La bici y el metro como símbolo: por qué nos gusta ver a los alcaldes sin coche oficial

Las imágenes de Carmena, Colau y Ribó en transporte sostenible se hacen virales en las redes sociales

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Nuevos ediles, nuevas formas de hacer política. Con el puesto recién estrenado, algunos de los actuales alcaldes han querido dejar patentes los aires de cambio de las ciudades donde gobiernan antes incluso de sentarse en su puesto de trabajo: la clave, hasta ahora, no ha sido qué han hecho en el Ayuntamiento, sino cómo han llegado hasta él.

Lunes 15 de junio, Madrid. Manuela Carmena se dirige hacia el Ayuntamiento en su primer día de trabajo y, “como ha hecho siempre”, afirman desde el perfil de Podemos, lo hace en metro. Su entrada al suburbano es grabada por El País y compartida por el partido político, y se viraliza: desde entonces, en cinco días, el vídeo ha sido visto más de 630.000 veces en Facebook y compartido más de 13.000. ¿Por qué algo que es normal en el común de los mortales resulta tan importante cuando sale de un político? "El empleo de un tipo de transporte u otro simboliza la metáfora de una forma de hacer, de llegar, de querer hacer", explica a Verne el analista político Antoni Gutiérrez-Rubí. "También ejemplifica unos valores. Pisar la calle es el primer contacto con la realidad. Y la realidad de la calle es lo que demandan para hacer su trabajo".

Ése fue el primer día de Carmena acudiendo al Ayuntamiento en metro, pero no el primero que la imagen de la alcaldesa en el suburbano despertaba tanto interés. Su presencia por los túneles de la ciudad ha sido una escena común durante los últimos meses, dando lugar a historias como la de Olga Muñoz, una viajera que se encontró a la por aquel entonces candidata y, tras hablar con ella, compartió la charla por Facebook. Hoy tiene más de 33.000 compartidos. También se hizo viral otra instantánea, de origen desconocido, que lanzaba la incógnita sobre qué libro leía, y que parecía ser De cómo me convertí en alcalde y cambié el mundo.

Tras participar en la detención de nueve deshaucios en el distrito de Nou Barris, Ada Colau también hizo uso del suburbano, y la imagen se ganó incluso alguna portada. Su gusto por el metro y su ideario político no son los únicos puntos en común de ambas mujeres: las dos son debutantes en cargos municipales, irrumpiendo en el escalón más alto de la política local sin haber ocupado antes asientos inferiores. "A los votantes en estas últimas elecciones la experiencia no les ha importado", afirma Gutiérrez-Rubí. "Valoran una trayectoria moral, un compromiso profesional y ético".

Otro de los casos que ha recibido mucha atención mediática sido el de Joan Ribó. El nuevo alcalde de Valencia se decantó por la bicicleta como medio de transporte, levantando una polvareda de noticias a su paso: en las redes sociales, las bromas respecto a su entrada hasta el vestíbulo –literal– sobre las dos ruedas dieron lugar para un buen ramillete de chanzas, como éstas:

Ribó también ha sido criticado por no utilizar el casco en el trayecto hasta el consistorio: Vicent Aparici, senador por el Partido Popular, comentaba en su Twitter que ir al trabajo en bici "no es ninguna novedad", pero que hacerlo sin casco "es una infracción", y lo acompañaba con el hastag #MultaaRibo. Incluso estas quejas son, sin pretenderlo, símbolo de algo: de la todavía escasa cultura ciclista de nuestro país. "Tenemos mucho trabajo de concienciación por delante", explica Nacho Tomás, Secretario Técnico de Red de Ciudades por la Bicicleta, a Verne. "Es triste, porque esta discusión en Twitter muestra el desconocimiento que tiene la gente respecto al uso de la bicicleta. El casco no es obligatorio dentro de la ciudad, y las luces –motivo por el que otros usuarios habían increpado al alcalde– lo son sólo en condiciones de mala visibilidad". Tras darse cuenta de su error, Aparici borró el mensaje en el que censuraba a Ribó.

La imagen de los nuevos políticos se ha construído sobre la idea de su proximidad a la calle y el esfuerzo personal. Ahora, su credibilidad pasa no solo por sus acciones en los consistorios, sino también por mantenerse acorde a esa imagen. "Cuando la coherencia de las formas en la presencia pública es una realidad, la sociedad reacciona", concluye Gutiérrez-Rubí. "Las acciones del día a día y a pie de calle son la impresión estética de la nueva política: la moral es la auténtica política".

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