Hablamos sobre el amor y la amistad con Arthur Aron, autor de las 36 preguntas para enamorarse

El cuestionario se desarrolló como herramienta para investigar cómo se crean y cómo nos afectan las relaciones personales

La ciencia nos puede ayudar a que nos vaya mejor con nuestra pareja y con nuestros amigos

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Arthur Aron lleva 40 años estudiando el amor. Y no sólo el amor: también la amistad, la intimidad y todo lo que ayuda a reforzar las relaciones personales. De hecho, este profesor de la Universidad de Stony Brook (Nueva York) es el autor de las 36 preguntas que utilizó la escritora Mandy Len Catron para enamorarse, tal y como explicó en The New York Times en un artículo que ha sido un éxito viral en internet en las últimas semanas (aquí, traducido por Verne). Pero lo cierto es que el cuestionario no estaba diseñado para eso, tal y como nos explica Aron en una conversación telefónica sobre estas preguntas, en la que también nos da algunos consejos para que nos vaya bien con nuestras parejas y nos recuerda la importancia de mirarnos a los ojos.

¿Qué le pareció el artículo de Mandy Len Catron?

Fue una sorpresa. Cuando lo vi, revisé mi bandeja de entrada para ver si había hablado con ella, porque no lo recordaba, y vi un mail suyo en el que me pedía el estudio original. Sin duda alguna, lo leyó. Este trabajo había recibido alguna atención a lo largo de estos años, pero nada comparable a lo que ocurrió cuando se publicó el artículo. Es una pieza muy bien escrita y narra una historia muy bonita. No es errónea, pero hay que decir que no escribimos esas preguntas para ayudar a que la gente se enamorara.

El objetivo de estas preguntas era generar intimidad en el laboratorio. ¿Han sido útiles como herramienta para otros estudios?

Sí, han sido muy útiles y se han usado en centenares de estudios. Hay que tener en cuenta que no las desarrollamos como un estudio en sí mismo, sino como un procedimiento de investigación que permitiera crear en el laboratorio una conexión temporal entre personas que no se conocían de nada.

La idea era aprovechar lo que conocíamos en ese momento acerca de cómo se desarrolla la amistad. Por ejemplo, el hecho de que las dos personas se abren gradualmente. Por eso las preguntas comienzan centradas en cuestiones triviales para ir pasando a asuntos más íntimos a lo largo de 45 minutos. Otro aspecto que recoge el cuestionario es la importancia de tener algo en común con la otra persona. También incluye la idea de que uno ha de sentir que le gusta al otro. Intentamos incluir todo este conocimiento en el cuestionario para crear un sentimiento de cercanía en el menor tiempo posible.

¿Para qué se ha utilizado el cuestionario?

Se ha usado para medir cómo las hormonas y los neurotransmisores se ven afectados por la intimidad y la cercanía. También y sobre todo, para estudiar los prejuicios y las relaciones entre grupos. Por ejemplo, se sabe que si tenemos amigos en otro grupo social, mostramos una actitud más positiva hacia ese grupo. En su momento no se tenía claro si tenemos menos prejuicios porque conocemos a gente de otros ámbitos o, al revés, hacemos esos amigos porque tenemos menos prejuicios.

Para comprobarlo, ha habido estudios en los que diferentes personas respondían al cuestionario por parejas. En algunos casos, se trataba de personas de diferente raza y en todos, se medían los prejuicios tanto antes como después de la prueba. Quienes respondían al cuestionario junto con personas de otra raza mostraban menos prejuicios al terminar el experimento.

El cuestionario también se ha usado con dos parejas y no sólo con dos personas. Este estudio es realmente interesante y se ha replicado en varias ocasiones. Sirve para explicar por qué las parejas que tienen otras parejas como amigos a menudo son más felices en su relación. De nuevo, la clave era averiguar cuál era la causa y cuál el efecto. El cuestionario sirvió para aclarar que la mayor intimidad con otras personas ayuda a desarrollar un amor más pasional hacia la propia pareja. Y también es una forma muy divertida de pasar una velada.

Entonces, ¿ha usado el cuestionario como pasatiempo?

Sí, durante una cena con otro matrimonio que ya conocíamos, pero no demasiado bien. Pasamos una velada muy agradable.

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¿Recomienda usar el cuestionario con amigos y con la pareja?

Sobre todo con gente con la que no hay una amistad muy estrecha. También podría ayudar a profundizar una relación existente, pero no está diseñado para eso. Esto estaría en línea con lo que dicen otras investigaciones, que apuntan a que las parejas son más felices si comparten a menudo información personal. Abrirse y explicar asuntos íntimos también ayuda a afianzar la amistad.

¿Las podríamos usar en otros ámbitos, como el trabajo, por ejemplo?

Sí. De hecho, cuando desarrollamos esta técnica en 1997, la probamos con los asistentes a una conferencia, separándolos a todos por parejas. En clase lo hago continuamente: separo a los estudiantes de forma aleatoria (¡no quiero crear romances!) para que contesten las preguntas, y durante la clase siguiente hablamos sobre el cuestionario y sus implicaciones.

Mandy Len Catron habla en su artículo de que hay que terminar el cuestionario mirándose a los ojos durante cuatro minutos, pero esto no estaba publicado en el estudio original.

No formaba parte del estudio, pero tampoco se lo inventó: sí estaba incluido en una versión anterior sobre cómo se desarrollan los sentimientos románticos. Aunque eran tres minutos. Esa idea vino de una investigación de Zick Rubin, que comprobó que las parejas que decían estar más intensamente enamoradas también pasaban más tiempo mirándose a los ojos.

De esta versión anterior del estudio salió una pareja, que acabó casándose. Para este trabajo sí que buscamos a participantes heterosexuales de sexo opuesto y edad similar. El cuestionario, que era más breve, incluía algunas preguntas diferentes. Por ejemplo, se les pedía que imaginaran que participaban en una obra de teatro y que tenían que decir “te quiero” a su compañero o compañera.

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¿El amor se puede buscar de forma consciente, como apunta Catron en su artículo?

Es una buena pregunta, pero realmente no lo sabemos. Nuestra imagen idealizada del amor sugiere que es más bien algo que nos ocurre, pero eso no quiere decir que no podamos elegirlo. Por ejemplo, hay matrimonios concertados que explican que han desarrollado un unos sentimientos muy románticos. Se trata de parejas en las que ha habido cierto margen de elección antes de la boda, además de encuentros previos, y eso podría apuntar que hay alguna capacidad de decisión a la hora de enamorarse. Es una idea interesante, pero difícil de probar. Si planteáramos un experimento sugiriendo que el resultado podría ser que los participantes se enamoraran, sería muy difícil que hubiera predisposición real.

En todo caso, sí que podemos elegir conscientemente profundizar y reforzar una relación que ya existe. Y también sabemos que hay circunstancias que pueden ayudar a que se cree atracción romántica, como el miedo o la tensión.

¿Resulta complicado estudiar temas como el amor o la amistad?

Sí, es difícil, pero por eso lo hago. La psicología social consiste en escoger un tema que aparentemente no se puede estudiar científicamente y dedicarte a él durante años. En gran parte, las 36 preguntas salieron de esta necesidad de controlar algo tan complejo como la amistad, y ayudar así a que los estudios fueran más rigurosos. Hoy en día contamos también con otras herramientas en este sentido, como las resonancias magnéticas del cerebro.

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Usted lleva 40 años casado con la también doctora en psicología Elaine Aron. ¿Cree que estudiar estos temas le ha ayudado en su matrimonio?

Sin duda. Nuestra relación nos da ideas para investigar y al revés, nuestra investigación nos ayuda en nuestra relación.

Entonces, ¿es buena idea leer lo que dice la ciencia acerca del amor para que nos vaya mejor con nuestra pareja?

Desde luego. Además, hay que tener en cuenta que las relaciones de pareja están influidas principalmente por cuatro o cinco factores. Uno de los más importantes y sobre el que tenemos más control somos nosotros mismos. Si pasamos por una depresión, sentimos ansiedad o nos mostramos inseguros, es más probable que nuestra relación también pase por un mal momento. Hay que hacer algo para arreglarlo; por ejemplo, acudir a terapia.

Las relaciones también se ven afectadas por el estrés, sobre el que tenemos menos control. Por ejemplo, en el caso de vivir en una zona de guerra.

También se ven influidas por lo que piensan amigos y familiares sobre nuestra pareja. Esto es algo a lo que damos poca importancia en occidente, pero cuando se tienen hijos, la familia pasa a tener mucho peso.

Hay factores positivos que influyen en la relación. Por ejemplo, es importante hacer en pareja cosas nuevas y que supongan un reto al menos una vez a la semana. Hay que recordar que al principio, todo lo que va encaminado a afianzar una relación es nuevo y excitante, pero se corre el riesgo de caer en rutinas. Emprender actividades novedosas nos ayuda a reconstruir esta sensación de los primeros días.

Otro factor importante es la capitalización. Si tu pareja tiene éxito, celebradlo juntos. Celebrar los éxitos de la pareja tiene más efectos positivos para la relación que apoyarla en los momentos bajos.

Uno de mis ejemplos favoritos es personal: mi esposa había enviado un estudio a una revista muy prestigiosa y era muy difícil que llegara a publicarse. Ella estaba fuera de casa y yo recibí el correo electrónico en el que el director no sólo le decía que lo iban a publicar, sino que además le había encantado. Imprimí ese correo electrónico a tamaño póster, lo enmarqué y lo colgué en la puerta, por fuera, para que lo viera nada más llegar. Fue algo estupendo.

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