Para quienes siempre quieren tener la última palabra: 21 términos con la Z

Pues ya se acabó. Y parece que fue ayer cuando comenzamos con la A

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La Z es la última letra del alfabeto español y “representa el fonema fricativo interdental sordo en los territorios no seseantes, y en las áreas seseantes el mismo fonema que la letra s”, según recoge el diccionario de la RAE.

Procede de la dseda o dseta griega, que se pronunciaba como /ts/ o /dz/. Y, por cierto, la ce cedilla vendría de la ceda visigótica, variante de la zeta latina, que era una zeta con un copete de adorno. El copete se fue haciendo cada vez más grande y la zeta quedó reducida “a un rabito”, como apunta Alberto Bustos en su Blog de Lengua. Se usaba en castellano hasta el siglo XVIII, en palabras como cabeça, mançebo y braço.

La zeta es la vigésima letra que más palabras encabeza, el 0’87% y la vigesimosegunda en frecuencia (0,52%). Y, como no podía ser de otra forma, cierra esta serie en la que nos hemos leído el diccionario, hemos seleccionado 471 palabras y las hemos ilustrado con el magnífico trabajo de Luis Demano. Ha estado bien, pero hay que admitir que el libro tiene pocos personajes, una trama difusa y un final previsible. 

Zabarcero, ra. Persona que revende por menudo frutos y otros comestibles.

Zabazala. Encargado de dirigir la oración pública en la mezquita.

Zaborrero, ra. Dicho de un obrero: Que trabaja mal y es chapucero. Peón de la construcción que ayuda al cantero.

Zabuquear. Menear o revolver una cosa líquida moviendo la vasija en que está. Traquetear mover o agitar líquidos y otras cosas).

Zacear. Espantar y hacer huir a los perros u otros animales con la voz za.

Zahorí. Persona a quien se atribuye la facultad de descubrir lo que está oculto, especialmente manantiales subterráneos. Persona perspicaz y escudriñadora, que descubre o adivina fácilmente lo que otras personas piensan o sienten.

"Empiezo a sentir las corrientes", explica Laureano, "antes de llegar a ellas, y cuando paso por su vertical me es imposible controlar la varilla". En un punto del caminar del zahorí, la varilla se encabrita, primero a saltos y luego imparablemente, hasta quedar completamente empinada hacia arriba, hacia el cielo.

Javier Valenzuela y Miguel Barroso en La quimera del agua, reportaje publicado en EL PAÍS en 1982.

Zahoriar. Escudriñar, penetrar con la vista.

Zalagarda. Emboscada dispuesta para coger descuidado al enemigo y dar sobre él sin que recele. Escaramuza (pelea de los soldados a caballo). Lazo que se arma para que caigan en él los animales.

Quedó el nido de emprestillones haciendo la cuenta de cuánto dinero traería; y sobre si serían seiscientos y cuatrocientos reales, armaron una zalagarda del diablo.

La fortuna con seso y la hora de todos, de Francisco de Quevedo.

Zaloma. Voz cadenciosa simultánea en el trabajo de los marineros.

Zamborotudo, da. Tosco, grueso y mal formado. Dicho de una persona: Que hace las cosas toscamente. Dicho del vino: Turbio o peleón.

Zangarriana. Enfermedad leve y pasajera, que repite con frecuencia; p. ej., la jaqueca periódica. Tristeza, melancolía, disgusto.

Zangolotino, na. Dicho de una persona joven: Aniñada o infantil en su comportamiento y en su mentalidad.

Esa es la principal conclusión que extrajimos de Ratatouille, donde el Chef Skinner, el villano de la historia, no lo era tanto por su –por otra parte, lógico– empeño en desenmascarar a aquel zangolotino que cocinaba con una rata sobre la cabeza.

Claudio M. De Prado en El comidista.

Zangón. Muchacho que estando ya en edad de trabajar se dedica a holgazanear.

De apariencia sosegada, Nacho Duato es la antítesis del latino zangón, de puro ocioso desgarbado.

Sol Alonso en EL PAÍS, en 1993.

Zarco, ca. Dicho especialmente de los ojos: De color azul oscuro.

Zipizape. Riña ruidosa o con golpes.

Zonzo, za. Soso, insulso, insípido. Tonto, simple, mentecato.

Zorrocloco. Hombre tardo en sus acciones y que parece bobo, pero que no se descuida en su utilidad y provecho. Gesto exagerado y fingido de afecto.

Zurriburri. Barullo, confusión. Sujeto vil, despreciable y de muy baja esfera. Conjunto de personas de la ínfima plebe o de malos procederes.

Al buitre leonado no parece perjudicarle este zurriburri, a juzgar por los censos, pero las estadísticas nada dicen de la paz del campo, esa ave solitaria que no puede anillarse, medirse ni pesarse, y que está tan en desgracia, aquí en el Duratón, como un joven buitre al que hubiera sorprendido el Levante cruzando en otoño el estrecho de Gibraltar.

Andrés Campos en el reportaje “Un día en ‘Buitrelandia’”, publicado en EL PAÍS en 2000.

Zurumbático. Lelo, pasmado, aturdido.

Pero si le digo que esa muchacha me tiene zurumbático, no le miento.

María, de Jorge Isaacs.

Zurupeto. Intruso en la profesión notarial. Corredor de bolsa no matriculado.

Mingote había ejercido todos los oficios que un hombre puede ejercer, no siendo persona decente; prestamista, policía, jefe de clac, zurupeto de la bolsa, agente de quintas, curial, revendedor y gancho…

Mala hierba, de Pío Baroja.

Zuzón. Hierba cana, que es una planta herbácea. La incluimos porque es la última palabra del diccionario, lo cual es útil si quieres tener la última palabra o, esperemos que no se dé este caso, si un verdugo te pide unas últimas palabras.

Examen sorpresa: la Y

*Texto redactado por Jaime Rubio con aportaciones de Mari Luz Peinado, Héctor Llanos, Álvaro Llorca, Gloria Pina, María Sánchez, Pablo Cantó, Anabel Bueno y Lucía González.

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