La historia del robo de Sex. com, el dominio que llegó a ingresar 100 millones de dólares

La batalla legal por esa dirección web se convertirá en una serie

Así se veía Sex.com en 1996, según una captura de Wayback Machine

La historia de Sex.com se va a convertir en una serie. La web en sí nunca fue gran cosa: un puñado de banners carísimos y, ahora, también vídeos y fotos pornográficas. Pero la batalla por el dominio, narrada por David Kushner en su libro The Players Ball, es la historia de dos personajes obsesivos y pioneros, en la que además hay sexo (casi todo en pantallas), algunas drogas y, sobre todo, muchísimo dinero.

Los dominios son los solares de internet

A principios de los 90, Gary Kremen y su socio Peng Ong estaban intentando sacar adelante Match.com, la primera web de citas de la historia. Pero Kremen no solo quería abrir una página de citas, sino que también quería trasladar el negocio de los anuncios clasificados a internet. Si funcionaba Match.com, después vendrían los empleos, las viviendas, los coches usados…

Siguiendo esta idea, Kremen comenzó a registrar dominios como Jobs.com, Housing.com, Autos.com y, el 9 de mayo de 1994 y sin tener ni idea de si alguna vez le serviría para algo, Sex.com. Para Kremen, estas direcciones eran como solares: algún día podría construir su negocio sobre ellas o venderlos para que alguien lo hiciera.

Registrar los dominios era además gratis en esos años: bastaba enviar una carta a la que entonces era la única empresa encargada de registrar dominios en Estados Unidos, Network Solutions, Inc (NSI).

Kremen lanzó Match.com en 1995, apenas un año después de que comenzaran servicios ya masivos como Amazon y Yahoo!, además del navegador Netscape. A mediados de octubre, en un repaso rutinario a sus “solares”, se dio cuenta de una cosa: un tal Stephen Michael Cohen se había quedado con Sex.com.

El hombre que ganaba dinero en internet en 1979

Cohen, que por entonces tenía 47 años, había llegado a internet ya en 1979. Ese año abrió una BBS, un sistema de tablón de anuncios para redes de ordenadores en los que los usuarios podían publicar y responder a mensajes públicos. Su objetivo era lanzar una especie de sociedad para el amor libre y la llamó French Connection BBS. Al contrario de la mayoría de BBS, esta era de pago y ofrecía diferentes foros para diferentes aficiones sexuales. Como apunta Kushner en su libro, Cohen había logrado algo que hoy en día sigue pareciendo muy difícil: que la gente gastara dinero en internet.

Pero ese no fue su único negocio: abrió una tienda de licores, una empresa para compartir ordenadores, se hizo con una licencia de detective privado, se hizo pasar por abogado, abrió un club de intercambio de parejas y, poco después de casarse por cuarta vez, en 1991, fue condenado por fraude y pasó tres años y medio en la cárcel.

Al salir, se encontró con que internet se estaba convirtiendo en algo mucho más potente que las BBS y pensó que podía relanzar algo parecido a su French Connection. Buscando ideas para su web, tecleó la dirección de Sex.com, la obvia para alguien en busca de sexo. Cuando vio que estaba vacía y, por tanto, desaprovechadísima, envió una carta falsificada a la NSI, asegurando que la empresa de Kremen renunciaba al dominio porque en realidad era de Cohen. Su argumento: en su BBS ya había un grupo llamado Sex Communication, es decir, Sex.com.

Cuando Kremen se dio cuenta de lo que había ocurrido, buscó el teléfono de Cohen y le llamó. La conversación acabó a gritos y con insultos. Fue la primera de las muchas que mantuvieron a lo largo de los años, en las que se gritaban y, aunque parezca raro, también se daban consejo y compartían experiencias.

El salvaje oeste del internet de los 90

Hoy en día todos tenemos clarísimo que un dominio puede valer mucho dinero, pero en ese momento no era tan evidente y había quien creía que internet solo era una moda pasajera. En su libro, Kushner cuenta cómo un periodista de Wired compró mcdonalds.com precisamente para ilustrar un artículo sobre el valor de los dominios. Cuando llamó a la empresa de restauración, un portavoz le preguntó si internet era algo importante. Finalmente, el periodista cedió el dominio a la compañía a cambio de una donación de 3.500 dólares a una escuela pública de Brooklyn.

EL PAÍS hablaba en 1999 de ciberokupas: gente que se hacía con dominios de empresas despistadas. “Un ciberokupa tunecino, de 26 años, ha registrado a su nombre la página www.repsol-ypf.com, y ahora escucha ofertas de la compañía”, contaba el periódico. Le había costado 35 dólares y confesaba al diario pedir solo 1.000 dólares. El texto del diario apuntaba que quizás era una estratagema para ocultar sus verdaderas intenciones, teniendo en cuenta que por aquella época otro ciberokupa pedía 150 millones de pesetas (unos 900.000 euros) por Exxon-mobil.com.

En 1999 el Senado estadounidense ya discutía un proyecto de ley para proteger a marcas y personas, pero hasta entonces el primero que llegaba se quedaba con el dominio.

En España, RedIris sí comprobaba que quien pedía una URL era el poseedor de la marca, pero solo servía para los punto es. Y eso había hecho que muchas empresas españolas se confiaran y se olvidaran de las direcciones punto com. En aquella época, telefonica.com pertenecía a una pequeña empresa neoyorquina que decía que el dominio no estaba en venta (aunque en la actualidad ya es propiedad de la multinacional española).

En resumen, poca gente se preocupaba por los dominios. A pesar de que podían valer (y proporcionar) mucho dinero.

Una web llena de banners

Mientras Kremen intentaba sacar adelante Match.com y se peleaba con la NSI para recuperar su dominio, Cohen comenzó a sacarle dinero a Sex.com. Y pronto supo cómo: la ya desaparecida revista HotWired (propiedad de Wired) había publicado en 1994 su primer banner publicitario.

El primer banner era un anuncio de AT&T en Hotwired. Según recoge The Atlantic, pinchó un 44% de la gente que lo vio

Aunque hay escépticos que dudan acerca del alcance de la publicidad, los banners de Sex.com en los 90 fueron un claro caso de éxito. La web era la página de entrada a recién llegados a internet que no sabían dónde buscar porno. Y estos usuarios novatos eran también los más predispuestos a suscribirse a los servicios de las páginas en las que pinchaban. Es decir, los banners de Sex.com se convirtieron en un negocio cotizadísimo.

Un anuncio en la web podía costar a partir de 50.000 dólares, con empresas, cuenta Kushner, que se dejaban un millón cada mes. Según publicaba Wired en 1999, había analistas que estimaban que Sex.com ingresaba 100 millones de dólares al año y recibía más de 140 millones de visitas al mes.

Y Kremen no veía ni un centavo. Match.com también empezó a cobrar a sus usuarios (7,95 dólares al mes) en 1996, pero no llegaba a estas cifras ni de lejos. Además, el fundador y CEO no se llevaba bien con el consejo de administración, y ese mismo año le echaron de la empresa.

Kremen aprovechó no solo para dedicarse a financiar start-ups, sino, sobre todo, a la que se convertiría su obsesión durante los siguientes años: recuperar Sex.com.

Dos años de juicios

Hacerse de nuevo con Sex.com no fue fácil. Para empezar, la NSI se desentendió y afirmó que era algo que debían resolver las dos partes.

En 1998, Kremen demandó a Cohen, que se dedicó a crear empresas y a mover su dinero a cuentas de otros países. Como explicaba el artículo citado de Wired, Cohen aseguró haber vendido el dominio a una empresa de Tijuana, propiedad a su vez de otra sociedad de las Islas Vírgenes, que supuestamente habría contratado a Cohen para llevar el negocio.

En noviembre del año 2000, el tribunal falló a favor de Kremen, devolviéndole el dominio y ordenando a Cohen a indemnizarle con 65 millones de dólares. Kushner recuerda que se trató de un momento fundamental en la historia de internet, al reconocer que un dominio era una propiedad como cualquier otra y también debía ser protegida.

Pero Cohen aseguró que no tenía esa cantidad de dinero y se escondió en México.

El Google del porno

Mientras, Kremen quiso ponerse con su proyecto de “limpiar” Sex.com y convertirlo en una especie de “Google del porno”. Lo hizo en parte: a costa de ingresar la mitad que en los tiempos de Cohen, quitó todas las referencias a prácticas que pudieran ir contra la ley, como zoofilia e incesto, y se aseguró de que todas las modelos eran mayores de 18 años. Como contaba Wired en 2003, por aquel entonces se empezó a notar aún más la piratería, por culpa de servicios de descarga como Kazaa.

Le costó un poco más limpiar su vida personal, al agravarse su problema con las drogas, que había comenzado durante el juicio. Fue una presencia habitual en fiestas de empresarios de la pornografía, acudió al Players Ball que da título al libro de Kushner (una fiesta en Las Vegas que “homenajea” las fiestas de proxenetas del Chicago de los años 70), y tuvo una relación con la actriz de cine para adultos Kym Wilde. En contra de lo que uno podría pensar, Kushner da a entender que ella era la más sensata de los dos. “Hay que tener una estrella del porno en plantilla -dijo Kremen a Wired-. Es parte de la imagen”.

En 2003, cuando dejó las drogas, Kremen seguía intentando cobrar los 65 millones de dólares que le debía Cohen, pero apenas se había hecho con algunas propiedades, incluyendo dominios como 4fuck.net. Aun así, le llegó otra buena noticia judicial: el tribunal de San Francisco consideró que la NSI no había cumplido con sus obligaciones. La compañía acordó con él una indemnización de 15 millones de dólares, a pesar de que hasta entonces aducía que su única función era "mantener una base de datos", como recogía EL PAÍS.

De la cárcel a la Wikipedia

Cohen fue arrestado en octubre de 2005 por un error de novato: fue en persona a renovar su permiso de trabajo en México en la oficina de la frontera, donde le esperaba un agente estadounidense.

Pasó 14 meses en la cárcel y durante todos los interrogatorios mantuvo su versión de que no le quedaba nada de dinero y que su única cuenta tenía un saldo negativo de 90 pesos, como recogía Associated Press, muy lejos de los 82 millones de dólares que debía, intereses incluidos.

En diciembre, el juez ordenó la puesta en libertad de Cohen, aduciendo que Kremen no había sido capaz de localizar cuentas o activos ocultos. “Bajo estas circunstancias, el único propósito del encarcelamiento de Cohen sería punitivo, un propósito no permisible en el caso de sanciones civiles”.

Adiós al sexo

Antes, en enero de ese mismo año, en enero de 2006, Kremen decidió quitarse de encima Sex.com y vendió el dominio por 12 millones de dólares en efectivo y 2 millones en acciones a una empresa que se dedicaba, justamente, a la compraventa de dominios. En su momento fue la mayor cantidad pagada por una URL.

Kremen sigue financiando start-ups. A lo largo de los años también vendió Computers.com y Sex.net por alrededor de 500.000 dólares cada una.

Una de las primeras cosas que Cohen hizo cuando salió de la cárcel fue editar las entradas de la Wikipedia relacionadas con el caso, como explicaba en su blog el periodista Kieran McCarthy, que por entonces estaba trabajando en un libro sobre el tema, publicado en 2007. En el caso de Sex.com, Cohen borró el texto de la entrada y puso: “Toda esta historia no es más que una gilipollez y se ha ordenado su borrado”.

Actualmente, Cohen vive en México, donde vende medicamentos online. Sobre todo Viagra y Cialis.

La empresa propietaria de Sex.com quebró. El dominio se vendió en 2010 a otra compañía por 13 millones de dólares. Ahora no solo hay banners. También hay fotos y vídeos.

Dos webs ha superado el récord de Sex.com. La empresa china de tecnología Qihoo pagó 17 millones de dólares por 360.com en 2016. Y en mayo de este año la tecnológica Block.one pagó 30 millones de dólares por Voice.com, una red social en fase de pruebas. En el top 10 hay otras dos URL pornográficas: Porn.com (vendida en 2007 por 9,5 millones de dólares) y Porno.com (8,8 millones en 2010).