Una ventana a la vida de españoles hijos de chinos en España

"Me preguntan por China y yo contestó: 'Y yo qué sé, si soy andaluza"

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Quan Zhou Wu posa en un bar de Lavapiés, una de sus zonas favoritas de Madrid / Álvaro Garcia
Quan Zhou Wu posa en un bar de Lavapiés, una de sus zonas favoritas de Madrid / Álvaro Garcia

Nació en un taxi en Algeciras (Cádiz) en 1989, adora la siesta y al mudarse hace diez años a Madrid dejó de escuchar a su madre preguntar a diario cuándo se iba a buscar marido. Al igual que su hermana mayor, tuvo que viajar al extranjero para mejorar sus perspectivas laborales. La ilustradora Quan Zhou Wu cumple con muchos más tópicos relacionados con España que con China, el país de sus padres. Pero sus rasgos orientales conllevan a menudo anécdotas y malos entendidos con aquellos que piensan que no es española. Los narra en el cómic Andaluchinas por el mundo, que acaba de publicar la editoral Astiberri.

"No sabes la de veces que me preguntan si lo de comer gatos y perros es una leyenda urbana o es verdad. Y yo qué sé, si soy andaluza, les contesto. Menos mal que tengo un sentido del humor algo macabro y me río", cuenta la ilustradora a Verne con su acento del sur. Ya mostró parte de ese conflicto cotidiano en su primera novela gráfica, Gazpacho Agridulce (2015). Ahora continúa el relato autobiográfico con una nueva entrega.

"Cuando la gente me conoce, se le olvida todo a los dos días y ya me ve como una española", cuenta Quan, de 28 años. Dice que no se dio cuenta de que, a ojos de los demás, no era tan española como se sentía hasta que llegó al colegio. La honestidad brutal de los niños le descubrió "lo que muchos adultos pensaban, pero no decían". Algunas de esas contradicciones también eran el tema de las viñetas que publicó durante dos años en EL PAÍS.

"Mi ascendencia china es solo parte del conjunto de lo que soy, pero no es lo único ni lo más importante", dice ahora, mucho más segura de su identidad que en la adolescencia. "Fue la época en la que sufrí mi mayor crisis de identidad. Sentía la presión de tener que elegir qué quería ser en la vida, como el resto de gente de esa edad, sin saber si pertenecía a un país o al otro", recuerda. Quan participó en el reportaje de EL PAÍS sobre hijos de inmigrantes Yo también soy español: "La sociedad española me ve china, no española. Me ven los ojos y ya está", comentaba.

Solo ha viajado una vez en su vida al país de sus padres. "Era la China profunda y aluciné tanto como lo haría cualquiera de mis amigas, aunque me hizo entender mejor la mentalidad de mis padres. Ahora quiero volver a conocer algo más", cuenta.

El relato de Andaluchinas por el mundo se centra en ese momento en que se marchó a vivir a Madrid para estudiar en la universidad: "Pasé de tener que dar explicaciones para todo en mi casa a encontrar una liberación máxima".

En el cómic relata con acuarela digital esas amistades que hacen de familia sustituta cuando dejas tu lugar de origen y también de los amores de juventud. Su primer novio cayó como "una bomba nuclear" en su casa: era español. Con la ruptura llegó de nuevo esa doble carga que tanto pesaba en la adolescencia. "Al mal de amores se sumaba el sentir que había decepcionado a los míos", escribe en su libro.

Aunque con humor, recuerda en sus ilustraciones el enorme abismo cultural y generacional que separaba a ella y a sus hermanas de sus padres. No entendían que sus hijas prefirieran salir a divertirse con sus amigas antes que quedarse a trabajar con ellos en el restaurante. "Por fuerza, cuando nos fuimos marchando de casa, fueron cambiando algo su actitud", explica.

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Andaluchinas por el mundo (Astiberri)

A pesar de la distancia, siguen siendo una familia muy unida que, en vez de reunirse en Navidad, lo hacen durante el año nuevo chino. Es una de las tradiciones que no cambian en su casa.

Mientras estudiaba en Inglaterra, Quan acudió a una boda y una de las invitadas le preguntó por su país. Ella, por la fuerza de la costumbre, comenzó a hablar de China. "Entonces me interrumpió y me dijo que lo que quería era saber sobre España. Me di cuenta de que lo que me había faltado a menudo es que no relacionaran mi identidad con mi raza", asegura.

En su perfil de Instagram cuenta historias mucho más cotidianas y universales. De su particular vida como andaluchina quizá siga dibujando en nuevos cómics. "Bueno, a lo mejor. Ahora mismo no puedo asegurarlo. Yo es que a diferencia de mis padres, vivo al día", cuenta con tono despreocupado.

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