrito cuando la oigo por la casa llamándome -“Nuri, Nuri, ¿dónde estás?”-, o cuando la despierto y nos acurrucamos un rato en mi cama y me la como a besos.

Esta experiencia es maravillosa, es muy enriquecedora y se la recomiendo a todo el mundo. Informaos, animaos. El impacto positivo en las vidas de estos niños, en su futuro, es brutal. Y en las familias, en vosotros mismos, también.

Este texto lo redactó Gloria Rodríguez-Pina después de entrevistar a Nuria Bravo Merino.

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