La fiesta de La Maya, la tradición de Colmenar Viejo que ha seducido al World Press Photo

Daniel Ochoa de Olza ha quedado segundo clasificado en los premios fotográficos con estas imágenes

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Cada año, los premios World Press Photo nos acercan historias remotas a través de la fotografía. Con sus imágenes, descubrimos maravillas de la naturaleza, el día a día de zonas de conflicto o un instante deportivo irrepetible congelado en el tiempo. El navarro Daniel Ochoa de Olza, galardonado en una de las categorías de este año, da a conocer al mundo y a muchos españoles la Fiesta de La Maya, una tradición medieval de la localidad madrileña de Colmenar Viejo.

Desde la Edad Media, niñas y preadolescentes hieráticas rodeadas de un altar de flores celebran cada 2 de mayo la feminidad, la fertilidad y la primavera. A pesar de celebrarse desde hace siglos, para muchos pasa desapercibido este rito que forma parte del folclore español y que ha llamado la atención de los prestigiosos premios fotográficos creados en Holanda en 1955.

Hace años, nació en Daniel Ochoa de Olza un especial interés por las tradiciones antropológicas y la etnografía. Por eso suele investigar con su cámara sobre ello, cuenta a Verne él mismo a través de la línea telefónica. El fotógrafo trabaja para Associated Press y fue quien propuso el tema a la agencia de noticias. "Hay una enorme riqueza cultural en la península ibérica y es paradójico que nos pase desapercibida cuando está tan cerca", comenta Ochoa, ganador del segundo premio en la categoría Gente con este trabajo, que se puede ver en este enlace.

Daniel Ochoa de Olza

Niñas de entre seis y quince años "visten de forma muy decorada, con mantones de manila, puntillas y coronas florales", explican a Verne desde la Concejalía de Festejos del Ayuntamiento de Colmenar Viejo. Cada año participan cinco o seis grupos o peñas, que crean cada uno un altar en la plaza principal o en las calles adyacentes con su propia maya, la representación de la diosa de la fertilidad.

La niña elegida para permanecer inmóvil se rodea de flores y plantas como el tomillo o romero, recogidas en la zona. La intención original de esta ceremonia pasaba por festejar el resurgir de la naturaleza tras el letargo invernal, solicitando a través de la ofrenda que la tierra volviera a dar sus frutos un año más. "Una celebración muy similar sigue ocurriendo en el barrio de Lavapiés, en pleno centro de Madrid", recuerda Ochoa.

La de Colmenar Viejo es una fiesta "muy sencilla en su concepción pero muy elaborada en su realización", dice el navarro. "Como fotoperiodista, no debes manipular ni alterar la realidad y has de trabajar con lo que tienes. En casos como el de esta celebración es una suerte que el escenario aporte tantos alicientes estéticos. La labor del fotógrafo es mucho más sencilla. Es como un cocinero que cuenta con muy buenos ingredientes, solo tiene que preocuparse de no estropearlos", compara.

Daniel Ochoa de Olza

Antes de clasificarse en los premios World Press Photo, su serie fotográfica sobre la Fiesta de la Maya había atraído la atención de los medios internacionales, que descubrían la tradición de Colmenar Viejo a través del trabajo del español. El diario británico The Guardian y la publicación rusa Gazeta publicaron una galería de imágenes en mayo de 2015.


El fotógrafo español también ocupaba el tercer lugar en la categoría Gente con su serie de imágenes dedicada Víctimas de los ataques de París. Este reportaje puede verse con más detalle a través de este enlace. Poco después, la agencia Associated Press solicitó que se retiraran las fotografías del concurso ya que habían sido enviadas por error y  el reportaje nunca había llegado a distribuirse, aseguró a través de un comunicado.

Imagen de la serie dedicada a víctimas de los atentados de París

Daniel Ochoa de Olza no es un desconocido para los World Press Photo. En 2013 también fue finalista del certamen fotográfico con sus retratos a Juan José Padilla. Fue su interés por las fiestas populares españolas el que le aproximó al torero. Registró su vuelta a los ruedos en Olivenza, tras la grave cornada por la que perdió un ojo y sufrió una parálisis facial. El navarro, que no era experto en la materia, decidió seguir a Padilla el resto de la temporada por varias plazas para completar el proyecto.

Uno de los retratos de Daniel Ochoa de Olza a Padilla

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