Sin aire acondicionado y con moqueta: así se sufre una ola de calor en un país frío

"Cuando se llega a los 25 grados, los suecos ya se quejan del calor”

Una joven con ventilador, en una foto tomada en Londres el 24 de julio, uno de los días más calurosos del año

En ciudades como Munich, Estocolmo y Varsovia no suele haber aire acondicionado. No suele importar, ya que no son conocidas por sus veranos infernales. Al menos hasta este año. Desde este miércoles estamos en plena ola de calor en España, con previsiones de temperaturas por encima de los 40 grados. Esta ola también hará que se alcancen cifras más elevadas de lo habitual en Francia, Alemania e Inglaterra. Además, el norte de Europa ya había pasado por otra ola de calor en julio y gran parte del continente lleva con temperaturas altas desde la primavera. ¿Se sufre más este calor en ciudades que están más preparadas para el invierno?

Estocolmo (Suecia): “Menos mal que me han traído un abanico”

Borja Herrerías tiene 25 años, es de Almería y trabaja en la embajada de España en Suecia, que está en Estocolmo: “A mí me han mentido, aquí llevamos desde mayo con tiempo superbueno”. Esta semana están con temperaturas próximas a los 30 grados “y cuando se llega a los 25, los suecos ya se quejan del calor”. Las máximas en verano suelen estar en torno a los 22 grados. Si estás pensando que los suecos son unos blandos, conviene recordar que ellos piensan lo mismo de nosotros cuando caen cuatro copos de nieve en Madrid.

Herrerías comenta que la ciudad están muy bien preparada para el frío, pero no tanto para el calor: “No hay aire acondicionado en ningún sitio. Ni en el supermercado”. Las terrazas se llenan, pero no solo porque se pueda preferir tomar una cerveza al aire libre, sino porque dentro de los bares “no se puede estar”. El transporte público tampoco está preparado para este calor: “En el andén del metro se está fresco, pero en el vagón ya no. Menos mal que me han traído un abanico”. En las casas también suele hacer mucho calor, sobre todo en los áticos “con el tejado negro de pizarra típico”.

Lo habitual es que solo haya unos días de mucho calor al año, pero este año no ha sido así. Herrerías esperaba un verano fresco, pero tiene la chaqueta guardada en el armario. Mucha gente va en pantalón corto y sandalias, “algunos sin camiseta”.

Eso no quiere decir que lo estén pasando mal: “En cuanto sale un rayo de sol, se tumban todos al césped cual lagartos, a acumular vitamina D”. También aprovechan para ir a los lagos próximos a la ciudad: “Van en kayak, se bañan, hacen pícnics… Todo menos barbacoas”. Los suecos, nos cuenta, son muy aficionados a las barbacoas, pero ahora están prohibidas por la sequía, que sí es preocupante: “Aquí no riegan el césped, porque no suele hacer falta, pero ahora está amarillo”.

Las prevenciones no son, ni mucho menos, exageradas. En julio se declararon más de 60 incendios forestales que obligaron al país a pedir ayuda internacional. Según declaraciones de un jefe de bomberos del país a The Guardian, estos incendios “probablemente serán cada vez más comunes debido a los cambios en el clima”. Otros expertos ya han advertido de la previsible mayor frecuencia de episodios extremos, como las olas de calor en países fríos, a consecuencia del cambio climático.

París (Francia): “Los asientos de metro y bus son más peluditos, que en invierno se agradecen, pero en verano no tanto”

El calor es un tema de conversación habitual estos días, cuenta a Verne Silvia Ayuso, corresponsal de EL PAÍS en París. Sobre todo para quejarse, “partiendo de la base de que los parisinos se quejan de todo”.

La ola de calor actual está afectando sobre todo a la mitad sur de Francia, pero en París llevan toda la semana con temperaturas próximas a los 34 grados, después de un mes de julio también más caluroso de lo normal. La ciudad tiene activado un plan que contempla medidas como la apertura de parques y jardines por la noche y la habilitación de algunas "salas de fresco", locales públicos con aire acondicionado pensados sobre todo para gente mayor.

“Muy pocos sitios tienen aire acondicionado, solo algunas líneas de metro lo tienen (las más turísticas), pero la mayoría no”, añade Ayuso. De hecho “y como en Alemania, los asientos de metro y bus son calurosos, hechos pensando en el frío y no en el calor”. Son estos asientos “más peluditos, que en invierno se agradecen, pero en verano no tanto”. En la ciudad hay pocas piscinas públicas “y en algunos vecindarios solo dejan entrar en días de especial calor a los residentes”. El Ayuntamiento ha tenido que recordar que bañarse en el Sena está prohibido.

En mayo, nos cuenta Ayuso, el calor se recibió con buen humor y muchos parisinos aprovecharon el buen tiempo para salir a la calle y a los parques. Sobre todo teniendo en cuenta que se venía de un invierno muy frío. Pero ahora las recomendaciones del Ayuntamiento y del Ministerio de Sanidad son las de evitar el sol y quedarse en casa con las ventanas y las cortinas cerradas.

De hecho, el Ministerio ha lanzado una campaña en medios de comunicación y en Twitter con consejos para el calor y para extremar las precauciones con las personas más vulnerables. También se está difundiendo esta información en paneles luminosos de la vía pública y se hacen llamadas telefónicas a personas mayores para recordarles estos consejos y comprobar que están bien.

Además de eso, algunos medios han recogido la situación en algunas cárceles, “que parecen hornos”. Incluso se están planteando la posibilidad de cerrar cuatro centrales nucleares que dependen del agua del río Ródano para enfriarse, lo que no puede hacerse si la temperatura del río es demasiado elevada.

Doncaster y Londres (Reino Unido): “La mayoría de casas están pensadas para el invierno y tienen moqueta”

En el Reino Unido llevan desde mayo con temperaturas superiores a las habituales. Nick Thomson, de Doncaster (a unos 50 kilómetros de Leeds), explica a Verne que han pasado por un verano muy cálido, con temperaturas cercanas a los 30 grados que podrían repetirse la semana que viene.

Admite que no es mucho en comparación con España, pero recuerda que es un calor muy húmedo y que no están tan acostumbrados. “A muchos ingleses les gusta el sol y lo disfrutan todo lo que pueden cuando sale”, pero “estas temperaturas tan altas de manera tan continuada pueden ser demasiado para algunos”. Aunque él lo está disfrutando: “Me gusta mucho el sol. Quizás porque soy medio español; mi madre es gallega”.

Para combatir el calor, algunos van a la costa (la playa más cercana a Doncaster está a una media hora en coche), pero Thomson cuenta que “si no es la playa es una barbacoa. Por lo general, no disfrutamos de este buen tiempo y cuando hace sol intentamos salir todo lo que podemos”.

Aunque muchos bares y restaurantes tienen aire acondicionado, “la mayoría de casas están pensadas para el invierno y tienen moqueta”. Algunas oficinas sin aire están alquilando aparatos portátiles para estas semanas. A Thomson también le ha llamado la atención que muchos trenes hayan tenido que suspender o retrasar su servicio hace unas semanas porque el calor había afectado a las vías, al dilatarlas y curvarlas.

Más preocupante es la sequía. Thomson cuenta que los habituales paisajes verdes “ahora se ven más amarillos”, a pesar de las lluvias del fin de semana pasado. Esta sequía está afectando a la agricultura y provocando incendios, lo que también está ocurriendo en otros países europeos como Alemania, Polonia y Suecia.

En Londres el calor se notó especialmente en el llamado "viernes del horno", el pasado 27 de julio, cuando se superaron los 30 grados en gran parte del país. Daniel Viladecans es un barcelonés de 39 años que lleva dos en la ciudad. Ese viernes y el jueves anterior han sido los dos días que ha notado realmente el calor, nos explica.

Eso sí, hay aire acondicionado en muchas oficinas y bares, aunque a veces falle en el metro. Los británicos también salen a la calle "en cuanto ven dos rayos de sol". Cuenta que es habitual que por la City, el centro financiero de la ciudad, la gente saque las cervezas y se las tome de pie en la calle, y más cuando hace mejor tiempo. "Aunque aquí la gente tiene una tolerancia importante al frío".

Munich, Alemania: “Los alemanes se quejan del calor, pero flojito. Tampoco les disgusta”

Manuel Haj-Saleh, sevillano, lleva diez años viviendo en Munich, donde están a más de 30 grados. “En verano suele haber una semana de calor, con temperaturas de entre 32 y 34 grados. Lo que sí he notado es que ha venido retrasada”. En agosto, cuenta, “ya empieza a refrescar”. Coincide en que la ciudad está mejor preparada para el frío que para el calor, aunque el aire acondicionado cada vez está más presente en comercios y transporte público. Al respecto, recuerda un verano que fue al cine en Aquisgrán, ciudad donde también vivió, “y salí completamente sudado del cine”, que no tenía aire.

Tampoco lo hay en su trabajo, a excepción de una sala de reuniones bastante grande donde suelen recibir a los clientes. Su guerra diaria consiste en intentar que bajen las persianas por las mañanas (eso lo ha conseguido) y por las tarde (aún no) a las horas a las que da el sol directamente.

Los alemanes, nos explica “se quejan del calor, pero flojito. Tampoco les disgusta”. Aprovechan para salir a las terrazas, aunque dé el sol directamente, y llenan las piscinas municipales, que estos días están llenísimas. “Parece el metro en hora punta”. La playa fluvial que hay en el río Isar también está abarrotada. Otra cosa que nos cuenta Haj-Saleh es que los muniqueses hacen mucha vida en los balcones durante el verano, con ayuda de un toldo o de una sombrilla.

Bruselas (Bélgica): “Te solían decir aquello de te has perdido el verano, que aquí dura un día”

Jesús Rubio es de Algeciras, tiene 41 años y lleva cinco viviendo en Bruselas. Nos cuenta que la ciudad está muy bien adaptada para el frío, pero no tanto para el calor: “No hay aire acondicionado ni piscinas de exterior”. Cerca de la ciudad hay lagos, “pero no te puedes bañar en ninguno”. Hay playas a unos cien kilómetros y este año hay incluso más atascos de lo habitual.

Rubio nos cuenta que el calor está siendo más continuo que años anteriores. “Otros veranos te ibas unos días de agosto a España y cuando volvías ya estaba lloviendo otra vez. Te solían decir aquello de te has perdido el verano, que aquí dura un día”.

Eso sí, este calor, con temperaturas por encima de los 30 grados, no desagrada a la mayor parte de los belgas, que están aprovechando, por ejemplo, para salir a las terrazas: “Cuando hay un poco de sol, la gente sale desconsolada a la calle”. El Institut Royal Météorologique está difundiendo mensajes de prevención para evitar problemas de salud, sobre todo en el caso de las personas mayores.

Varsovia (Polonia): “Algunos dicen que nos van a robar el turismo”

Desde abril ya hace más calor de lo normal en Varsovia, con temperaturas que por aquel entonces “podían estar en torno a los 27 o 28 grados”, como explican a Verne desde la embajada de España en Polonia. No nada habitual teniendo en cuenta “que en abril incluso nieva”.

Esta semana hace más calor del habitual, con temperaturas por encima de los 30 grados. El país está en alerta roja para los próximos días, pero desde la embajada nos recuerdan que el verano en Polonia suele ser más caluroso de lo que se piensa y que las temperaturas no han sido extremas.

La gente lo lleva bien: desde la primavera “nos comentan en broma que hace más calor que en España y que nos hemos intercambiado el clima. Algunos dicen que nos van a robar el turismo”.

Lo que sí preocupa en Polonia es la sequía: según la Polish Press Agency, el gobierno ha puesto en marcha un plan de ayuda para los agricultores. Hasta un 63% de la tierra cultivable se habría visto afectada.