"Esto son callos, callos": este chef engaña a carnívoros con sus platos vegetarianos

Makro lanza una campaña publicitaria para rendir homenaje a los hosteleros españoles

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Rodrigo de la Calle es un chef que ha popularizado la gastrobotánica, una forma de cocina que se basa en los productos frescos de temporada y prescinde de las grasas animales. La cadena mayorista Makro, en colaboración con la Federación Española de Hostelería, le plantea un reto que ha recogido en tres vídeos publicados en YouTube. El cocinero enfrenta sus recetas a clientes difíciles, que solo quieren comer carne. Para ello idea fórmulas con las que engañar al paladar de un grupo de niños, uno de ancianas y uno de moteros.

Esta campaña publicitaria busca honrar a sus clientes, los hosteleros, que "es un colectivo que aporta al país. Es un imán para el turismo, genera 1,5 millones de empleos y más de un siete por ciento del PIB. Queremos poner en valor a los hosteleros a pie de calle, más allá de las grandes estrellas Michelin", explica a Verne Lucía López-Rúa, directora de Comunicación y Branding de Makro.

En uno de los vídeos ideados para Internet, cuatro ancianas aceptan la invitación de acudir al restaurante en Collado Mediano (Madrid) de Rodrigo De la Calle, El invernadero. Llegan con suspicacias por "la cocina moderna" que se sirve en el establecimiento. Fantasean con chorizo y con callos, pero a cambio reciben Salsifíes con jugo de Avellanas. "¿Esta hierbecita qué es?", "Pero, ¿tú usas la sal?", protestan las señoras. De nada sirve que se les explique que un preciado alimento que llega del Japón, el chef se marcha por donde ha venido con su plato.

Decide entonces engañar a sus estrictas comensales sustituyendo los callos por productos de su cocina de similar textura: un alga llamada cochayuyo y piel de tofu. Las abuelas esperan con ganas al cocinero: "Se dice ched ahora, que es más moderno", dicen con retranca. Cuando prueban el segundo plato disfrutan de la salsa y quedan encantadas. "Esto son callos, callos", determina una de ellas. Cuando descubren que son callos vegetales y que De la Calle les ha colado de nuevo el salsifí, admiten la derrota.

Rodrigo de la Calle enfrenta con éxito situaciones similares ante un grupo de niños y de moteros. Junto a estos vídeos, Makro presenta un estudio que describe el perfil del llamado "cliente difícil", el que llega a protestar en un restaurante. Aunque no destaca ningún género concreto, la franja de edad se acota entre los 30 y los 60 años. "No reclaman ni los clientes muy jóvenes ni los mayores", apunta Lucía López-Rúa.

La directora de Comunicación de la compañía destaca que los más protestones son los clientes habituales, "porque tienen experiencia previa en el establecimiento, saben lo que pueden esperar y vencen la timidez inicial". Los hosteleros preguntados confiesan que reciben más quejas de clientes que acuden al restaurante por ocio y durante el fin de semana, que es cuando el comensal "tiene más expectativas, ya que forma parte de sus placeres privados", comenta.

Makro decidió crear vídeo para YouTube con la intención de llegar a un público más amplio que el que presta atención a los estudios o los gráficos. "Por lo general, somos impacientes", apunta López-Rúa. Los profesionales de este sector lamentan que "sus clientes sean muy lentos a la hora de pedir y en cambio quieran que se les sirva el menú elegido con gran rapidez".

España es poco dada a las hojas de reclamaciones. Solo un uno por ciento las usa. En cambio, más del ocho por ciento recurre a Internet para firmar una reseña negativa. ¿Somos poco dados al enfrentamiento directo o nos resulta más accesible recurrir a la red? Hay un poco de las dos cosas, admite una de las responsables de esta campaña.

Makro también organiza un concurso en sus redes sociales para que hosteleros cuenten sus experiencias con otros clientes difíciles.

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