Ponga un subjuntivo en su lápida

Inevitable leer en ellas este modo verbal

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ROB HOMER (AFR)
ROB HOMER (AFR)

Ya sabemos que los cementerios no solo se visitan para rendir homenaje a los muertos: conciertos, recitales de poesía y rutas turísticas buscando tumbas de gente ilustre son comunes ya en nuestras necrópolis. Inevitable será leer las lápidas cuando los recorramos en este mes de noviembre, e inevitable será leer en ellas... una lluvia de subjuntivos. Si hay que elegir entre indicativo y subjuntivo como candidato a modo verbal propio del camposanto, lo gótico, el Tenorio y Halloween, optemos por el subjuntivo.

“Descanse en paz” es una frase en subjuntivo, más veces leída en forma de sus siglas DEP o QEPD (que en paz descanse). Junto con ella, aparece su antepasado latino RIP, que son las siglas de “requiescat in pace” (se pronuncia “rekuiéscat in pake”). Esta frase significaba en latín ‘que descanse en paz’ y, de nuevo, también lleva el verbo en subjuntivo. DEP tradujo a RIP, y RIP, a su vez, sale del responso que se rezaba en la misa para despedir a un difunto.

No es raro, por otra parte, encontrarnos algunas variantes que enriquecen a esas fórmulas latinas, como RIPA (“requiescat in pace in aeternum”, es decir, descanse en paz por la eternidad). O AERIP (que parecen las siglas de una asociación de empresarios, pero significa: “Anima eius requiescat in pace”, o sea, que su alma descanse en paz). El cementerio español tiene a DEP y a RIP, pero en italiano e inglés, en cambio, solo hay una porque las siglas propias coinciden con las latinas (“Rest In Peace” en inglés y “Riposa In Pace” en italiano).

Antes de la expansión del cristianismo, las lápidas latinas contenían una fórmula distinta, pero que también presentaba subjuntivo: “sit tibi terra levis”, o sea, que la tierra te sea leve, que no pese la tierra sobre ti. Esta fórmula tan poética surgió en la literatura griega y se traspasó a la literatura latina; y así la encontramos, escrita normalmente en forma de sigla (STTL), en muchas de las lápidas funerarias que hay en los museos arqueológicos europeos. A veces aparecía introducida por TRPD (“te rogo praeteriens dicas”), o sea: paseante, te ruego que digas, con un “te ruego” que se dirigía al posible lector de esas lápidas, como si la lápida estableciese un diálogo imaginario con el lector que ocasionalmente se topase con ella al caminar.

Esta fórmula de la tierra leve apenas se ha usado traducida al español, si bien tenemos algún ejemplo de Lope de Vega, que la tradujo en el epitafio que redactó idealmente para la tumba de un plasta charlatán:

Un jugador que solía

(de lengua, que no de manos)

ser tahúr de cuentos vanos

y hablar sin ortografía,

muerto de hablar, no cansado,

yace en este espacio breve.

Séale la tierra leve,

aunque él fue a todos pesado.

Cuando a un verbo como vivir lo conjugamos en frases como “me gusta que vivas cerca de casa”, “no vivas tan preocupado” o “tal vez vivas feliz así” estamos usando el subjuntivo. Se trara de un modo verbal que está muy vivo pero que, curiosamente, es el que más se emplea en las placas que recuerdan a los muertos.

El de las lápidas es un uso interesante porque el subjuntivo normalmente aparece dependiendo de otro verbo, como en “no quiero que vivas aquí” o “es probable que viva cerca del trabajo”.

Cuando aparece de forma independiente puede estar en formas de cortesía con el pronombre usted (“cierre la puerta, por favor”), en imperativos negativos (“no vayas con esas pintas”) y en frases independientes entre las que son muy comunes las que expresan deseo, que técnicamente en gramática se llaman desiderativas u optativas, del tipo “ojalá llueva”, “que venga pronto”, “vivan los novios” o “que lo (o la) pases bien”. Formas muy fúnebres como “que descanse en paz”, “descanse en paz” o “que la tierra te sea leve” son en todos los casos ejemplos de esta clase de desiderativas.

Luego están las desiderativas en subjuntivo que se dicen en torno a los cementerios, aunque no se escriban tanto, del tipo “Dios lo acoja en su seno”, “en gloria esté”, “Dios te ayude” o “el cielo te oiga”. O las que podríamos añadir nosotros viendo que, en efecto, los cementerios son tierra de subjuntivos: que viva el subjuntivo y que te vaya bonito, lector.

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