¿Sirve para algo la jornada de reflexión en tiempos de Twitter?

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John Hamm reflexionando en 'Mad Men'
John Hamm reflexionando en 'Mad Men'

Durante la jornada de reflexión no se puede hacer propaganda electoral ni pedir el voto. Según la legislación vigente, a partir de "las cero horas del día inmediatamente anterior a la votación", los partidos nos deberían dejar descansar para que pudiéramos evaluar con tranquilidad a quién vamos a votar el domingo. 

Pero hoy en día la comunicación política no es solo cosa de mítines y medios de comunicación tradicionales, sino que también nos llegan continuamente todo tipo de mensajes al móvil a través de las redes sociales. De hecho, los partidos acostumbran a bajar el tono en redes, pero no dejan de compartir imágenes y mensajes políticos. ¿Tiene sentido mantener la jornada de reflexión en este contexto? “No -contesta Jorge Galindo, investigador del Departamento de Sociología de la Universidad de Ginebra y editor de Politikon-. No suelo dar respuestas tan tajantes. Intentaré matizar mi punto de vista”.

Público y privado: una separación artificial

La situación no está bien definida no solo porque sea compleja, sino también porque ningún partido consideró necesario adaptar la ley electoral a las nuevas tecnologías cuando se llevó a cabo la reforma de 2010. Y en opinión de Galindo, tanto la jornada de descanso como los cinco días sin encuestas no tienen sentido en un contexto en el que se está difuminando la barrera entre la esfera pública y la privada.

“El ejemplo más claro es Twitter”, explica. Lo usamos como si estuviéramos en la barra de un bar, pero para la ley es un medio de comunicación a todos los efectos, por lo que cualquiera podría denunciar ante la junta electoral a un usuario de la red que pidiera el voto. “¿Pero qué diferencia hay entre pedir el voto en Twitter o hacerlo subido a un banco?”.

La jornada de reflexión es “anacrónica y pretenciosa”, coincide el analista político Antoni Gutiérrez-Rubí. “Es irreal, no se corresponde a la vida moderna. Es una medida absurda que intenta crear fronteras artificiales”.

Por ejemplo, las conversaciones privadas quedan (obviamente) fuera de la legislación, pero no es tan fácil hacer la distinción entre un mismo mensaje en Twitter y en Whatsapp, con toda la capacidad que tiene este programa de mensajería, en teoría privado, para difundir y compartir contenidos.

Una concepción paternalista

Galindo tampoco sería favorable a la jornada de reflexión incluso aunque las redes sociales no tuvieran la presencia que tienen actualmente. “La idea parte del supuesto extraño de que es malo que alguien elija su voto por influencia de partidos o de encuestas”. Pero eso ni es negativo ni se puede evitar: “Somos seres sociales. Nos dejamos influir e influimos a los demás. Es la esencia de la política”.

Como añade Gutiérrez-Rubí, la jornada de reflexión presupone de una forma paternalista que “la reflexión ha de ser en silencio, cuando mucha gente reflexiona conversando con los demás”, ya sea en persona o en redes sociales.

Además de todo esto, según muchos expertos, la mayoría de los ciudadanos llega al sábado con el voto decidido y no necesita esa pausa. La jornada de reflexión, por cierto, no es una tradición universal. Tal y como recogía El País hace cuatro años, existe en países como Francia y Portugal, pero no en Estados Unidos, Alemania y Reino Unido.

Encuestas en clave

En opinión de Rubí, la jornada de reflexión solo es una de las cosas que habría que replantear de la legislación electoral. Otro punto que en esta campaña se está poniendo en cuestión en las redes sociales es el hecho de que no se puedan publicar encuestas cinco días antes de las elecciones.

De hecho, ya no son solo algunos periódicos los que esquivan la ley, enlazando en su web a encuestas publicadas en ediciones del extranjero, como El Periódico de Catalunya con su edición andorrana. También lo hace Electrograph en Twitter, recogiendo estos sondeos con tuits en los que se refiere a los partidos en clave, con imágenes de frutas y con los porcentajes de voto expresados como precios. “Es una manera de hacer ver de una manera divertida que la sociedad es más avanzada que ciertas leyes”, explicaban a Verne.

Según Rubí, la normativa “crea artificialmente limitaciones que no se corresponden con la realidad y esto hace que la legislación no sea efectiva”. En este sentido, Galindo opina que no hay voluntad por parte de la Junta Electoral Central de perseguir tuits como estos, con o sin mensajes en clave. En cambio y por ejemplo, “si se tratara de una apología del terrorismo encubierta con frutitas, sí se perseguiría”.

En definitiva, la jornada de reflexión está quedando como una mera tradición, un formalismo que, como dice Gutiérrez-Rubí, “se está viendo superado en estas elecciones y se verá superado el sábado”.

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