Así anima a su equipo de baloncesto desde hace medio siglo este invidente gallego

José Real es socio del Breogán de Lugo desde hace 49 años y reconoce a los jugadores por el ruido que hacen al correr y al botar

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Botes de balón, gritos, pisadas, la voz del locutor... Un hombre escucha todo atentamente desde su asiento del Pazo dos Deportes de Lugo. Escucha, porque sus ojos nunca han podido ver. José Real, de 75 años, nació ciego pero eso no ha impedido que sea uno de los seguidores más incansables del Breogán, el equipo de baloncesto de la ciudad, que actualmente juega en la liga LEB Oro, la categoría inmediatamente inferior a la ACB.

José Real empezó a trabajar para la ONCE vendiendo cupones en 1961, cinco años antes de la llegada del equipo de su vida a Lugo. Su carnet de socio ya acumula 49 temporadas: se abonó dos años después de la fundación del Breogán. “El baloncesto es una vivencia total y absoluta durante los 40 minutos o lo que haya que jugar. Es dinámica, vida”, afirma Real. A pesar de su ceguera, también es aficionado a la NBA, pero reconoce que no puede seguir todos los partidos que le gustaría ya que son de madrugada.

Su afición por este deporte empezó en sus años de colegio. Cuando comenzó a jugar el Breogán, formó una peña con tres compañeros, también invidentes, y un joven universitario. Llegaron a ser seguidores tan incansables que hasta el club les invitó en una ocasión a una fase de ascenso en Zaragoza. “Aquella vez fui casi de mala gana porque nos dijeron que no íbamos a ascender, pero tener esas pequeñas vacaciones fue muy bonito”, explica

En noviembre del año pasado, el Breogán le concedió una medalla a José por el 50 aniversario del equipo. “Todo el pabellón me aplaudió durante más de dos minutos”, recuerda con alegría delante del Ayuntamiento de su ciudad.

Real empezó yendo a los partidos acompañado del universitario de su peña, al que luego  sucedieron su yerno y uno de sus nietos. “Mi nieto fue el que vio conmigo los momentos más espléndidos del Breogán -cuenta, recordando cuando en los años 80 llegó a participar en competiciones europeas-. Además, prácticamente recorrimos la geografía nacional con el equipo”.

Una vez en su asiento, casi no necesita que le digan nada. “Solo pregunto al que va conmigo, a mi especie de intérprete, las cosas que me interesan. Yo tengo una planificación en mi cabeza de cómo es el baloncesto”, dice. Real afirma que cuando el deporte aún no gozaba de tanta popularidad en la ciudad, aprovechaba la poca afluencia de espectadores para interpretar el ruido de las pisadas y los botes del balón en el parqué. “Con solo escuchar los sonidos cerca de la pista conocía el modo de llevar el balón de cada jugador por cómo le imprimía la velocidad o la fuerza”, comenta. “Incluso en los contraataques me anticipo y casi soy yo el que le explica al que está conmigo”, apunta, con humor.

Su nieto le busca las cosquillas y le habla de fútbol. Admite que también le gusta, pero que “es un aburrimiento” si se compara con el baloncesto. Eso sí, “ahora ya no voy a tantos partidos fuera de Lugo porque no tengo la oportunidad, ya que quienes me acompañan a veces trabajan. Pero una cosa tengo clara y es que jamás abandonaré el baloncesto”.

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