Un corto cuestiona los “lujos del mileurista” y la nueva precariedad laboral

El director, Pau Rodilla, explica cómo pagamos a otros por hacer cosas a las que no llegamos por falta de tiempo

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Pau Rodilla tiene 31 años, vive en Valencia, trabaja como director de arte en una agencia de publicidad y pide con frecuencia comida a domicilio a través de Deliveroo, una compañía que se nutre de repartidores a pie o en bici. Leer este artículo, en el que se analiza cómo pagamos a otros para que hagan cosas que no podemos hacer por falta de tiempo, le hizo reflexionar sobre su forma de consumir. Entonces Rodilla decidió dirigir su primer cortometraje de ficción. ¡Hola, buenas noches! ya es finalista del festival Notodofilmfest y acumula casi 50.000 visualizaciones en YouTube en un mes.

El corto, rodado de madrugada desde el maletero de un coche, no pretende denunciar particularmente las condiciones de trabajo de los repartidores, matiza su autor a Verne por teléfono. “Va más allá, quiero mostrar cómo vivimos para sostener un tipo de consumo que nos hace creer que somos señores feudales de noche, aunque en realidad somos esclavos durante el día”, afirma. Rodilla pone como ejemplo una de las frases del artículo de Héctor G. Barnés: “El nuevo lujo del mileurista es delegar el trabajo de casa en otro trabajador aún peor pagado. Puede darse el caso de que el repartidor extenuado recurra a los servicios de un compañero para hacer aquello que no le apetece hacer en su tiempo libre porque pasa 12 horas al día dedicado a ello”.

Eso es justamente lo que ocurre en esta ficción. Un repartidor de comida a domicilio, interpretado por Carlos Vera, amigo de Rodilla, analiza su situación y la de la sociedad de consumo en el tiempo que dura un trayecto en bici ("¿En qué momento se nos ha ido tanto la cabeza que somos capaces de pedir un bocata a domicilio del bar de abajo?"). Aunque parece que el protagonista se dirige a entregar un pedido, lo cierto es que su turno ha terminado y está regresando a casa, donde ocurre “el colmo de la paradoja”, según palabras del autor.

En los tres minutos que dura el corto, el protagonista reflexiona sobre cómo se ha creado "una industria del falso tiempo libre” que nos hace creer que recuperamos ese tiempo cuando hacemos la compra por Amazon o cuando nos barre la casa un robot. “Lo han hecho tan bien que hemos llegado a creer que somos nosotros los que tenemos el control”, dice el repartidor en la pantalla. Rodilla reconoce que es el primero que está metido en esa espiral de consumo y cree que es muy difícil huir de ella: “¡Para hacer este corto busqué mochilas de Deliveroo por Amazon!”.

Otro de los temas que aborda el corto es la ascendente necesidad que sentimos de tener algo de inmediato. “Nos pasa con todo, la prueba es Amazon, sin esa demanda no existiría el servicio que te entrega lo que compras en 24 horas. También ocurre con las series, ahora es casi impensable esperar una semana para saber cómo continúa el capítulo que te dejó en vilo, con Oliver y Benji esa emoción duraba días”, dice.

Rodilla tiene clara la respuesta a una de las preguntas que lanza en su corto. “¿De verdad es una mejora tener un ejército de esbirros deambulando por la ciudad satisfaciendo los impulsivos deseos de esta sociedad enferma?”. “No”, contesta con rotundidad.

 

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