Torturas, gripes y pajaritos: lo español fuera de España

El adjetivo "español" está en muchas expresiones fuera de nuestra lengua

Soraya Montenegro (interpretada por Itatí Cantoral) llora en español, aludiendo al carácter dramático del llanto.

Comerse una ensaladilla rusa, hacer una tortilla francesa, usar una llave inglesa o ponerse una americana, que las cosas suenen a chino, tener un perfil griego, hacerse el sueco, despedirse a la francesa, votar una aprobación a la búlgara... En español ponemos marca de nacionalidad a cosas y hechos determinados, no solo referidas a comidas o expresiones culturales propias de un lugar. Si buscamos a la inversa, ¿cuándo y para qué se usa España y lo español en otras lenguas?

El adjetivo "español" y el nombre de España están en muchas expresiones fuera de nuestra lengua, algunas son propias de un idioma concreto y otras son compartidas por varios, posiblemente porque han circulado traduciéndose de una lengua a otra.

Un grupo muy curioso de locuciones se refiere al español como lengua, lo que trasciende incluso a la propia marca España como país. Tenemos, por una parte, algunas lenguas para las que el español se relaciona con lo incomprensible o lo extraño.

Así, en eslovaco decir que algo es para ti "un pueblo español" (To je pre mňa španielska dedina) es lo mismo que declarar que te suena incomprensible y lo mismo ocurre en checo (španělská vesnice), lengua de la que, según parece, emanó esta expresión por sugerencia del literato Goethe.

Algo parecido ocurre en alemán, donde si algo te suena raro o poco fiable es que "me suena a español" (das kommt mir spanisch vor). En francés tampoco salimos bien parados, porque "hablar como una vaca española" (parler comme une vache espagnole) es hablar francés muy mal.

Basta cruzar el Atlántico para encontrar un tópico distinto, casi opuesto; en Estados Unidos, sobre todo en el ámbito viral de los memes y el humor que circula en redes sociales, se dice de alguien que "llora en español" si se quiere aludir al carácter dramático, exagerado con que se lamenta; y a "hablar en español" se atribuye todo tipo de capacidades de seducción irresistible asociadas al estereotipo del latin lover.

Adjetivos inmerecidos

Un segundo grupo apunta a hechos y cosas que se acompañan del adjetivo español, la mayoría de ellos negativos y en buena medida inmerecidos. Quizá la más injusta de las calificaciones es la de gripe española, que se especifica así en varias lenguas (en inglés: Spanish flu; en eslovaco: španielska chrípka; en portugués gripe espanhola; en alemán: Spanische Grippe...).

Estas expresiones hacen alusión a la pandemia de gripe de 1918, que mató a 40 millones de personas (entre ellas, a Gustav Klimt) y que no fue en absoluto de origen ni de difusión española.

A España se le colocó esa fea atribución global porque fueron los medios de nuestro país los que más se hicieron eco de los devastadores efectos de esta enfermedad. Mientras, otros medios internacionales ocupaban sus páginas en la Primera Guerra Mundial y censuraban los informes sobre los efectos de la gripe en sus habitantes para no dar impresión de debilidad a los enemigos. España, que no participó en esa guerra, dejó circular informativamente los problemas de esa gripe y lo pagó con su marca.

Otro concepto negativo acompañado del adjetivo español aparece en francés, donde decir que un sitio parece "el albergue español" (l'auberge espagnole) es calificarlo de desorganizado. Una película francesa de Cédric Klapisch de 2002, sobre un caótico piso de estudiantes europeos que pasan su año de beca Erasmus en Barcelona, se titula así. En España se tradujo como Una casa de locos.

Cartel de la película 'Una casa de locos', cuyo título original era 'El albergue español'

Dentro del repertorio de elementos negativos figura también todo lo que tiene que ver con la Inquisición, horizonte constante de la leyenda negra española, que, aunque rebatida historiográficamente, sigue pululando en forma de tópico en otras lenguas.

Por ejemplo, algunos elementos de tortura usados por la Inquisición se nombran fuera de España con el apellido español. Así, la bota era una forma de suplicio basada en meter la pierna del interrogado en un calzado alto y, simplificando mucho, machacarle los huesos. Eso se llama en eslovaco "bota española" (španielska čižma).

El Spanish tickler del inglés o "cosquilleo español" era otro instrumento de tortura inquisitorial. Y hay algunos ejemplos más: el más divertido corresponde a la frase "nadie espera a la Inquisición española", que se usa en inglés (sobre todo en un meme) para aludir a la severa e insospechada visita de un amenazante supervisor. La frase deriva de un conocido episodio de los Monty Python:

El jinete español

Otros inventos ligados a lo español son menos sórdidos: en las antiguas batallas, para defender un lugar se clavaban en el suelo piedras puntiagudas, de forma que los caballos tuvieran difícil el acceso y los jinetes hubieran de hacer el recorrido más escarpado a pie. Esto se observa ya en murallas de época prerromana de zona céltica e ibérica y se ha llamado "jinete español" en alemán (spanischer Reiter) y en eslovaco (španielsky jazdec).

Para que veamos cómo se cruzan denominaciones, cabe decir que en español esto lo llamamos campos de piedras hincadas o caballo de Frisia, o sea, que no nos atribuimos la invención y se la adjudicamos a una zona de los Países Bajos. Más irreal es lo que pasa con los castillos españoles en francés: hacer castillos en España (faire des châteaux en Espagne) significa en el idioma vecino "hacer castillos en el aire".

También son españolas algunas realidades más o menos pintorescas. En alemán se habla de Spanische Fliege o mosca española para un tipo de insecto, y también se hace español al biombo, que es llamado "pared española" (Spanische Wand), al igual que ocurre en eslovaco (španielska stena).

En España hemos traído la palabra biombo desde el portugués, que a su vez importó la palabra desde el japonés, pero en las dos citadas lenguas se liga ese invento asiático con España, cuyos galeones seguramente trajeron desde Manila el invento.

Por último, está la comida. No nos sorprende que el aceite de oliva andaluz sea llamado fuera de España aceite español (o, incluso, tristemente, aceite italiano); lo llamativo es que en Alemania se hable de un spanischer Paprika o pimentón español; que en italiano llamen spagnola a una receta de helado con guindas que en España no consumimos habitualmente o que en checo y eslovaco hablen de "pajarito español" (španělský ptáček y španielsky vtáčik, respectivamente) a una receta de rollo de carne relleno de verduras.

En general, en España no somos conscientes de qué cosas resultan españolas a los ojos de los demás: suelen ser elementos llamativos, exóticos o basados en estereotipos. Puede ser que nos enfademos por algunas atribuciones, pero siempre podemos, como ofendidos, mandar estas expresiones foráneas al quinto pinto... cosa que, por cierto, en alemán se dice "mandar a alguien a la Pampa" (jemanden in die Pampa schicken).