Vamos a llamar a las nubes por su nombre

El otoño es época de nubes y con esta breve guía además de disfrutarlas aprenderás a nombrarlas

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Todos nos hemos parado alguna vez a contemplar, fascinados, las infinitas formas que las nubes adoptan en el cielo. Estamos además en un momento en que están de bastante actualidad, pues están muy activas, como toca en el otoño. Pero ¿nos hemos preguntado alguna vez qué es una nube? Según la Organización Meteorológica Mundial, una nube es un meteoro consistente en partículas diminutas de agua líquida o hielo, o de ambas, suspendidas en la atmósfera y que en general no tocan el suelo. Podemos desterrar un mito muy extendido: las nubes no están formadas por vapor de agua. Si así fuera, no las podríamos observar, ya que el vapor de agua es invisible.

Como todo aquello que es observado por el ser humano, las nubes han de ser agrupadas, clasificadas. Y para ello los meteorólogos utilizan una nomenclatura científica ideada en el siglo XIX por un farmacéutico británico llamado Luke Howard. Su principal virtud es ser capaz de aglutinar el sinfín de formas y disposiciones que adoptan en unos pocos grupos. Está inspirada en la taxonomía que Linneo aplicó a los seres vivos y, como aquella, utiliza términos en latín.

La clasificación básica de las nubes es el género, que atiende a sus características esenciales y rasgos típicos. Existen diez, los cuales a su vez se agrupan en cuatro tipos principales, en función de la altitud a la que se encuentran: nubes altas, medias, bajas y de desarrollo vertical.

Nubes altas que no dejan lluvia

Son aquellas que en nuestras latitudes aparecen entre unos 5 y 13 km de altitud. En esos niveles la temperatura es tan baja que el vapor de agua de la atmósfera se convierte directamente en cristalitos de hielo, dando lugar a los Cirrus, Cirrocumulus y Cirrostratus. Son nubes muy finas y no dejan lluvias, aunque su presencia a veces puede indicar un cambio de tiempo, cuando están asociadas a la parte delantera de un frente cálido.

Cirrus: son nubes con forma de fibras o hebras, de aspecto delicado y de un blanco brillante. Parchean el cielo, sin cubrirlo por completo, de modo que su presencia no es óbice para que luzca el sol.

Cirrus. Santa Cruz de Tenerife. Rubén del Campo Hernández

Cirrocumulus: muy parecidas a las anteriores, pero formadas por unidades muy pequeñas de aspecto más bien redondeado en lugar de fibroso.

Cirrocumulus. Observatorio Atmosférico de Izaña (Tenerife). Rubén del Campo Hernández

Cirrostratus: nubes tenues que cubren una gran extensión de cielo, pero son muy finas y dejan pasar la luz del sol. A veces forman halos, un fenómeno consistente en un círculo luminoso alrededor del sol.

Cirrostratus. Santa Cruz de Tenerife. Rubén del Campo Hernández

Nubes medias, las que vemos en otoño

Generalmente se sitúan entre 2 y 6 km de altitud, aunque estos límites pueden variar. Están formadas normalmente por gotitas de agua líquida, a pesar de hallarse muchas veces a temperaturas inferiores a los cero grados Celsius (este fenómeno se denomina subfusión). Son nubes más densas, de aspecto grisáceo, y en muchos casos dejan lluvia o nieve; precipitaciones que caen de forma continua y más o menos suave, como la que solemos asociar a los días otoñales.

Altocumulus: son los típicos borreguitos, nubes formadas por unidades de tamaño mediano distribuidas en el cielo más o menos regularmente. A veces indican la llegada de un frente que puede dejar lluvias, lo cual ha quedado reflejado en refranes como “borreguitos en el cielo, charquitos en el suelo”.

Altocumulus. Santa Cruz de Tenerife. Rubén del Campo Hernández

Altocumulus lenticularis: un tipo especial de este género lo componen las nubes lenticulares, aquellas que nos recuerdan a ovnis, lentes o almendras, y que se forman por la interacción entre los vientos fuertes y un obstáculo montañoso.

Altocumulus lenticularis. Observatorio Atmosférico de Izaña (Tenerife). Rubén del Campo Hernández

Altostratus: estas unas nubes le dan al cielo un aspecto tristón, pues normalmente lo cubren por completo y sustituyen el azul por el gris. Si no son muy densas, podemos ver el sol a través de ellas, aunque un poco difuminado. Si su grosor es considerable, lo ocultan por completo y pueden dar lugar a precipitaciones, habitualmente débiles o a lo sumo moderadas.

Altostratus. Observatorio Atmosférico de Izaña (Tenerife). Rubén del Campo Hernández

Asperitas: no podemos pasar por alto este rasgo suplementario que se presenta en Altostratus, aunque también pueda verse en otros géneros. Los Asperitas todavía no han sido reconocidos oficialmente por la Organización Meteorológica Mundial, pero las ondulaciones y protuberancias que aparecen en la base de las nubes le dan un aspecto espectacular.

Altostratus Asperitas. Observatorio Atmosférico de Izaña (Tenerife). Rubén del Campo Hernández

Nimbostratus: Es un género complicado de asignar. Nimbus significa “lluvia” en latín, así que ya nos podemos imaginar que estas nubes están asociadas a precipitaciones, moderadas o fuertes, que caen de forma más o menos continua en un área amplia. Son nubes densas, que cubren completamente el cielo dando lugar a jornadas oscuras y plomizas.

Nimbostratus. Santa Cruz de Tenerife. Rubén del Campo Hernández

Las nubes bajas amenazan , pero mojan poco

Son aquellas que se encuentran por debajo de los 2 km de altitud. Por estar cerca del suelo, a veces tienen un aspecto bastante amenazador, pero que a lo sumo se traduce en lloviznas o alguna lluvia débil. En nuestras latitudes están formadas casi siempre por gotitas de agua líquida.

Stratocumulus: nubes bastante habituales en nuestros cielos, similares a los Altocumulus pero formados por unidades mayores y que se mueven más deprisa. En muchas regiones de España se asocian a vientos de procedencia septentrional, como los alisios en Canarias o el cierzo en el valle del Ebro.

Stratocumulus. Lodosa (Navarra). Rubén del Campo Hernández

Stratus: estas nubes, que bien pueden tener un aspecto uniforme o disponerse en jirones, suelen situarse muy cerca del suelo o en contacto con la superficie. En este caso dan lugar a brumas o nieblas. En ocasiones dejan lloviznas, que en las distintas regiones donde son habituales adquieren nombres populares, como orbayu o xirimiri.

Stratus. Parque Nacional del Teide (Tenerife). Rubén del Campo Hernández

Las tormentas de verano caen de nubes de desarrollo vertical

Algunas veces, sobre todo en primavera y verano, vemos aparecer de la nada unas nubes que conforme avanza la tarde van ganando tamaño, sobre todo verticalmente y que pueden dar lugar a chubascos. Comienzan su crecimiento en niveles bajos, pero conforme ganan tamaño pueden alcanzar los niveles medios e incluso los altos.

Cumulus: son las típicas nubes que crecen, separadas unas de otras, a partir del mediodía en días cálidos de primavera y verano. Su parte superior tiene forma de coliflor. En general no tienen consecuencias y se les llama “nubes de buen tiempo”, pero ocasionalmente pueden dar lugar a precipitaciones en forma de chubascos, es decir, lluvias que comienzan y acaban de forma brusca y que caen con cierta intensidad.

Cumulus. Madrid. Rubén del Campo Hernández

Cumulonimbus: si se dan las condiciones adecuadas (por ejemplo, que haya aire cálido y húmedo en la superficie y aire frío en altura) los cumulus pueden seguir creciendo más y su parte superior adquirir forma de yunque. Entonces hablamos de Cumulonimbus, nubes muy densas y de gran tamaño (alcanzan en ocasiones altitudes superiores a los 13 km), que pueden dar lugar a chubascos fuertes con granizo, todo ello acompañado de vientos fuertes y, por supuesto, tormentas: siempre que veamos un rayo o un relámpago o escuchemos un trueno, podremos afirmar que hay Cumulonimbus en los alrededores.

Cumulonimbus. Madrid. Rubén del Campo Hernández

Este es solo un pequeño muestrario de la infinidad de formas y aspectos que pueden presentar las nubes. La próxima vez que veas una nube, además de disfrutar con su observación, puedes tirar de esta breve guía para llamarla por su nombre.

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