¿Tiene sentido pretender que los niños lean 'El Quijote' en los colegios?

Consultamos a docentes sobre la idoneidad de introducir la novela de Cervantes en las aulas de primaria

Dibujos animados de Don Quijote

“Si Cervantes levantase la cabeza, seguro que nos contaría las aventuras del caballero en 140 caracteres en su muro de Twitter @manco_lepanto, tendría un blog llamado Ínsula Barataria y en su canal de YouTube discutiríamos, a través de comentarios, sobre si son molinos o gigantes“. Eso cree Estrella López Aguilar, profesora de Lengua y literatura en la Comunidad de Madrid. Nunca podremos saberlo, claro. Lo que es seguro, a juzgar por las opiniones de los expertos consultados para elaborar este artículo, es que el genio de las letras no tendría la ocurrencia de poner a leer a los niños el original de su obra porque solo conseguiría aburrirles como una ostra.

“Obligar a leer El Quijote en las aulas de primaria y de secundaria, sin adaptar, es una barbaridad”, señala Cristina Díaz, maestra en un colegio de Palencia. “El alumnado no entendería nada y sería frustrante y agotador para ellos. Al obligar a leer la versión original, lo único que hacemos es castigar a los lectores sin tener en cuenta uno de los mandamientos que promovemos en los colegios: hay que leer por gusto. Si un libro no te gusta, puedes dejarlo. El Quijote es un gran libro, pero ¡hay grandes adaptaciones!”.

La letra con sangre no entra

Así lo resume Toni Solano, profesor de Lengua y literatura en Castellón de la Plana. Este docente cree que en enseñanza obligatoria no hay lugar para el original. “Los niños de primaria lo viven con mucha ilusión; las aventuras son algo muy divertido. Hasta que llegan al instituto y les obligan a leer versiones originales”, apunta Solano, quien recuerda que leyó El Quijote cuando estudiaba la carrera.

“Fue cuando empecé a disfrutarlo”, señala Solano. Y eso que por aquel entonces solo había dos canales de televisión. “Hoy, con la atención dispersa que provoca el mundo de las redes y el audiovisual los niños no están en condiciones de enfrentarse a la versión original, salvo excepciones”. Díaz está de acuerdo: “Estamos acostumbrándonos al lenguaje de Twitter: corto, muy corto y resumido, muy resumido. Eso nos hace bastante vagos”.

La paradoja es que la prolijidad de recursos audiovisuales y tecnológicos que nos hacen, como señala Díaz, más perezosos, también permite acercar la obra de Cervantes. Y de qué manera. Los docentes consultados se apoyan en una gran variedad de adaptaciones y en los mil y un recursos que ofrece la tecnología: desde cortos a karaokes, libros colaborativos, telediarios o doblajes a partir de algún fragmento de dibujos animados. “Es un autor que se actualiza y pasan los siglos y la gente lo sigue viendo como muy cercano”, apunta Solano.

Uno de los ejemplos que propone Solano es el telediario que hizo con alumnos de programas de cualificación profesional inicial (PCPI, dirigidos a alumnado que se encuentra al borde del abandono escolar). “Valoraban, por un lado, la visión quijotesca de la lucha por la defensa de los débiles y las causas perdidas, algo que encajaba con su propia vivencia. Y la amistad, el vínculo que une a Don Quijote y a Sancho. Forman un tándem que les permite superar la adversidad”, señala el docente.

A los chavales de Díaz, en Palencia, les hizo mella la valentía del caballero. “No siempre nos entienden y muchas veces parecemos locos en un mundo de cuerdos, pero hay que seguir los sueños y no tener miedo a chocar mil veces pues habremos de levantarnos otras mil una. Y así, paso a paso, y aventura a aventura, con nuestros fieles amigos y familiares, iremos abriendo senda”, explica.

El KaraoQuijote de Toni Solano, de Castellón Tras la lectura de una adaptación del Quijote, montó con sus alumnos un taller de doblaje a partir de la serie de dibujos animados

¿Qué edad es buena para aterrizar en La Mancha?

“El Bachillerato es el momento apropiado, con una maleta de conocimientos previos suficientemente llena para empezar a entender e inferir esta lectura”, dice López Aguilar. “Esto no quiere decir que no se deba sobrevolar La Mancha y sus personajes desde edades tempranas. Podemos desarrollar la conciencia y expresión cultural y la competencia lingüística de nuestro alumnado a través de adaptaciones literarias de la obra”.

Díaz, por su parte, cree que “cualquier edad es buena si lo hacemos con respeto no solo por la obra sino, sobre todo, por a quién va dirigida la historia. Mi hija de dos años conoce el Quijote y sabe lo que le pasó con los molinos. Obviamente ella no lee, pero le encantan los cuentos y las historias. Y el Quijote es ¡una gran historia!”, asegura.

A los niños pequeños les gusta leer, dice Díaz, pero lo que ellos quieren, “no lo que los mayores queremos que lean. El gran reto está en hacer que lean diferentes textos y que, a todos ellos, les saquen el gusto. ¿Cómo se consigue? Leyendo con ellos, explicándoles y dramatizando las lecturas, haciéndoles parte de los cuentos. Es un proceso largo que, muchas veces, desde la escuela, nos encargamos de que no pase. Demasiado alumnado, muchas necesidades distintas, muchas obligaciones, un currículo muy amplio…”, lamenta la docente.

En el vídeo, el "Quijote sincopado", de Solano, la "traducción" del clásico a nuevos códigos como el stop motion

¿Y qué hay de los niños grandes, aquellos que quizá no nos enteramos de nada porque éramos demasiado pequeños cuando nos obligaron a leerlo? “No pienso que sea necesario estudiar un doctorado en literatura para entender a los clásicos, pero quizás los que leyeron 'El Quijote' siendo muy jóvenes deban pensar seriamente en releerlo con su nueva mochila de conocimientos y experiencias, y no solo limitarse a recordar que lo leyeron obligados cuando todavía no estaban preparados para abordarlo”, señala López Aguilar.

¿Por qué? Para abordar a Cervantes igual hay que leer antes a Dostoievski. O al menos su Diario de un escritor, donde decía, en referencia a El Quijote: "En todo el mundo no hay obra de ficción más profunda y fuerte que ésa. Hasta ahora representa la suprema y máxima expresión del pensamiento humano, la más amarga ironía que pueda formular el hombre y, si se acabase el mundo y alguien preguntase a los hombres: 'Veamos, ¿qué habéis sacado en limpio de vuestra vida y qué conclusión definitiva habéis deducido de ella?', podrían los hombres mostrar en silencio El Quijote y decir luego: 'Esta es mi conclusión sobre la vida. ¿Podríais condenarme por ella?'”.