Qué hay que hacer para que España tenga horarios más sensatos

En Cataluña, el Parlament trabaja en la reforma horaria con el objetivo de cambiar en septiembre de 2018

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Los horarios españoles están mal. Fatal, si se le pregunta a los expertos en conciliación no solo laboral, sino también del sueño. Pero tiene arreglo y, al hilo del cambio horario -la noche del próximo sábado, del 29 al 30 de octubre, a las 3 de la mañana serán las 2-, hemos preguntado a expertos qué habría que hacer*. Para lograr unos horarios más sensatos se podría poner en marcha un plan con una meta de un año y medio, según José Luis Casero, presidente de la Asociación para la Racionalización de los Horarios Españoles (ARHOE). Es cuestión de fijar "un momento cero en el que se sincronicen todos los relojes", afirma también Fabian Mohedano, impulsor de "la reforma horaria" en Cataluña y diputado autónomico de ERC. Él espera que esto pueda ocurrir en septiembre de 2018.

Para hacerlo posible en todo el país tienen que participar las Administraciones Públicas -empezando por el Estado-, las empresas y los ciudadanos. Los premios son varios (Mohedano ha encontrado hasta 100): más salud y libertad, mejor conciliación entre la vida laboral y personal, un paso más hacia la igualdad de género efectiva, una mejora en la calidad del sueño y mayor productividad en el trabajo y en clase.

Qué tiene que hacer el Estado

El 17 de marzo de 1940, en plena Guerra Mundial, España, como el resto del continente, se ajustó al horario de Berlín para organizarse y tener controlados bombardeos y operaciones militares. Cuando acabó la contienda, Reino Unido y Portugal volvieron al huso horario que les correspondía. Es el del meridiano de Greenwich, que atraviesa la Península por Zaragoza y Castellón, pero España no atrasó el reloj y se quedó con ese "jet lag permanente", como lo llama Nuria Chinchilla, profesora en el IESE Business School. Para ella el primer paso para tener horarios razonables es volver a nuestro huso horario y seguir el ritmo circadiano -el reloj interno- "para volver a hacer lo mismo que hace 80 años: comer a la una y cenar a las ocho, como en el resto de Europa".

Para Casero la vuelta al horario de Londres y Lisboa es en realidad el último hito de un plan estratégico que antes requiere liderazgo y voluntad política para que los cambios se conviertan en ley. Hace falta compactar y flexibilizar la jornada laboral y esto tiene que venir acompañado de un cambio en el ocio y el prime time televisivo -programas, partidos de fútbol, espectáculos, etc.- y en los horarios comerciales. "Ahora lees medidas literales nuestras en los programas electorales de los principales partidos y en las páginas 38 y 39 del pacto al que llegaron PSOE y Ciudadanos". Tanto el Congreso como el presidente en funciones, Mariano Rajoy, han dado señales de querer hacer reformas.

"Hipocresías las justas", dice sobre la posibilidad de que los partidos pongan excusas y no cumplan. "Desde la sociedad civil ya hemos hecho nuestro trabajo", afirma Casero. Proponen iniciativas como un banco de horas para los empleados, que las jornadas laborales terminen a las seis de la tarde, cuando sea posible, y una rebaja del IRPF y del impuesto de sociedades para las empresas pioneras. El presidente de ARHOE cree que el proceso que conduzca a "que la gente salga de trabajar y pueda vivir" se podría completar en un año y medio.

Los empresarios tienen el cambio en sus manos

Chinchilla, directora del Centro Internacional Trabajo y Familia, señala el papel fundamental que representan las empresas, porque "son quienes más impactan en la vida". Las que ofrecen a sus empleados flexibilidad, horarios compactos y otras medidas "oxigenantes" consiguen más productividad y menos absentismo.

Además, está demostrado que más horas de trabajo no significa más productividad, sino al contrario. Los países que mejor funcionan son aquellos en los que trabajan menos horas. "Cuando la gente sabe que se marcha a las ocho de la tarde después de nueve horas o más de jornada, dilata el trabajo. No es que trabajen, simplemente están en el trabajo", explica Chinchilla.

Para motivar al sector privado a embarcarse en horarios más europeos, si no les basta con estos beneficios, la también profesora de Dirección de Personas en las Organizaciones propone incentivos no monetarios. Se trataría de darles puntos en convocatorias de concursos públicos, por ejemplo.

Casero, que es empresario, quiere que la conciliación no sea negociable en los convenios colectivos y cree que hay muchas cosas que las empresas pueden hacer ya, sin necesidad de una ley. La primera es permitir la entrada flexible, "pero hay que hacerlo bien, por escrito y con franjas de obligado cumplimiento porque si no se generan disfunciones y grandes". Facilitar el teletrabajo y la cultura de objetivos y terminar con el presentismo. "No hay que premiar al que calienta la silla, que se queda hasta las ocho -a lo mejor no tiene otra cosa que hacer-, y castigar al que se va a las cinco y media".

Estos cambios exigen corresponsabilidad del trabajador, que si trabaja desde casa tiene que estar a lo que está, en un sitio adecuado, "y no aprovechar para hacer unas lentejas mientras". Las nuevas tecnologías facilitan estas nuevas formas de trabajo, pero hay que saber usarlas tras la jornada laboral: ni el jefe te debe llamar o enviarte mensajes a horas intempestivas ni tú debes contestarle. "Yo a las ocho de la noche no cojo el teléfono, porque estoy bañando a mis hijas. Devuelvo la llamada al día siguiente. Es una cuestión de respeto. Hemos convertido lo excepcional en regla", dice Casero.

"Los empresarios lo que queremos son resultados, ganar dinero. No he encontrado a nadie que trabajando más horas trabaje mejor. En vez de comprar talento parece que hay gente que compra esclavos del tiempo", critica el presidente de ARHOE.

El "momento cero" en Cataluña

Chinchilla ha participado como experta en el proceso que en Cataluña quiere conducir al cambio de hábitos, que su promotor, Fabian Mohedano, llama "reforma horaria" y que para él es básicamente una cuestión de salud: "La conquista laboral no es trabajar de ocho a tres, sino comer a la una, porque es más saludable". Desde 2014, primero desde la sociedad civil y ahora en el Parlament, han reunido a agentes sociales -asociaciones, sindicatos y empresarios, junto a instituciones y especialistas independientes- para señalar qué medidas serían necesarias en sectores clave capaces de apalancar y acelerar el cambio. Son el tejido productivo (las empresas), la educación, la Administración, el comerio y el consumo, la cultura y el ocio y la movilidad urbana.

El objetivo final es convertir los consensos alcanzados en esos trabajos previos en una ley que ya tiene un borrador que podría aprobarse en primavera de 2017, y que plantea estas franjas horarias:

"Evidentemente, que cada uno coma y se acueste a la hora que quiera", aclara Mohedano, que cuenta que en el Parlament catalán ya han cambiado los horarios. Empiezan antes, comen entre la una y las tres y ya no tienen jornadas que acaban a las nueve o nueve y media, sino a las seis y media. "Al principio hubo resistencia, pero ahora nadie se queja".

"Hemos avanzado mucho en un texto legal que cuenta con el acuerdo de todos los grupos en el Parlament", explica el coordinador del Consejo Asesor para la Reforma Horaria. Si se aprueba, después vendrá un gran pacto social y finalmente, una campaña pedagógica sobre los beneficios y el cómo cambiar los hábitos del uso del tiempo.

Para llegar al momento cero, en que se sincronicen los relojes en septiembre de 2018 -coincidiendo con la vuelta al cole-, convendría también contar con el acuerdo del Congreso de los Diputados. Con las competencias en Educación, el Parlament tiene capacidad para cambiar los horarios lectivos y los de los funcionarios de la Administración autonómica y cuentan también con el apoyo de municipios y tejido asociativo. Pero para sumar a las empresas, el comercio y la televisión al plan global hace falta más que una ley autonómica. "Por mucho que logremos avanzar mediante negociación colectiva, un 40% de los convenios son estatales".

En opinión de Mohedano, más "tibio" con el cambio de uso horario, el Congreso debería abrir una comisión para una ley de reforma horaria que trate el tema de manera integral. Se pueden aprovechar los informes que ya se han hecho, los documentos marcos consensuados entre patronal y sindicatos, las acciones de sensibilización y pruebas piloto en municipios. Pero "hay que hacer todo el proceso de forma rápida y efectiva o no sale", dice.

En el camino al cambio surgirá resistencia. Por una parte, fruto de la ignorancia. "Gente que no sabe que aquí antes se comía a la una y que esto cambió con el desarrollismo y el presencialismo. Creen que es un tema de cuándo se pone o sale el sol o del clima, como si en otros lugares cálidos no comiesen a la una y cenasen a las ocho", dice Mohedano. Luego están también los incrédulos. Y los que piensan en la reforma horaria como una fórmula mágica para resolver todos los problemas, como la desigualdad entre hombres y mujeres. De lo que se trata, y no es poco, es de "humanizar los horarios para mejorar la salud", de considerar "el tiempo como medida de libertad". A partir de ahí, los beneficios pueden ser muchos.

*Fe de erratas: en una primera versión del artículo indicamos que una parte de la solución podría ser mantener el horario de verano. Se trata de una petición del Parlament de Baleares, que no quiere estar en el huso de Greenwich y además prefiere mantener el horario de verano todo el año. En el resto de España, para adaptarnos bastaría con no cambiar la hora en primavera o retrasar el reloj dos horas en octubre, en lugar de una.

Canarias seguiría teniendo una hora menos

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El huso horario que corresponde geográficamente a España, Francia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo es GMT (Greenwich Mean Time) +0. Estos países están en hora, sin embargo, con el meridiano que pasa entre Alemania y Polonia y atraviesa República Checa, Austria, Eslovaquia e Italia y que define el GMT+1.

Si España cambiase al horario de Londes, que es el mismo que el de Canarias, hay quien se pregunta qué pasaría con el famoso "una hora menos en Canarias". La expresión se mantendría, porque el archipiélago tampoco está en el huso que le corresponde, es el GMT-1, y debería también retrasar el reloj una hora, como explica Nuria Chinchilla. 

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