'Nadie debería enfrentarse solo al cáncer': las columnas de Henning Mankell sobre su enfermedad

Mankell, como Oliver Sacks, eligió un altavoz más allá de sus libros: tribunas en diarios para abordar su enfermedad terminal

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Mankell, en noviembre de 2014.
Mankell, en noviembre de 2014..

El día que te dicen que tienes cáncer puede ser algo parecido a como lo contó Henning Mankell.

De repente fue como si la vida se estrechara. Aquella mañana, recién estrenado el año 2014, cuando me dieron el diagnóstico de cáncer, fue como si la vida se encogiera. Escaseaban las ideas, una especie de paisaje desértico se me extendía por dentro, en la cabeza. Puede que no me atreviera a pensar en el futuro. Era territorio incierto, minado. Así que volvía continuamente a la infancia.

Dado que todos conocemos al cáncer -en primera persona o en nuestro círculo cercano- sabemos de qué está hablando. La experiencia es similar, pero la diferencia en casos como el de Henning Mankell, fallecido este lunes, o también recientemente el de Oliver Sacks, está en que siendo maestros de contar cosas decidieron narrar su rutina del día a día cuando sabían que la enfermedad era terminal. Y lo compartieron en tribunas de periódico, llegando, por tanto, no sólo a los lectores de sus libros.

Oliver Sacks eligió despedirse utilizando The New York Times como altavoz, en una columna cuya posterior publicación en El País fue compartida más de 80.000 veces en Facebook. "En el tiempo que me queda, tendré que arreglar mis cuentas con el mundo", escribió en la tribuna titulada De mi propia vida. El texto acababa con estas líneas: "Sobre todo, he sido un ser sensible, un animal pensante en este hermoso planeta, y eso, por sí solo, ha sido un enorme privilegio y una aventura".

Mankell, maestro sueco de la novela negra, ha muerto a los 67 años, un año y 10 meses después del día en que le diagnosticaran un tumor cancerígeno en el pulmón izquierdo con metástasis en la nuca y sintiera que "la vida se estrechaba".

Desde aquel 8 de enero de 2014 publicó varios artículos en el diario sueco Göteborgs-Posten y en The Guardian, en una serie titulada Henning Mankell sobre vivir con cáncer. Su intención, escribió, era abordar el cáncer "desde la vida y no la muerte". De su experiencia también queda un libro, titulado Arenas movedizas (El País ofrece en este link el primer capítulo).

La lectura de las cinco tribunas que publicó el año pasado funcionan como un recorrido de su modo de enfrentarse al diagnóstico de enfermedad terminal. Estos son algunos extractos:

  • 12 de febrero de 2014. Lo que sientes al ser diagnosticado de cáncer.  "Un día, Eva, mi esposa, me dijo: 'Debes escribir sobre la espera. El diagnóstico del cáncer y su cuidado suponen mucha espera. Y eso es difícil para todos los involucrados' ". Es duro y puede resultar imposible de aguantar, relata porque mientras toca esperar uno se siente tremendamente impotente. Y hay muchas esperas: la del diagnóstico, la del tratamiento... "Mis pensamientos están con aquellos que no tienen alguien con quien puedan compartir la angustia asociada a la espera".
  • 22 de marzo de 2014. . Nadie debería enfrentarse solo al cáncer. Dos meses después de su diagnóstico, Mankell recuerda que la posibilidad de que esta enfermedad termine con su muerte está siempre presente y vuelve a lamentar que haya tanta gente “desesperadamente sola con su cáncer. Que apenas tienen a alguien con quien compartir sus tormentos, nadie con quien comentar sus preocupaciones, la angustia, el pánico que a menudo se cierne durante las noches”. El escritor asegura que nadie debería estar en esta situación. “Es un reto no sólo para los servicios sanitarios, sino para la totalidad de nuestra cultura. La soledad que hemos permitido que se expanda durante los últimos 50 años y se convierta casi en la norma está condenándonos cada vez más a una sociedad que es básicamente inhumana, en la que la solidaridad y el amor fraterno se han convertido en la excepción”.
  • 27 de abril de 2014. .Una mala noche antes de los resultados de mis pruebas del cáncer.Tras una mala noche, Mankell se reunió con su doctor. Escribe que era consciente de que en el tratamiento de su enfermedad trabajaban más médicos y enfermeras, pero “era importante para mí que me viera el mismo médico cuando llegaba el momento de evaluar cómo había evolucionado la quimioterapia”. Según explica, “Bergman escogió sus palabras con cuidado. Quería ser preciso. No quería decir demasiado ni demasiado poco”. Mankell dejó el hospital más tranquilo tanto por los resultados como por la conversación con su médico: “Los doctores que recuerdo con más claridad son aquellos que mostraron lo que puede ser descrito, al menos por mí, como las sutilidades del arte del tratamiento médico. El alivio, el consuelo, puede que incluso la cura, siempre requiere un diálogo en el que el paciente y el doctor aprenden a hablar el uno con el otro”. No basta sólo con la medicación: “¿Hay algo más importante para un paciente de cáncer que la convicción de que nos están diciendo la verdad y podemos creer las palabras que oímos?
  • 22 de mayo de 2014. La importancia de la investigación sobre el cáncer. Acaba de terminar la primera ronda de su tratamiento de quimioterapia. “Durante el tratamiento que he recibido, he intentado familiarizarme con la historia de la investigación sobre el cáncer y veo claro que se trata de uno de los triunfos del esfuerzo de la humanidad. Hoy en día parece que se descubren tratamientos casi cada mes. Como la quimioterapia que se centra en detalles más precisos. Medicinas que se pueden dirigir a tipos específicos de carcinógenos. Por lo que me cuenta el doctor Bergman, que dedica parte de su tiempo a la investigación, una gran parte del trabajo se ha de emplear simplemente en mantenerse al día de lo que ocurre en este campo”. Y añade: “El sueño de erradicar el cáncer es aún muy distante, pero aun así la realidad práctica ilustra las brillantes victorias parciales que estamos consiguiendo continuamente”.
  • 16 de septiembre de 2014.Hay días llenos de oscuridad. "Nunca tengo el sentimiento de estar viviendo lo que se suele llamar 'tiempo prestado'. No existe tal cosa. No tengo ninguna duda de que mi tiempo es mío y sólo mío. No sé cuánto durará. Intento no pensar en eso, porque no tiene sentido, y trato de vivir como si todo fuera normal", escribió ocho meses después de que le diagnosticaran su enfermedad. Admite que contarlo así podría sonar como si viviera "un estado de calma completa. Supongo que eso es verdad en cierto sentido. Pero al mismo tiempo hay días llenos de oscuridad. Cuando la voz que uso para hablar conmigo está envuelta en tela de luto. Días que cuestan, deprimentes. Días en los que lo único que puedo hacer es apretar los dientes y forzarme a pensar en otra cosa. Suele funcionar. Hay pocos días en los que el temor gana la partida. Por lo general soy más fuerte que las sombras que tratan de arrastrarme a un abismo espiritual. Es posible vivir con cáncer. Es posible luchar contra él. Nunca es demasiado tarde. En cierta manera, todo es aún posible".

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