El museo de los 300 penes: “Todo empezó con el de un toro”

“El más grande mide un metro y setenta centímetros”, revela el fundador de la Faloteca de Islandia

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Hay personas que coleccionan sellos, cromos o insectos. Otras personas coleccionan penes. En ese particular club se encuentra Sigurdur Hjartarson, fundador de la Faloteca de Islandia. Este museo cuenta con más de 300 penes de distintos mamíferos, incluyendo el de un humano, lo que le convierte en la referencia mundial del culto al miembro viril. “Este año nos habrán visitado unas 50.000 personas”, indica Hjartason, que contesta a las preguntas de Verne por correo electrónico.

A sus 75 años, el padre de la Faloteca de Islandia recuerda de forma nítida el primer pene de su colección: “Fue el de un toro”. “Hace muchos años, cuando se sacrificaba a los toros, nunca se tiraban los penes. Se dejaban secar para utilizarlos como látigos con otros animales. Yo mismo los usé poco después de la II Guerra Mundial cuando acudía al campo”. Tres décadas después, en 1974, otro pene de toro se cruzó en su camino: “Se convirtió en el primer espécimen de mi colección”.

Sigurdur Hjartarson, fundador del museo. Faloteca de Islandia

El hobby de Hjartarson no pasó desapercibido para sus compañeros de trabajo. “Por entonces, era director de un instituto. Varios de mis profesores trabajaban en una estación ballenera durante el verano y me traían penes de ballena para vacilarme”. Este islandés no se lo tomaba en absoluto como un insulto, sino como una forma de ampliar su particular colección.

En 1997, contaba 62 penes en su haber, una cifra suficientemente considerable como para poner en marcha un museo. Entonces abrieron las puertas de la Faloteca de Islandia en Reykjavik, capital de la isla. “Ahora mismo tenemos unos 300 penes en nuestra colección. Vienen de muchos países, repartidos por Europa, Asia y África”, explica. Su última adquisición procede, precisamente, de Namibia: “Es un pene de antílope”.

Penes de ballenas y otros animales marinos. Faloteca de Islandia

No es ni mucho menos el ejemplar más interesante de cuantos se almacenan en el museo de Hjartarson. “Puede que el pene que más llame la atención de nuestros visitantes sea el de cachalote”. No es de extrañar, teniendo en cuenta que podría compartir altura y peso con una persona: 170 centímetros y 70 kilos. En las antípodas del pene del cachalote se encuentra el más diminuto del museo, un miembro de hámster de tan solo dos milímetros de longitud.

Un pene de jirafa. Faloteca de Islandia

Entre los atractivos del museo también se encuentra un pene humano, que recibieron en 2011. “Pertenecía a un islandés. Además, hay un estadounidense, un inglés y un alemán que nos han confirmado que donarán sus penes al museo”, dice. El crisol de órganos reproductivos masculinos del museo también viaja en el tiempo, con un miembro de hace 20.000 años en sus vitrinas: “Contamos con un pene de oso de las cavernas”.

Entre las 50.000 personas que habrán visitado la Faloteca de Islandia a lo largo de 2016, Hjartarson calcula que unas 2.5000 proceden de España. Además, tiene muy claro cuál es el género más interesado en su colección: “Vienen muchas más mujeres”. “No conozco ninguna colección del mundo que se compare con la nuestra”, añade el fundador del museo, ahora gestionado por su hijo.

Algunos de los especímenes se almacenan en formol, mientras que muchos otros se encuentran disecados. Además, el museo muestra tres centenares de piezas artísticas de diferentes materiales e incluso réplicas de penes reales: la Faloteca incluye una copia de los penes del equipo olímpico islandés de balonmano que logró la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de 2008. Aquel equipo derrotó a España en semifinales.

'Réplicas' de los penes de los jugadores de balonmano que ganaron la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. Faloteca de Islandia

El museo también contiene un catálogo de productos eróticos de toda índole, entre los que destaca una serie de preservativos inspirados en la naturaleza de Islandia. Los diseñadores locales Fridgerdur Gudmundsdottir y Kristin Birna Bjarnadottir venden sus condones de géiseres, volcanes y rocas en la Faloteca de Hjartason.

Su entusiasmo por el estudio del miembro viril le empuja a reivindicar la falología, un término que no recoge la Real Academia Española de la Lengua. “Es una ciencia muy antigua que necesita mucha más atención de la que recibe”, comenta Hjartason. No se encuentra en su colección el que podría catalogarse como el pene más famoso del mundo, el de Rasputín. El órgano sexual de este enigmático personaje ruso de principios del siglo XX se encuentra en un museo de San Petersburgo, aunque los historiadores no se ponen de acuerdo sobre la autenticidad de la reliquia.

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