9 cosas que te pasan cuando tienes que trabajar en Semana Santa

Tus colegas están sentados frente al mar, tú frente a una computadora

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Así te ves cuando llegas a la oficina en jueves o viernes santo, como Joseph Gordon-Levitt en '500 days of summer'.
Así te ves cuando llegas a la oficina en jueves o viernes santo, como Joseph Gordon-Levitt en '500 days of summer'.

Este año te tocó la rifa del tigre y tienes que trabajar jueves y viernes santo. Ni modo. Lo bueno es que posiblemente te paguen los días o puedes alargar tus vacaciones en el futuro. Mientras eso pasa, tendrás que chutarte una larga jornada laboral. Esta será aún más tediosa que las normales porque todo a tu alrededor te recuerda que el resto del mundo está de vacaciones.

Si has vivido esta situación o la estás experimentando en este momento, seguro pasaste o pasarás por estas nueve experiencias.

1. Llegas a una oficina vacía: El único que se ha levantado más temprano que tú es el guardia de seguridad del edificio. Lo/la saludas con mucho ahínco porque están juntos en este calvario. Entras a la oficina y lo único que escuchas es el zumbido de las lámparas LED. Las computadoras están apagadas, no hay agua en el garrafón ni tuppers en el refri. Estás completamente solo/sola. Hasta extrañas las risas exageradas de Marta, la de contabilidad. Te sientes en esa escena de Abre Los Ojos en la que Eduardo Noriega es el único habitante de Madrid.

2. Recibes decenas de correos automáticos: Parte de tu chamba consiste en comunicarte vía email. Debes enviar reportes a la oficina de Monterrey o recordarle al gerente de finanzas pasar las facturas. Ninguno de tus contactos te ha respondido tan rápido como este día, pero no es porque estén pendientes de tus correos, al contrario. Han programado respuestas automáticas informando de que se encuentran disfrutando de unas muy merecidas vacaciones. Respira hondo, cuenta hasta diez.

3. Ves el viacrucis de Iztapalapa en la tele: La falta de ruido te pone muy nervioso. Estás acostumbrado al barullo Godínez. Tampoco eres de esos que puede trabajar mientras escucha Mega Death con los audífonos puestos, como tu compa de al lado. Lo único que te queda es prender la tele de la oficina. Si no hay cable, tus opciones serán limitadas: o ves la peli setentera de la vida y pasión de Cristo en el Cinco (la que ponen cada año), o la cobertura minuto a minuto del viacrucis de Iztapalapa. La segunda opción es mucho más entretenida, lo garantizamos.

4. Te consientes en la hora del almuerzo: Has sobrevivido una insufrible mañana, te mereces un buen lunch. No quieres ir a la fondita de siempre, quieres recompensarte por tu gran sacrificio. La ocasión amerita una visita a ese lugar de mariscos al que solo vas en viernes de quincena. Te pides un coctelito de camarones y una michelada. Por un momento te sientes en Vallarta, pero despiertas de tu sueño vespertino y regresas a esa triste calle de la Narvarte. De todas formas disfrútalo y tómate tu tiempo. Nadie te espera.

5. No puedes dejar de ver fotos vacacionales ajenas: Como todos los días, te das un break para mirar tu muro de Facebook. El problema de hacerlo en jueves o viernes santo es que no verás otra cosa que selfies de tus amigos y colegas en la playa o mensajes como “Muy a gusto en mi casa viendo Netflix con mi gato #notieneprecio”. Ya sabías que te ibas a encontrar con esas publicaciones y que solo te provocarían tics en los ojos. Pero no puedes dejar de espiar. Eso se llama masoquismo.

6. Procrastinas (mucho más de lo normal): Usualmente no eres muy buena/bueno para manejar tus tiempos y ese ambiente vacacional en tu oficina empeora tu tendencia a pendejear. Escribes medio párrafo de ese reporte y te pones a ver videos de Shooting Star durante una hora. No vas ni a la mitad de esa base de datos, pero decides salir a darle una vuelta a la cuadra para estirar las piernas. Como vienes de comer mariscos y tomar chela, el mal del puerco se apodera de ti y te echas una siestecita en el sillón de la sala de juntas. A ese ritmo, nunca saldrás de la oficina.

7. Espías los lugares de tus colegas: La tentación es demasiado grande y acabas cediendo. No vas a hurgar en los cajones de tu compa, pero sí analizas su escritorio y te percatas de su extensa colección de Mi Pequeños Ponys o descubres que el de enfrente tiene una hoja clavada en su corcho con la frase Sí merezco abundancia escrita decenas de veces. Tal vez sea lo mejor que te ha pasado en el día. Te das cuenta de que no eres el/la más raro/rara de tu equipo de trabajo.

8. Quieres aprovechar el día, pero no puedes: En un día normal nunca tienes tiempo de ir al banco, pagar la tenencia o llevar ese traje manchado de mole a la tintorería. Has decidido aprovechar el horario flexible de este día para hacer todos pendientes que has postergado por semanas. Lo que no consideraste es que hoy es día festivo y los bancos no abren, tampoco la tintorería. Solo llevaste tus facturas y tu traje a pasear a la oficina.

9. Se te olvidan las cámaras de vigilancia: Tal vez estés solo, tal vez compartas tu sufrimiento de trabajar en vacaciones con algunos de tus colegas. Sea como sea, una oficina semi vacía es la oportunidad perfecta para echar relajo. Puedes bailar y cantar Dr. Psiquiatra a todo pulmón, recrear la escena de maldita lisiada con los de sistemas o jugar dardos con la foto del ingeniero mirrey como blanco. Es una buena forma de liberar frustraciones, solo recuerda que hay cámaras de vigilancia y que graban las 24 horas. En esta era de los lords y ladies, no sabemos en dónde pueden acabar esas cintas. Ten cuidado.

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