El espíritu de la Navidad

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Cuando estés recibiendo esta carta, será la mañana de Nochebuena. Eso significa que en 12 horas o menos estarás en plena cena familiar, sea esta para ti una ocasión agradable, una cena como cualquier otra o un soberano coñazo. En cualquier caso, se trata de un día en el que además de escuchar villancicos de Raphael y Frank Sinatra, todos intentamos ser un poco mejores con los demás (con mayor o menor grado de éxito).

"¡Es Nochebuena! Es la única noche del año en la que somos un poco más amables, sonreímos con un poco más de facilidad y estamos un poco de mejor humor"

A principios de mes, The Independent publicaba este fabuloso artículo sobre El Apartamento como película navideña definitiva. En él, la periodista Clarisse Loughrey reflexionaba sobre la naturaleza de la película como canto al optimismo en los momentos más oscuros. Todo puede ir a mejor. Puedes encontrar a alguien que te haga ser un poco mejor.

Es posible que efectivamente El Apartamento sea considerablemente más cínica que otros clásicos navideños como Qué bello es vivir o Cuento de Navidad, donde el mensaje principal seguía siendo “si eres bueno te querrán, si no, morirás solo”. La cinta de Wilder parte un poco de la premisa de que no siempre los seres que son intrínsecamente buenos reciben recompensa.

Tanto Baxter como la señorita Kubelik son dos personas bastante decentes que, dicho pronto y mal, no son felices. No es casualidad que la naturaleza de esta infelicidad tenga su origen en los peores aspectos de su personalidad: en ser un pusilánime en el caso de Baxter y en darle bola a un perfecto cretino en el caso de Kubelik. Están, como te enseña la maravillosa escena del espejo de mano de Kubelik, rotitos por dentro

El espejo... Está roto
Sí, lo sé, me gusta así. Me veo de la forma en la que me siento

Aunque según apunta el artículo enlazado al principio de esta carta, lo verdaderamente conmovedor e imperecedero de El Apartamento es la sensación de que la soledad que muchos sienten —sentimiento que se agudiza en estas fechas en las que parece que tienes que ser feliz y estar rodeado de gente por imperativo categórico— puede ser combatida. Y de que hay esperanza. Esperanza, afirma Loughrey en su texto, de que “cada alma perdida tiene un salvavidas ahí fuera, esperando”.

Sin dejar de estar de acuerdo con lo que comenta la periodista británica, creo que deja un poco de lado la idea fundamental de la película. Aunque ambos terminen pasando juntos la noche de fin de año en ese acertadísimo final en el que no hay beso, solo una partida de cartas, Baxter y Kubelik no se han salvado el uno al otro, sino que lo han hecho de forma individual. Si bien es cierto que el choque de sus historias personales sirve como catalizador para decidir cambiar lo que está mal en sus vidas, en última instancia deciden ser mejores no por el otro, sino simplemente por y para ellos mismos. De ahí la belleza de ese primer plano de Shirley MacLaine celebrando el cambio de año en el que sonríe y piensa “Yo soy mejor que esto”.

Por supuesto, esto ya se ha tratado antes. Oscar Wilde comienza De profundis en la última Navidad que pasó en la cárcel. Casi al final de los dos años de encierro y trabajos forzados que sufrió como condena por gross indecency tras verse expuesta su relación con Lord Alfred Douglas, le escribe una carta a él, al amor de su vida, a “Dear Bosie”. Como muchos otros que pasan por trances difíciles, Wilde se refugia en la espiritualidad, reflexionando, un poco a su manera, sobre la figura de Cristo.

Oscar y Bosie. Hey, no homo.

Wilde escribe:

“Vivir para los demás no era la base de su doctrina. Cuando él dice ‘perdonad a vuestros enemigos’ no lo dice en beneficio del enemigo, sino de uno mismo, porque el amor es más bello que el odio [...] Cristo no dice ‘vivid para los demás’ sino que afirma que no existe ninguna diferencia entre la vida de los demás y la de uno mismo. Esto otorga al hombre una personalidad titánica”.

Quizá todo viene un poco a decir que la Navidad es una época en la que ser un poco mejor persona. No para que te quieran tus semejantes. Sino solamente para quererte tú un poco más*. Quizá ese sea el espíritu de la Navidad.

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(Pincha en la imagen para ver el vídeo)

*Y todo sale, de verdad, de deporte. Feliz Navidad.

Selección del contenido y redacción de la carta: Cristina Ortiz @chococriskis

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