Anécdotas que hacen reír a nuestros médicos de familia

Desde trasplantes de cuerpo entero a emergencias (literalmente) de fontanería

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Las ilustraciones del libro corren a cargo de Laura Santolaya, <a href="https://twitter.com/p8ladas"_self">@p8choladas en Twitter</a>.
Las ilustraciones del libro corren a cargo de Laura Santolaya, @p8choladas en Twitter.

Todos los profesionales que trabajan de cara al público viven multitud de momentos curiosos: le ocurre a los camareros, a los hoteleros, a los vendedores de El Corte Inglés... Y a los médicos. Especialmente a los médicos de familia.

Fernando Fabiani (Sevilla, 1975) es doctor y también cómico, y ha aprovechado muchas de esas vivencias para elaborar un relato de cómo es el día a día en el centro de salud. Su título es Vengo sin cita. "Todo lo que aparece en el libro, las anécdotas, las vivencias... Es real", cuenta Fabiani. "Lo que está ficcionado es la forma de contarlo. Por eso el protagonista no soy yo, sino Teodoro, un personaje inventado más sarcástico de lo que soy yo".

Estas son algunas de las anécdotas que le han ocurrido en sus años de médico y que pueden encontrarse en las páginas del libro:

Trasplante total: "Hace tiempo vino a la consulta un matrimonio de ancianos porque el marido estaba hecho polvo, le dolía todo. El hombre me dijo que se encontraba tan mal que creía que iba a necesitar un transplante de cintura para arriba. La mujer, muy seria, me dijo: "Hombre, pues ya puestos, hágalo también de cintura para abajo".

La bata no hace al médico, pero casi: "Al terminar de pasar consulta en mi turno tenía que hacer una visita a domicilio a una anciana que, por lo que me contaban, estaba cada vez peor: comía poco, estaba triste... Así que cogí mi mochila y fui al domicilio. Allí me recibió una mujer que me invitó a seguirla, y empezó a llevarme por una zona de la casa completamente ruinosa: con el suelo levantado, humedades, escombros... Yo estaba pensando incluso en avisar a los servicios sociales, ¡normal que la anciana estuviera mal!

Finalmente, me llevaron a una habitación casi sin iluminar en la que no había nadie, solo más escombros. Miré a la señora tan extrañado que, finalmente, me preguntó: ¿Usted es el fontanero, no? Desde entonces, siempre que hago domicilios empiezo preguntando si han llamado al médico".

La madre escatológica: "Los pacientes se piensan que, como vemos muchas cosas, ya no tenemos escrúpulos, pero hay cosas que, de verdad, preferiríamos evitarnos. Aquí va un ejemplo: cuando estaba rotando en urgencias, una madre llegó con su niño de cuatro años porque llevaba varios días con diarrea. Le dije que, por favor, lo pusiera en la camilla y lo descubriera y, cuando me di la vuelta para ponerme los guantes, noté un olor súper desagradable. La madre había traído un tupper con una muestra de la diarrea del niño. Como si no me lo fuera a creer si no me lo enseñara".

Tratamiento imposible: "Una vez tuve un paciente que, cuando vino a revisión y le pregunté que cómo le iba el tratamiento, me respondió que bien, pero que no se lo podía tomar entero. Le pregunté que por qué, si eran solo unos sobres, y me respondió que con el primer litro podía, pero que el segundo litro era imposible. Le dije que se tomara los sobres disueltos con dos deditos de agua, y entendió dos litros".

Pensamientos en la ducha: "Al mismo llegar a la consulta una chica se sentó y lo primero que me soltó fue: 'Doctor, me acordé de usted ayer, en la ducha'. Yo me quedé cortadísimo y se hizo un silencio súper incómodo. Cuando ella se dio cuenta, matizó: 'Porque me mareé, y me acordé de los consejos que me dio usted para cuando me mareara".

23 maneras de amargarle el día a un médico

Versión publicada en Medicinajoven.com

Fabiani concluye el libro con otro clásico de Internet: los consejos para sacar de quicio a un médico de familia. Este texto es un meme que circula en diferentes versiones y que Fabiani ha reelaborado en una lista de 20 claves. Nosotros te dejamos con otra de las versiones más compartidas, la de 23 consejos:

1. Cuando llegue a la consulta abra la puerta, sin llamar, y pregunte si está apuntado en la lista.

2. En caso de que el médico tenga la suerte de tener la lista a mano y la paciencia de buscarlo, pregunte por qué aún no le han llamado, aunque llegue con media hora de adelanto.

3. Si la médico es una mujer, pregunte dónde está el médico.

4. También puede decirle a la mujer que si es ahí donde dan las citas.

5. Cada vez que la puerta se abra para que un paciente entre o salga, asome la cabeza con cara de "¿Aún no me toca?".

6. En la sala de espera critique a la Seguridad Social y a los médicos en voz alta y clara para que se le oiga desde dentro.

7. Es un puntazo decir que el sueldo de todos los que estan allí los paga usted directamente. Sobre todo no mencione que el médico paga también impuestos y a la Seguridad Social.

8. Es también muy efectivo decir que el médico anterior, ya jubilado, era mucho mejor que el actual. Y, además, le hacía todas las recetas que quería.

9. Si va a la consulta del pediatra, lleve a la abuela del niño. Si su intención no es amargarle, sino que directamente le odie, lleve a las dos abuelas.

10. Cuando entre en la consulta y le pregunten qué le pasa, diga eso de "no sé, usted es el médico".

11. Nunca vaya directo al grano: empiece desde que notó un primer síntoma, 15 años antes, aunque no tenga nada que ver con su enfermedad actual.

12. Si le preguntan si toma medicación, diga que unas pastillitas blancas, redondas.

13. Deje encima de la mesa un fajo tremendo de folios con lo que haya encontrado en Internet sobre sus síntomas.

14. Cuando vaya a revisión, diga que el tratamiento no le ha hecho absolutamente nada, aunque se le hayan ido la fiebre, la tos, la halitosis y haya encontrado novia.

15. El fonendo del pediatra, no está ahí para auscultar, sino para que el niño le arranque las orejas, con el consiguiente regocijo suyo, y de las dos abuelas.

16. Cuando su hijo desconecte el cable del ordenador, remárquele al pediatra lo avispado que está para su edad.

17. Insista en que el niño no come, aunque rebose por los dos lados de la camilla y lleve en el carro cuatro paquetes de gusanitos.

18. Su madre y su suegra saben más que el pediatra. Y al niño siempre le hacen falta vitaminas.

19. Cuando vea que el médico está a punto de despedirle, diga las palabritas mágicas: "Y de paso, ya que estoy aquí...".

20. Cuando el médico le paute un tratamiento, pregunte : "¿Y esto no será malo?"

21. Ponga siempre mala cara cuando le receten un genérico. Todo el mundo sabe que son peores que los de marca.

22. Si le pautan el medicamento de marca, más caro, ponga también mala cara. "Claro, como el que paga es el contribuyente..."

23. Cuando salga de la consulta, tras haber ocupado el tiempo de ocho personas, y del café del médico, y llevando en la mano trece hojas de remisión al especialista, diga en voz muy alta: "Nada, lo de siempre, se pasan la pelota de unos a otros".

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