¿No tienes tiempo de ver tus series favoritas? Dale al 'fast forward'

El método 'speed watching' propone ahorrar tiempo viendo las series a doble velocidad

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"He encontrado un nuevo modo de ver televisión. Y lo cambia todo", decía el pasado mes de junio Jeff Guo, reportero económico del Washington Post, en una entrada del blog Wonkblog. El periodista confiesa un problema de primerísimo primer mundo compartido por muchos: cada vez hay más series por ver y menos tiempo para sentarse ante la pantalla. La televisión estadounidense nos ofertará en 2017 más de 570 producciones, en una sociedad contradictoria y multitarea, experta en perder tiempo mientras vive a un ritmo en el que no hay tiempo que perder.

El truco de Guo para solventar la situación es tan sencillo como darle al botón de fast forward todo el rato y ver cada capítulo a ritmo acelerado. De popularizarse el llamamo método del speed watching (visionado rápido), plantearía sin duda un nuevo reto narrativo a los creadores de ficción.

Para hacernos una idea, en este vídeo puede verse el inicio de Toy Story 3 el doble de rápido. La calidad de imagen no varía y no se pierde información visual, aunque sí que exige mayor atención a la hora de seguir los diálogos.

No fue el primero en hablar esta moda. Jan Rezab, colabrador de la edición estadounidense de Forbes confesaba el mismo hábito en el mes de abril. Y hay quien aplica la técnica hasta para los vídeos de YouTube. Natalia Marcos, la experta en series de EL PAIS, se adelantó y con mucho a todos estos gurús anglosajones.

Dentro de nuestra contradicción, adoramos que se nos presente la información en vídeo y al tiempo maldecimos no poder llevar a cabo una lectura diagonal, como a menudo hacemos con los artículos de texto. Acelerar a 1,5x o incluso a 2x es toda una tentación, teniendo en cuenta que, por ejemplo, hemos dedicado 3,5 días de nuestra vida para ver Mad Men.

Hemos invertido entre 6 y 7 horas para engancharnos al fenómeno Stranger Things este verano, sumadas otras 6 de la miniserie The night manager. La sexta temporada completa de Juego de Tronos, que debemos ver minutos después de su emisión original para no sufrir spoilers, supone otras 8 horas aproximadamente. Las británicas Happy Valley y Fleabag son imprescindibles, como la segunda temporada de Narcos y el orgullo patrio: El Ministerio del Tiempo. Si no necesitamos subtítulos en las series extranjeras o somos capaces de leerlos a ritmo acelerado, nos ahorraríamos la mitad de todo este tiempo.

Tras leer sus argumentos, he decidido aplicar el truco a algunas series a las que no quiero renunciar, aunque desearía que me exigieran menos tiempo. Mientras, me pregunto si hubiéramos disfrutado igual del recordado plano secuencia de seis minutos protagonizado por Matthew McConaughey en True Detective. Supongo que siempre tenemos la libertad de regresar al ritmo normal, como lo tenemos de volver a ver una secuencia o un capítulo que nos ha gustado demasiado.

Elementary

Todos son fanáticos de la Sherlock de BBC y casi nadie presta atención a esta versión estadounidense de las aventuras del personaje literario.

¿Por qué la veo? A pesar de no ser espectador habitual de procedimentales, sigo fiel a la serie en su cuarta temporada por simpatía personal con el personaje y con su actor protagonista, John Lee Miller. Creo que la dinámica entre el detective y un Watson femenino (Lucy Liu) está muy lograda y que acierta de pleno al no buscar un romance. Hay más tensión sexual no resuelta entre Benedict Cumberbatch y Martin Freeman en la versión británica que entre estos dos personajes.

¿Por qué en FF? Por alguna extraña razón, he disfrutado mucho del clímax pausado de la serie, aunque en las últimas temporadas el ritmo es excesivamente lento. Así que no está nada mal invertir la mitad del tiempo en ella.

Sherlock y Joan Watson tienen en su casa una sala llena de televisores y una asombrosa capacidad para retener información

Resultado. Llegados a este punto de la serie, se agradece el acelerón. Pero idear una veintena de misterios por temporada ha hecho que los guionistas busquen historias cada vez más rebuscadas. Es una serie que reservo para el periodo de duermevela. A veces, con solo un ojo abierto, no logro ni a ritmo normal captar todos los detalles con los que despliegan, en los últimos minutos de la serie y a lo Angela Fletcher, la sucesión de pistas con la que los protagonistas desenmascaran al culpable del crimen de la semana. Cuando va a velocidad 1,5x o 2x es todavía más complicado. Voy por el capítulo 3 de la cuarta temporada y a punto está de empezar la quinta.

Modern Family

¿Por qué la veo? Muchos han dejado de adorarla, pero a mí me cuesta encontrar una sitcom que realmente me guste.

¿Por qué en FF? Uno de los factores clave de una comedia es el ritmo narrativo. ¿Puede soportar la serie este método de moda entre los espectadores más arriesgados? Sigue teniendo al menos un golpe de genialidad en cada episodio, pero las tramas ya no son tan interesantes como antes.

Resultado. En este vídeo colgado por Jeff Guo puede verse uno de los gags de la última temporada un 60 por ciento más rápido y lo compara luego con la grabación original. Está de nuevo en inglés sin subtitular, pero podemos hacernos una idea. En este caso voto por el acelerón. A Benny Hill le funcionó toda la vida.

American Crime Story: The People vs OJ Simpson

¿Por qué la veo? El polifacético, original y multitarea Ryan Murphy merece una categoría propia en los Emmy, con algunas de las muchas series que emite cada temporada. Así nos aseguramos de que se lleva un premio todos los años. La mitad de sus creaciones son maravillosas y la mitad restante resultan tontadas que fascinan al principio para empalagar poco después. Todas merecen que se les eche un vistazo.

¿Por qué en FF? Cada vez tiene más series en la parrilla y comienzo a tener atasco en el subgénero "serie de Ryan Murphy". Además, la historia real que recuerda American Crime Story, cabrea bastante y, a veces, dan ganas de pasar rápido a otra historia.

Resultado. Me niego a acelerar, porque sospecho desde hace tiempo que todas las series de Murphy se emiten ya a doble velocidad (Glee, Scream Queens, Nip/Tuck). Además, no merece la pena perderse un segundo de cualquier actuación de Sarah Paulson. Menos todavía cuando interpreta a un personaje como el de Marcia Clark, la fiscal del caso contra OJ Simpson que en los 90 era más impopular que el campechano acusado por intentar imponer autoridad y ser mujer al mismo tiempo, por no tener ningún touchdown en su currículum y, en especial, por no llevar un peinado bonito.

Tampoco hay que perder ni un solo detalle de la doble lectura que hace Murphy cada vez que mete con calzador al clan Kardashian en la reconstrucción de los hechos. Por un lado, hace una clara concesión a los esclavos de la cultura pop, entre los que se encuentra; por otro, incide así en los dudosos valores que fundamentan la sociedad occidental actual, con los que rodea todo el relato.

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