Adrian Fisher, el hombre que ha diseñado más de 700 laberintos

En 2015 conseguió su séptimo récord Guinness por colocar un laberinto de 200 metros de altura sobre la fachada de un rascacielos de Dubai

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Los laberintos siempre han acompañado al hombre, desde la Edad de Bronce hasta poblar los cuentos de Jorge Luis Borges, pasando por tiempos egipcios, etruscos, barrocos o medievales. Símbolo del tortuoso camino hacia Dios o hacia el interior de uno mismo, trampa para espíritus o método de protección, el más famoso, tal vez, fue aquel que dicen que estaba en Creta, en cuyo centro habitaba el Minotauro y del que Ícaro intentó escapar con alas de cera. En otros se perdieron Alicia, en el País de las Maravillas, o el mago Harry Potter. Todavía hay laberintos: los de hoy en día, ya lejos de fantasías y misticismos, están en parques científicos o de atracciones, zoológicos o castillos, caserones señoriales o granjas, recintos públicos o privados.

Si escapar del laberinto es difícil también lo es diseñarlo. ¿Quién inventa estos laberintos contemporáneos? Uno de los creadores más importantes en la actualidad es el británico Adrian Fisher, que consiguió en 2015 su séptimo récord Guinness por colocar un laberinto de 200 metros de altura sobre la fachada de un rascacielos de Dubai, el Al Rostamani Maze Tower. De noche este laberinto de 57 pisos se ilumina en varios colores gracias a los Led de la empresa española Grupo MCI, formando curiosos arabescos contra la negritud del cielo. Todo un reto para el mismísimo Spiderman.

Fisher construyó su primer laberinto siendo un niño, en el jardín de su padre, en el sur de Inglaterra. "Estaba intrigado por visitar otros, pero no había muchos en los años 70", explica a Verne, "pronto empecé a recibir encargos para crear laberintos, incluido uno para el National Trust [la organización que conserva los monumentos británicos], que fue inaugurado por el Arzobispo de Canterbury, primado de la Comunión Anglicana". A partir de ahí la demanda fue en aumento hasta llegar a los más de 700 ingenios que ha puesto en pie en 35 países. Un trabajo que le lleva de viaje por todo el mundo conociendo todo tipo de culturas. "Tengo una especial capacidad para la visión tridimensional, de ahí sale mi habilidad para proyectar laberintos".

Algunas de sus obras más curiosas, además del rascacielos de Dubai, son el primer laberinto construido en un maizal, sus laberintos hinchables o subterráneos, los formados por chorros de agua o por baldosas, un laberinto navideño en Hong Kong o un laberinto temático sobre los Beatles, en Liverpool, que incluía un submarino amarillo de 18 toneladas y que fue inaugurado por la reina de Inglaterra. En el parque temático Port Aventura, en Tarragona, es autor del laberinto de espejos de la atracción El secreto de los mayas.

No existen estudios para dedicarse al diseño de laberintos y eso que los aspectos a dominar son variopintos: en ellos pueden confluir cuestiones de horticultura, estructurales y técnicas. "Podríamos comparar esta labor con el patinaje sobre hielo, que tiene su faceta artística y otra técnica. Muchos de nuestros proyectos cuentan una historia, así los visitantes tienen el doble placer de resolver el puzzle y además descubrir sus significados ocultos". Cada laberinto es único y es diseñado en colaboración con el cliente, "así se consigue un resultado aún más especial".

Un laberinto, según Fisher, es la obra de arte más grande que se puede imaginar inscrita en un paisaje. Hay quien podría ver en algunos de ellos una pieza de land art. Utiliza diferentes materiales como setos, vallas de madera, pavimento, torres de albañilería, puentes, puertas o chorros de agua. En sus laberintos de espejo usa una red de caminos triangular, cámaras que se estrechan, abismos infinitos, suelos rotantes, láseres o efectos sonoros con los que produce alucinantes efectos sensoriales. Le gusta diseñarlos a mano, al estilo tradicional, aunque es inevitable que la tecnología se vaya introduciendo en el oficio. Por ejemplo, software para crear modelos en 3D del diseño original o drones que permiten obtener vistas aéreas de las construcciones: hay clientes que piden que desde el cielo se vea la figura de una cabeza de león o una calavera.

Este creador de laberintos piensa que a todos nos gusta sentirnos un poco perdidos, no tener todas las respuestas, tentar los caminos pero lograr escapar antes de que la desorientación deje de ser divertida. La pregunta es obligada: ¿Qué pasa si algún visitante no logra encontrar la salida? Fisher nos tranquiliza: "Parte del proceso de diseño consiste en calcular cuánto tiempo durará la visita media y asegurarse de que nadie se perderá para siempre. ¡Por el momento no hemos tenido que utilizar un helicóptero para rescatar a nadie!".

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