Gafas, relojes o quedarse quieto: 'troleadas' en los museos de arte moderno

Un joven de San Francisco coloca sus gafas en el suelo del Moma y atrae atención de visitantes

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Algunas obras tienen la capacidad de generar el eterno debate sobre qué es y qué no es el arte, aliñado con el típico "esto lo hace mejor un niño de tres años". El joven de 17 años TJ Khayatan visitó el museo Moma de San Francisco, tuvo la consabida charla con sus amigos y decidió poner unas gafas en el suelo, como si fuesen parte de la exposición.

Me parto. Hemos puesto las gafas en el suelo en la galería de arte y la gente...

En cuestión de segundos, aseguró a BuzzFeed, la gente se acercó a verlas y a fotografiarlas. El tuit que publicó el martes 24 de mayo en el que cuenta su broma lleva más de 48.000 retuits y 52.000 favoritos en dos días. 

Según explicó Khayatan fue al museo con sus amigos y al llegar, se quedaron bastante impactados con las obras y el espacio. Después, sin embargo, algunos trabajos expuestos dejaron de impresionarles. "Nos encontramos con un animal disecado sobre una manta y nos preguntamos si de verdad le resultaba interesante al resto de la gente", contó.

Así es como decidieron poner las gafas en el suelo para ver la reacción del público. Instantes después había un corrillo alrededor y gente haciendo fotos. Probaron a hacer lo mismo con otros objetos, como una gorra, pero no funcionó igual de bien.

La idea del joven no es del todo original. Como contaba la edición estadounidense del Huffington Post en 2012, desde que Marcel Duchamp colgó un urinario en una galería, algunos bromistas, entre ellos artistas, han utilizado estos experimentos para reabrir el perenne debate sobre el arte de tanto en tanto. Es el caso del dúo cómico que se hizo pasar por una performance simplemente quedándose de pie en una galería de arte londinense.

Hace un año, en abril de 2015, un hombre hizo una prueba muy parecida a la de JT Khayatan cuando colocó unas gafas de sol y un reloj en un rincón en una exposición en el DMA, el Museo de Arte de Dallas. El tuit en el que lo contó se compartió casi 50.000 veces y le gustó a más de 75.000 usuarios.

También en 2015 unos humoristas holandeses, LifeHunters, le tomaron el pelo a expertos en arte en el Museo de Arte Moderno de Arnhem. Les pidieron su opinión sobre un cuadro de Ikea de nueve euros. Uno de ellos no dudó en decir que pagaría hasta dos millones y medio de euros por la pieza.

No es extraño que algunos trabajadores de estos centros de arte también hayan cometido errores. Hace unos meses, una limpiadora de un museo italiano tiró a la basura una instalación que confundió con los restos de una fiesta. Hace cuatro años, en uno de Alemania otra limpiadora dañó una obra de arte -valorada en 800.000 euros- al fregarla porque pensaba que estaba sucia, como ya le había pasado a otro limpiador en una obra que consistía en una bañera sucia, años atrás, en la Academia de Buen Arte de Düsseldorf.

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