Actuar en la pastorela es más difícil que llegar a Belén por estas 8 experiencias

Uno pensaría que por ser un evento escolar las cosas serían más sencillas, pero no es así

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Fotografía: Secretaría de Cultura del Estado de Michoacán.
Fotografía: Secretaría de Cultura del Estado de Michoacán.

Tal vez no lo recuerdes, pero tan solo unos meses después de haber entrado al jardín de niños tu maestra ya te había dado una gran responsabilidad: participar en la pastorela. En ese entonces, ese evento no tuvo ningún impacto en tu vida, pues tu mamá te disfrazó de pastorcito y te coloco en el escenario para balbucir un par de palabras. Afortunadamente tu participación únicamente quedó registrada en la fotografía amarillenta que tomó tu papá.

Esto no fue lo que sucedió años más tarde, cuando Miss Rosy te avisó de que ese año (tu último de bachillerato) participarías en la representación teatral de la escuela. Aunque pareciera fácil, ese momento en el que te viste obligado a representar a un diablo, a un pastor o a un ángel frente a familiares, amigos y novios en potencia fue complicado. En Verne recordamos algunas de las experiencias por las que participar en esta puesta en escena puede llegar a ser más difícil que llegar a Belén.

1. El papel que te toca puede marcarte el resto del año escolar. Aunque los estudiantes con mejores calificaciones siempre son incluidos, depende de tu carisma y personalidad obtener los papeles protagónicos. Siendo honestos, ni José ni María lo son, casi siempre salen al final y no hablan (aburridos). Lo ideal es conseguir quedarte con el papel del arcángel Gabriel o Lucifer. Esos son los buenos, pues son los que aparecen más, dicen uno que otro chistorete y se llevan la noche. Si te toca ser el pastor sin nombre y tu única línea es “Vamos todos”, nadie te recordará lo que resta del año escolar.

2. Te frustras por la mala calidad de tu disfraz. Puede llegar a ser frustrante ver cómo la mamá de Sandy le confeccionó un disfraz de pastorcita único. Parece que hasta el rebozo y los huaraches de pastor los hizo a mano. Mientras tanto, tú portas un disfraz de pellón engrapado para simular una túnica de ángel y una aureola que compraste en la papelería de la esquina y así te va a ver Ricardito, el compa por el que mueres de amor. Qué quemón.

3. Tienes que practicar villancicos desde octubre. No importa que cada año durante los seis de primaria y tres de secundaria hayas cantado los mismos villancicos. Cada año, a partir de octubre y hasta mediados de diciembre tendrás que ensayarlos. Cantar El niño de tambor, Blanca Navidad y Los peces en el río mientras el sol de mediodía te broncea a ti y a tus sudorosos compañeros a las 12 del día podría ser una de las peores torturas escolares en México.

4. Las actuaciones de tus compañeros pueden acabar con tu carrera histriónica. No falta el compañero que no pone en práctica los principios de la actuación y con su interpretación carente de emociones arruina el que podría ser tu momento shakespeariano. Lo peor es cuando olvidan sus líneas y se dan momentos incómodos de segundos que le quitan seriedad a la puesta en escena. Tu esperanza de convertirte en el próximo Diego Luna se desvanece.

5. Tienes que aprender a lidiar con los efectos especiales o la falta de ellos. Aceptémoslo, no todas las escuelas tienen la capacidad de contratar 40 luces, hielo seco y un escenario para su pastorela. Muchas veces el profe de educación artística se las ingeniaba para crear efectos especiales con lo que puede. Los típicos son: celofán rojo para representar las llamas del infierno, pedacitos de unicel para hacer como que hay nieve y luces de bengala en lugar de fuegos artificiales. Deberás hacer tu mejor esfuerzo para hacerlos ver creíbles con la magia de la actuación.

6. Debes soportar la intensidad del maestro que monta la obra. Por alguna razón, el profe Alberto cree que esta puesta en escena es su obra maestra. No importa que ya se haya montado durante 10 años consecutivos, su intensidad a la hora de prepararla aumenta cada año. Debes soportar que el profe te trate como al alumno de Whiplash durante un par de meses. Ni modo, son gajes del oficio.

7. Tu mamá cree que la pastorela es otra asignatura que debes aprobar. Lo sabes cuando se sienta en primera fila y clava sus ojos en ti cada vez que vas a decir algo. No puedes evitar voltear a verla cuando tienes dudas sobre tus diálogos, ella los sabe de memoria y aunque estás a punto de terminar el bachillerato te las sopla en voz baja (o no tan baja). Cuando termina la pastorela se acerca a decirte en todo lo que te equivocaste. ¡Qué estrés!

8. Duran horas y es imposible ir al baño. Tal vez la obra está programada para durar solo una hora y media, pero si a eso le sumas los 10 villancicos que cantan tus compañeros, el discurso del Miss Rosy y las felicitaciones del director, el evento puede alargarse. El problema es que ninguno de los actores puede dejar el escenario antes de que todos terminen de hablar. Así que debes concentrarte y no pensar en líquidos ni nada que despierte a tu vejiga. Tendrás que aguantar hasta que la gente comienza a aplaudir. Considéralo un entrenamiento para formar el carácter que necesitarás para lidiar con la universidad.

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