Hacer aspavientos es peor: cómo actuar cuando se te acercan y pican abejas y avispas

Puedes embadurnarte en barro, que no te servirá de nada

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El 3% de la población es alérgica al veneno de avispas y abejas.
El 3% de la población es alérgica al veneno de avispas y abejas..

El verano pasado, el doctor Lluís Marquès, miembro del Comité de Alergia a Himenópteros de la Sociedad Española de Alergología, se disponía a hacer una fotografía a un nido de avispas para enseñarla luego en una conferencia, cuando sufrió la picadura de una de ellas.

Debido a su formación, Lluís Marquès sabía perfectamente cómo actuar en estos casos. Al notar que sus síntomas se limitaban al picor, al enrojecimiento y a una inflamación del tamaño de una uña, descartó la posibilidad de estar sufriendo una reacción alérgica. "Cuando sufres una picadura de avispa o de abeja, siempre que sea posible, conviene hacer dos cosas. Primero, lavártela con agua y jabón para evitar infecciones. Segundo, aplicar hielo para reducir el dolor y la hinchazón", cuenta el doctor Marquès a Verne.

Y, de todas las enseñanzas que hemos heredado del conocimiento popular, ¿hay alguna que sirva? ¿El barro? ¿La orina? ¿El ajo? ¿El vinagre? ¿La pasta de dientes?

El doctor Marquès explica que ningún estudio científico avala la eficacia de estos métodos populares. Hay algunos inocuos, como echar orina al picotazo. Pero hay otros que traen más riesgos que soluciones. "En un principio, el barro, al estar frío, puede causar cierto alivio. Pero es probable que, por estar lleno de bacterias, acabe infectando el punto de entrada, por lo que es desaconsejable", advierte.

La doctora Teresa Alfaya, presidenta del Comité de Alergia a Himenópteros, solo recuerda haber sufrido un picotazo en su vida. "Estaba en el campo cuando, al mover un brazo, me topé con una avispa. Fue bastante doloroso. Además de lavar el picotazo y de aplicar frío, de haberla tenido, me habría aplicado alguna pomada de corticoides", dice.

Por suerte para ella, la doctora Alfaya, como el doctor Marquès, no se encuentra entre el 3% de la población que, según las estadísiticas de la Sociedad Española de Alergología, es alérgica al veneno de las avispas y de las abejas. Según las mismas fuentes, hasta cuatro personas mueren al año en España por las picaduras de avispas y de abejas.

No existe una prueba precisa que anticipe si una persona es alérgica a este veneno. Por tanto, los doctores consultados recomiendan acudir rápidamente a un médico si, al sufrir un picotazo, se presentan los siguientes síntomas:

  • Cuando el área del picotazo presenta una inflamación superior a los diez centímetros de diámetro.
  • Si se produce una reacción generalizada, ya sea a través de erupciones lejanas al picotazo, dificultades respiratorias, mareos, disminución del nivel de conciencia, vómitos o diarrea.

Los tratamientos contra la alergia por veneno de himenópteros -el orden de insectos que comprende a avispas, a abejas y a hormigas, entre otros- ofrecen las tasas de curación más altas entre todas las vacunas para la alergia, llegando al 95%, según un informe reciente de la Sociedad Española de Alergología. Eso sí, conviene armarse de paciencia, porque son tratamientos largos, consistentes en la administración periódica, en dosis crecientes y durante un periodo mínimo de cinco años, del veneno al que el paciente esté sensibilizado.

Además, a todas las personas que hayan sufrido alguna reacción generalizada se les recomienda que lleven encima un autoinyector de adrenalina, para usarlo en caso de necesidad. Como hace el entomólogo Luis Óscar Aguado, a quien el picotazo de una avispa en un párpado condujo al hospital hace seis años. Ahora está obligado a tomar este tipo de precauciones porque, pese a su alergia, sigue trabajando con himenópteros.

¿Cual es más puñetera, la abeja o la avispa?

Aunque tendamos a meterlas en el mismo saco, conviene diferenciar a las abejas y a las avispas. Y no solo para hablar con propiedad desde un punto de vista entomológico, sino porque distinguirlas puede ayudarnos a aliviar el dolor que nos producen sus picotazos.

El aguijón de las abejas, por lo general, según nos explica Luis Óscar Aguado, tiene forma de arpón y se queda clavado en la piel de las personas después del picotazo. El aguijón sigue soltando su veneno durante varias horas, de manera que, si lo retiramos pronto, reduciremos los efectos de la picadura. Para retirarlos, siempre será recomendable usar unas pinzas. Pero como no siempre tendremos unas a mano, bastará con usar los dedos.

Esto sucede porque, al mismo tiempo que pierden su aguijón, las abejas se desprenden de una parte de sus intestinos, que siguen bombeando el veneno hacia el interior de nuestro cuerpo. Al perder sus intestinos, las abejas normalmente mueren. Por tanto, al dejarte su aguijón, las abejas no están pensando en fastidiarte, sino que están protagonizando una acción heroica: se sacrifican para alejar posibles amenazas de sus colmenas y de sus crías.

Encontrarse con un grupo de avispas es más complicado, ya que su comportamiento suele ser más agresivo: son cazadoras y usan su veneno para adormecer a sus presas y no solo para defenderse. Mientras que las abejas suelen volar a tu alrededor de forma más ostensible para advertir sobre su presencia, las avispas -que no pierden su aguijón tras el picotazo- suelen atacar con menos preámbulos.

"Mientras que los repelentes contra mosquitos suelen tener una efectividad muy alta, no existe un producto equivalente para las abejas y las avispas. La única prevención efectiva, por tanto, es evitar las situaciones de riesgo", nos dice la doctora Alfaya.

¿Y cuáles son las situaciones de riesgo?

1) En primer lugar, y aunque no siempre seamos conscientes de su presencia, la mejor manera de evitar un picotazo es no acercarse a un nido.

2) Si hay alguna avispa o alguna abeja aisladas, la mejor opción es alejarse despacio y sin grandes aspavientos. Los movimientos bruscos harán que estos insectos se sientan más amenazados.

3) Si la presencia de insectos es masiva y amenazante, será mejor que salgas corriendo.

4) Los alergólogos recomiendan no caminar descalzos por zonas en las que suela haber insectos, como son las áreas de picnic, las piscinas o los vertederos.

5) Luis Óscar Aguado llama la atención sobre un detalle que, según su experiencia, tiene importancia: si vas al campo en verano, no laves tu ropa con un suavizante de aroma floral.

6) Las avispas son carnívoras y necesitan proteína animal, por lo que no querrán perderse una buena parrillada. También son muy sensibles a la fruta, a las bebidas azucaradas y al vinagre, por lo que habrá que extremar precauciones en las comidas al aire libre y no amontonar desperdicios. En caso de que aparezca una avispa, la mejor solución es tapar la comida y esperar a que se vaya.

Una gran labor para los humanos

El entomólogo Leopoldo Castro, que a lo largo de su carrera ha descrito dos subespecies que no estaban catalogadas, reconoce que los dos mayores ataques que ha sufrido no procedieron de avispas, sino de abejas. "Uno de ellos ocurrió en un día tormentoso, cuando la atmósfera se encontraba muy cargada. Un grupo de abejas se lanzó contra nuestras cabezas, quizás porque nuestros pelos contenían mucha electricidad. Fuese como fuese, tuvimos que quitarnos unos cuantos aguijones del pelo", explica Castro.

El hecho de que, en su caso, haya recibido más ataques de abejas que de avispas debería recordarnos que, pese a que nos permitamos ciertas generalizaciones, el mundo de las avispas y de las abejas sigue siendo riquísimo y extenso. No siempre son las avispas las que más atacan. "En el mundo hay unas 150.000 especies descritas de himenópteros -según Castro-, de las que las abejas y las avispas que nos pican en España son un porcentaje insignificante".

Aunque sus picotazos sean molestos, tanto Aguado como Castro nos recuerdan la importantísima función que cumplen estos insectos en la naturaleza. Por un lado, las abejas transportan polen en sus cuerpos peludos, lo que las convierte en grandes polinizadoras. Por otro lado, las mismas avispas cuyos picotazos nos producen hinchazones, también controlan a algunas especies que, sin la persecución de las avispas, se convertirían en plagas que minarían nuestros cultivos.

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