5 mexicanos cuentan cómo el terremoto los dejó sin casa

Sus edificios no colapsaron pero ya no son habitables, y aun así se han tomado el tiempo para ayudar

Miles de mexicanos han sido desplazados de sus hogares a causa de los sismos del 7 y 19 de septiembre. Aún no existe una cifra oficial. Solo en la Ciudad de México se han examinado más de 7.649 inmuebles, de los cuales 1.000 no están en condiciones de ser habitados, según el jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera. El jefe delegacional de Cuauhtémoc, Ricardo Monreal, ha dicho que hay al menos 50 edificios en riesgo de colapso en esa delegación. 

De muchos otros se sabe que no van a desplomarse, pero presentan daños que necesitan ser reparados para volver a servir como refugios seguros.

Cinco mexicanos que han tenido que dejar sus casas en la capital del país cuentan a Verne sus experiencias y sentimientos de los últimos días. A pesar de estar en una situación complicada, muchos han encontrado tiempo para sumarse a la ayuda.

Amanda Jacobson, 'coach' de empresarios, 26 años

Mi departamento está destruido: se han caído partes del techo, hay vidrios rotos, cosas que se cayeron de los estantes y muros que tienen huecos. Estoy buscando un nuevo lugar después de dos años de vivir ahí con dos compañeros. Ahora estoy en la Narvarte con una amiga. En general los amigos han sido increíbles: nos han ayudado un montón.

Cortesía

Todos los inquilinos tenemos que dejar el edificio, que está frente al Parque México. Los arquitectos dijeron que no se va a derrumbar, pero hay partes de las paredes y los techos que siguen cayendo. Tengo que ponerme el casco para entrar. Nos dijeron que no podemos sacar muebles, solo ropa y cosas personales. Yo estoy muy contenta de poder recuperar aunque sea eso. Soy de Los Ángeles y no tenía muchas cosas aquí. No es una gran pérdida.

Hay tanta gente en la calle ayudando que no sabíamos qué podíamos hacer, así que nos encargamos de cuidar al portero y a su familia. Nos dijeron que se sentían invisibles: no sabían que había ayuda. Les conseguimos cobijas y una tienda de campaña donde dormir, y les ayudamos a sacar medicina de los centros de acopio.

Me siento demasiado afortunada de que yo y todos mis amigos estemos sanos y salvos. Los primeros dos días sentí que me empujaba la adrenalina de la situación y solo quería salir a apoyar a otros. Pero cuando traté de regresar a la normalidad y trabajar, me pegó todo muy fuerte. Han sido días muy intensos y emocionales.

Eduardo Castañeda, comunicador, 46 años

Mi familia y yo perdimos nuestra casa y dos mascotas después de los terremotos del 7 y el 19 de septiembre. Nuestros dos gatos murieron al caer desde el departamento en un sexto piso: uno en cada sismo. El edificio en la colonia Condesa sigue en pie, pero después de haber sido evaluado por los peritos la recomendación es no habitarlo hasta que sea apuntalado. Varios inquilinos ya no regresaremos ahí. En cuanto podamos haremos la mudanza completa.

Mi esposa, mis dos hijas y yo nos estamos quedando en casa de una amiga de la familia en la colonia Roma. A partir de la semana próxima nos prestarán un pequeño estudio en la Escandón, que normalmente se renta a través de Airbnb. Este es propiedad de una madre del colegio de las niñas, que nos lo ofreció en préstamo hasta que encontremos un nuevo departamento.

Hemos intentado ayudar a otros como hemos podido. El primer día llevamos despensas a la Cruz Roja de Polanco y sándwiches para los brigadistas, y mi esposa estuvo coordinando el envío de víveres a otros Estados. Pero la prioridad ahora es encontrar un nuevo lugar para vivir.

La pérdida de nuestra segunda gata, Cora, ha sido muy triste para mis hijas. Al principio no la encontrábamos, porque no estábamos en casa cuando tembló. El concerje nos dijo que alguien la había recogido de la banqueta viva, aunque muy lastimada. Al día siguiente salimos a poner avisos en la zona y pronto nos llamó una chica. Desde que le oí la voz supe que no había sobrevivido. Les dije a mis hijas y estuvimos todos llorando un rato.

Ana Mancilla, actriz, 26 años

Según varias brigadas de ingenieros y de Protección Civil, mi edificio fue uno de los más dañados de la colonia Narvarte. No se cayó pero tiene muchos daños: se inclinó y se recargó en el edificio de al lado. No se puede habitar. Como la estructura de ese edificio está completamente fracturada, los dos fueron declarados pérdida total por las autoridades.

Nos dijeron que sacáramos nuestras cosas lo antes posible con extremo cuidado: solo pueden estar dos personas a la vez en el edificio. El primer día saqué varias maletas. Pasó un flete que en ese momento estaba circulando en la zona y ellos nos ayudaron a sacar cosas y transportarlas. Repartí todo en casas de amigos y familiares. Por el momento me quedo en casa de mi mamá, en Coyoacán, y voy a esperar un poco para empezar a buscar otro departamento.

El primer día después del temblor no sabía qué tan grave era la situación en mi casa. Estuve recolectando cosas para llevar a uno de los edificios que colapsaron, a dos cuadras de mi edificio: llevé cubetas, agua, lámparas, pilas. A partir del día siguiente ya no puede hacer mucho porque he estado al pendiente de mi situación.

Conforme pasan los días voy tomando conciencia de lo que pasó. Me siento muy cansada física y mentalmente. No es tanto la casa como espacio físico o material, sino las sensaciones de inestabilidad e incertidumbre las que entristecen y cansan. A pesar de que considero que dentro de los afectados soy de las más afortunadas, me doy cuenta de lo nuevo, grave y sorpresivo de todo esto.

Leopoldo Villaseñor, empresario, 28 años

Mi departamento está en un noveno piso en la Roma sur. El edificio es de 1984 y está muy afectado por dentro. Hay muros caídos y las escaleras están peladas: casi se quedaron en varilla. Protección Civil nos comenta que no es habitable. De los 12 pilotes que lo sostienen hay uno fracturado. No se va a caer pero es muy peligroso vivir ahí.

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Ya cortaron todos los servicios: luz, agua y gas. Yo no soy propietario, pero los que sí están muy afectados y quieren que lo arreglen. Los bomberos dicen que no es posible hasta que se haga un examen estructural. Me dijeron que había un riesgo fuerte de subir a mi departamento. No podían estar más de cinco personas adentro al mismo tiempo.

Yo estaba desesperado. Le pedí a cuatro amigos que me ayudaran a recoger algunas cosas. Por ahora solo pude sacar mochilas de ropa y unas antigüedades que pertenecieron a mi familia. No puedo sacar muebles porque las escaleras están dañadas y los elevadores apagados.

Mis emociones van del miedo a la frustración por no saber qué pasará. Tener que buscar hogar e intentar salvar lo que se pueda me tiene triste, pero con el apoyo de amigos y familia ha sido más fácil digerir toda la situación.

Arturo Villegas, brigadista de servicios urbanos, 48 años

Vivo con mi mamá, que tiene tiene 88 años: solo somos los dos. Ella es pensionada de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes y gracias a eso pudo comprar la casa a 25 años. La mayoría de los propietarios en nuestro edificio son personas de la tercera edad que compraron su departamento cuando eran jóvenes.

Estamos en la exhacienda Coapa, al sur de la ciudad. Todavía no sabemos si el edificio se va a derribar. Hasta ahora se ha hecho solo un reporte preliminar, necesitamos que hagan un dictamen más a fondo. Hay una posibilidad de desmantelar toda la parte afectada y volverla a construir.

Mientras tanto, mi mamá se está quedando con una hermana y yo con amigos o conocidos. Algunas personas que conozco se han quedado en albergues y hay quienes prefieren quedarse en sus coches. Yo trabajo como brigadista de servicios urbanos en Tlalpan, y estos días hemos estado apoyando en el edificio derrumbado de Ciudad Jardín.