Cosas que aprendí viajando sola

Quieres viajar sola pero no lo has hecho nunca y te da miedo. Si te falta un empujoncito, estos consejos pueden ayudarte a dar el paso

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 A solas con los pensamientos en el castillo de Eilean Donan, Escocia. Octubre de 2013
A solas con los pensamientos en el castillo de Eilean Donan, Escocia. Octubre de 2013

Recibo muchos correos electrónicos de mujeres que quieren viajar solas pero que no se atreven porque les asaltan interrogantes para los que no tienen respuesta. Y me preguntan qué hacer. Yo también los tuve, y los sigo teniendo. Viajé sola por primera vez a los 20 años y, ahora, con 31, todavía me agobié un poco cuando decidí marcharme un mes a Etiopía en la que fue mi primera aventura en el África subsahariana. Y en esa ocasión, como en otras anteriores, no faltó quién me hizo dudar de mi misma: “Es peligroso. ¿Te vas a ir sola siendo mujer? ¿Y qué harás si te pasa algo en medio de tanta pobreza? Deberías llevar un compañero”...

Da rabia que en un país como España, donde nuestras predecesoras tanto han luchado por la igualdad de derechos, aún se cuestione la capacidad de una mujer para viajar sola. Pero has de saber que en el siglo V ya dábamos vueltas por el mundo: en esos tiempos, una monja llamada Egeria viajó desde lo que hoy es El Bierzo hasta Mesopotamia sin sufrir ningún percance y, además, lo contó en un diario. Igual que siempre hubo escritoras, pintoras y científicas… ¡sorpresa! También hubo viajeras y exploradoras.

Hoy en día, viajar es más fácil que nunca porque tenemos innumerables comodidades. El primer paso, el que te hace cruzar el umbral de la puerta de tu casa, es el más difícil. Luego todo es coser y cantar. Pero si tienes dudas o necesitas apoyo moral para tomar una decisión, te voy a contar algunas cosas que aprendí viajando sola que quizá puedan ayudarte a que te lances de una vez por todas. ¿Y sabes que es lo primero que aprenderás cuando lo hagas? A creer en ti misma, pues te habrás demostrado que puedes cumplir aquello que te propongas.

1. Ir de menos a más

Si nunca has viajado sola y te da un poco de miedito, prueba primero con un destino fácil, como un interrail por países europeos donde la vida sea parecida a la que conocemos aquí. Una vez que te has quitado el miedo inicial, te soltarás, y a lo mejor en menos tiempo del que te imaginas te sorprenderás a ti misma en una remota aldea laosiana celebrando un año nuevo regado con whisky de arroz destilado artesanalmente.

Lola Hierro

2. Ir ligera de equipaje

Envidio las mochilas ultra ligeras de muchos amigos que con un cepillo de dientes, un bote de gel, dos mudas y poco más van que chutan. Nosotras tenemos más necesidades: que si la depiladora eléctrica, que si el secador, las planchas, el maquillaje… Pasa de todas estas cosas y quédate con lo esencial. De todas maneras, da igual lo que metas porque cuando estés en ruta acabarás claudicando y regalarás lo que te sobre. Así que, en serio, mejor deja en casa esas planchas alisadoras tan chulas que te regaló tu hermana si no quieres que acaben tiradas en cualquier hostal de Tailandia.

3. Precaución, amiga conductora

Este es un consejo 100% para mujeres. Hay productos que no son fáciles de encontrar en según qué lugares. Los preservativos y las compresas, todavía, pero lo de los tampones es misión imposible en países como India, por ejemplo. Ante la duda, llévate un buen cargamento si crees que te van a hacer falta y ten en cuenta que tendrás que sacar algo de la mochila para incluir estas cosas que sí son importantes. Lo mismo con los medicamentos: desde paracetamoles a la píldora anticonceptiva o cualquier tratamiento que estés siguiendo, asegúrate de que has preparado un botiquín completo.Te sacará de muchos apuros.

4. No disfrazarme

No hace falta vestir como Indiana Jones, el coronel Tapioca, Livingstone o la suma de todos ellos. Una cosa es ir cómoda y economizar trastos en el equipaje y otra muy distinta es hacer el ridículo. Si en tu día a día no llevas las botas de montaña, ¿por qué te las ibas a poner si no vas a subirte a ninguna? Yo vuelvo a Tanzania este verano y, dado que no tengo pensado subir el Kilimanjaro, me voy en vaqueros y bailarinas.

5. Vivir desenganchada del mundo

No me di cuenta de mi dependencia hacia las redes sociales hasta que me vi en medio de Etiopía sin una rayita de cobertura. Me dio ansiedad. Y no era tanto por el miedo a aburrirme, sino por el miedo a estar sola. Si vas a visitar un destino remoto, conciénciate de que quizá solo puedas usar el móvil/tableta o portátil para ver pelis, leer o escribir un relato. Y que tendrás que pasar tiempo sola. Suena a topicazo, pero cuando no te queda más remedio que hablar contigo misma durante días, tomar decisiones tú sola y no poder culpar a nadie de tus errores, acabas conociéndote muchísimo mejor. Y eso sienta muy bien.

En sitios como este NO hay cobertura. Cráter del Ngorongoro, Tanzania. Abril de 2015.

6. Ser algo previsora

Viajar sin destino suena romántico pero, a la hora de la verdad, no es nada práctico salvo que lleves mil años viajando sola y tengas muchísimos recursos, y en ese caso no estarías leyendo este artículo. No es necesario que planees al milímetro tu ruta, eso le quitará mucho encanto, pero hay clásicos básicos como informarse del contexto económico y político del lugar que vas a visitar, de las vacunas y visados necesarios, de los usos culturales o de lo fácil o difícil que tiene una mujer moverse por allí. Recabar esta información te ahorrará mucho tiempo y dinero.

7. Asumir que ningún viaje es perfecto

Ni es como lo habías previsto pese a lo que dice el punto anterior sobre la previsión y pese a lo que te transmiten esos blogs de chicas que viajan y parece que su vida es una granja de ponis. Pero no por ello es peor. Hay que abrir la mente y no cabrearse o deprimirse si los planes no salen como una había pensado. A lo mejor, el desenlace acaba siendo mejor de lo que una esperaba. Y si no puedes esquivar un revés de la vida, al menos te queda la satisfacción de haber subido de nivel en la escala de auto suficiencia.

8. Relativizar

Cuando ya te has dado unos cuantos paseos y cuando has vivido contextos muy diferentes, aprendes a poner las cosas en su sitio. Es positivo que dejes de preocuparte por asuntos que antes creías capitales, como la última declaración del político de turno o el medio kilo de más que arrastras desde navidades. Tu mente se limpiará y harás espacio ahí dentro para otros asuntos que tenías olvidados y que sí merecen tu atención. ¿Has pensado cuánto tiempo ha pasado desde que mantuviste una larga charla con tu madre o visitaste a tu sobrino? En Etiopía, por ejemplo, hablé por Skype con mi hermano más que en todos los meses anteriores.

9. Guardar la calma

Te puede ocurrir de todo durante un viaje y los malos tragos sin compañía se hacen un poco más cuesta arriba, pero al final los problemas se solucionan siempre, de una manera o de otra. Viajar sola te enseña a enfrentarte a los problemas con serenidad. Más que nada, porque no te queda más remedio. Si te pierden el equipaje durante un vuelo, te armas de paciencia en el aeropuerto para conseguir que te lo localicen y te compras lo justo para sobrevivir. Si te roban todo lo que llevas, te vas a la embajada a que te socorran. Si te pierdes, aprendes a relacionarte con tus semejantes y a pedir ayuda. Todo tiene solución menos la muerte.

10. Confiar en la gente

No todos quieren violarte/matarte/atracarte/timarte. Si viajas sola, acabarás por relacionarte, pues no puedes pasar todo tu viaje sin abrir el pico. Tenemos una visión muy distorsionada de lo que hay allá afuera y nos han educado con el cuento de que no aceptemos caramelos de desconocidos. Cuando viajes sola, verás que mucha gente se te acercará con el único interés de conocerte o de ayudarte, sin más vuelta de hoja. Y doy fe; gracias a esos caramelos que he aceptado he vivido experiencias maravillosas y he conocido a personas que hoy cuento entre mis amigos más queridos.

11. Dejarse los prejuicios en casa

La vida no es sólo como la vemos en las noticias. África no es pobre y ya. Para empezar, no es un país sino 54 (55 si contamos el Sáhara). Algunos padecen guerras, hambre y pobreza pero en otros no. Tampoco los musulmanes son terroristas. Y hay punkis en Birmania, no solo monjes budistas. Prepárate para abrir bien los ojos y empaparte de todo lo que el mundo te quiera mostrar. Somos siete mil millones de personas haciendo cosas al mismo tiempo, hay mucha más variedad de lo que te ha hecho creer el entorno en el que vivimos.

12. Librarme de hombres pesados

Aunque ya hemos dejado claro que no todo el mundo querrá robarte/matarte/violarte o timarte, no deja de ser igual de cierto que una mujer sola llama la atención bastante más que una que no lo está, sobre todo en países donde no es habitual que las mujeres sean independientes. Además, pesados hay en todas partes. Si tu instinto te dice que desconfíes, lo mejor es ignorar todos esos cantos de sireno pero, además hay algunos trucos extra. Llevar gafas de sol para evitar el contacto visual es útil, como también lo es ponerse los auriculares como si una estuviera escuchando música, aunque sea mentira. Cuando uses el transporte público, ponte a leer o a escribir. Inventarse un marido es muy común: en Marruecos e India mi compañero de viaje y yo llevamos anillos de casados. Y, sobre todo, si tienes que espantar a alguno, sé educada pero firme.

13. Mezclarse es más fácil si eres mujer

En general, acercarse a todo el mundo es más sencillo cuando una va por su cuenta que si va en pareja o en pandilla. Las mujeres aún tenemos que resignarnos a que se nos considere el sexo débil, pero a esta supuesta indefensión se le pueden encontrar ventajas. Mucha gente, al verte sola, querrá ofrecerte su ayuda, te abrirá sus casas, te ayudará a encontrar aquello que necesites y se ocupará de ti. Además, en países donde las mujeres tienen su independencia muy restringida y no hablan con hombres, tú sí podrás servirte de tu condición femenina para derribar ese muro y acercarte a ellas.

14. No es más molón quien más solo viaja

Estamos inmersos en una época en la que se ensalza el individualismo y parece que todos tenemos que demostrar lo solos que nos gusta ir por la vida, como si eso nos hiciera más fuertes y valientes y valiosos entre los nuestros, dignos de admiración. Pero esto no siempre es válido para todo el mundo, y no funciona en cualquier momento de nuestra vida. Viajar sola me enseñó que no me gusta estar sola siempre, o no tanto como yo creía. Hay momentos en los que quizá te lo pide el cuerpo pero hay otros en los que, sencillamente no te apetece, no te gusta, te deprime y te aburre. Y no pasa nada. No hay que forzarse a viajar solo si a uno no le da la gana; eso es postureo. Es mejor sincerarse con uno mismo antes de embarcarnos en cualquier aventura y pensar bien si es lo nuestro o si, simplemente, es o no es nuestro momento. Quizá no es más valiente el que más tiempo pasa a solas por el mundo sino el que tiene las narices de mirarse al espejo y reconocer partes de su personalidad que no quería ver hasta ahora.

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