Ni exóticas ni fetiches: personas de distintos orígenes nos hablan de estereotipos sexuales

Los tópicos se meten hasta en la cama y se reproducen entre sábanas

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Fotos cedidas por los protagonistas. Montaje de Anabel Bueno
Fotos cedidas por los protagonistas. Montaje de Anabel Bueno

Ir por la calle y que te confundan con una prostituta. Buscar trabajo y que solo te ofrezcan ser una fantasía erótica para otros. O que tus ojos te clasifiquen como dócil y manejable. Estas situaciones les han pasado a migrantes o personas de distintas razas en España. Y tiene nombre: fetichización de la raza. Un concepto sobre cómo el estereotipo se mete hasta en la cama y se reproduce entre sábanas.

Es el caso de la poeta Lilian Pallares Campo, nacida en Colombia en 1976, con ascendencia india, negra y caucásica. En 2001, al llegar a España, se percató de que su rostro era visto como diferente al del resto. “En Barranquilla hay muchas como yo, de rasgos mezclados, espontáneas y vivaces. Aquí esas características son mal interpretadas”.

En su búsqueda de trabajo se encontró con las siguientes situaciones: la llamaron para posar desnuda y para limpiar casas sin ropa. También por su acento le ofrecieron participar en líneas eróticas. E incluso una etapa en la que impartió clases de baile, los alumnos la tanteaban. Tanto que un amigo tuvo que fingir ser su marido. “En aquella época no había tanta latina y me di cuenta de que acababas o de trabajadora doméstica o en el mundo erótico”, concluye Pallares Campo.

La poeta colombiana Lilian Pallares Campo / Foto: Charles Olsen, cedida por Pallares.

El mito de las extranjeras apasionadas se remonta a la época colonial y a lo largo de los siglos, el tópico de chicas fogosas ha pervivido. La estadounidense Erin Corine, que se instaló en España en 2011, cuenta que ha sido confundida como prostituta varias veces por su ascendencia afro: “Que nos pidan sexo nos pasa a amigas negras y de Europa del Este cuando estamos desplazándonos como el resto de la gente por la calle Montera, en Madrid”.

La asociación entre la raza y la prostitución también surgió hace décadas. La historiadora y antropóloga Ann Laura Stoler lo abordó en 1995 con su obra Raza y la educación del deseo, en la que hablaba del mestizaje a mediados del siglo XIX. Aunque el mestizaje es más habitual que entonces, Erin Corine ha sido la primera novia negra de varios hombres.

Corine, que estudió en la prestigiosa escuela de música de Berklee de Valencia y da clases en su propia escuela en Madrid, fue criada en Chicago con una familia con distintas raíces y siempre se ha rodeado de gente de varias procedencias. “Con mis amigos negros, soy negra. Con mi familia de razas mixtas, soy diversa. Con mi compañera gallega, soy hispana no nativa”. Erin reconoce que le ha costado adaptarse a esta identidad multicultural.

Aunque el caso de las mujeres se suele comentar más, también los hombres se enfrentan a prejuicios racistas en las relaciones y a situaciones de sexualización. Pedro Ondo, politólogo de Guinea Ecuatorial, ha escuchado muchas veces el tópico del pene grande. En este vídeo, el periodista de eldiario.es y expresidente de SOS Racismo Moha Gerehou explicaba cómo esta idea deshumanizaba al hombre negro. De nuevo, es un tópico que viene de la época colonial.

El colonialismo tiene aún otros efectos que perviven. Lo demuestra el testimonio de Ondo, de 33 años, residente español desde hace más de diez. Aprendió toda la historia y cultura de su actual país de acogida desde niño. Lamenta que la que llegó a ser provincia del Estado en el que vive aquí sea una completa desconocida: “Que se ignore el vínculo de Guinea Ecuatorial incluso en el ámbito académico es por falta de interés de la Administración”.

También se ha decepcionado con sus experiencias sentimentales con españolas. “Una vez me dijeron que no usara la misma ducha”, recuerda. “Mencionaron las enfermedades que había en África y me preguntaron si yo las tenía… Después de acostarnos”. Apodos como “mi negrito” le distanciaban de las personas que conocía y, finalmente, tiraba la toalla en la relación.

A la izquierda, Bora, surcoreana que migró a Raino Unido con tres años. A la derecha, Pedro Ondo, politólogo de Guinea Ecuatorial y residente español desde hace diez años.

Asiáticas dulces y serviciales

Bora tenía 31 años cuando, en una cita, empezó a escuchar comentarios de su interlocutor como “seguro que cocinas bien”, “eres muy pulcra, ¿eres así de cuidadosa y ordenada en casa?” o “estás muy callada, me gustan las mujeres calladas”. Sintió que la estaba midiendo según el estereotipo de que las mujeres de origen asiático son “material de buena esposa”.

Nacida en Corea del Sur, a los tres años Bora migró a Reino Unido, donde reside a sus 40. Nota una leve mejora en todo este tiempo: ya no la llaman oriental sino coreana. Pese a ello, Kwon destaca que no se ve reflejada en la imagen del pop coreano que mueve masas de fans: “Refuerza el prejuicio de que somos exóticas, sensuales y misteriosas”. Es lo que se conoce como fiebre amarilla, la fijación sexual en mujeres asiáticas.

En España Ita Tsai, nacida madrileña y de ascendencia taiwanesa, empezó a cuestionarse los supuestos halagos como “a mí es que me van las chinas”. “Me genera una aversión profunda”, confiesa. Una de sus últimas experiencias fue que un chico le dijo que le daba miedo hablar con mujeres de Tailandia porque podrían tener pene. “No sé de dónde se sacó que yo era tailandesa”.

La filósofa Robin Zheng publicó en la Universidad de Cambridge ¿Por qué la fiebre amarilla no es halagadora? para analizar cómo comentarios como “eres guapa para ser china” colocan a quien lo recibe como un sujeto externo y, por tanto, no se le considera un igual. Por otro lado, ese tipo de expresiones reflejan una visión negativa del resto del grupo. La doctora en Psicología Clínica Goali Saedi Bocci explica en la revista de divulgación estadounidense Psychology Today que pensar que una persona es exótica es una microagresión: “Aunque pretenden que sea un cumplido, su belleza no alcanza la que se considera verdadera, y es discriminatorio”.

“He ido por la calle y me han dicho que si era Yibing Cao (colaboradora china de El Hormiguero). A veces hago pedagogía, les explico que anulan mi identidad como nacida en España”, comparte Ita, “que no lo vuelvan a hacer y que mi aspecto no les da derecho a decirme cosas o a asumir que sepa chino”. La joven de origen taiwanés recalca que, aunque no todas las experiencias han sido malas, en ocasiones ha respondido cabreada: “Es como si te llamaran idiota por la calle y fueras tú quien tiene que parar, reflexionar y razonar por qué te molesta".

El documental de Debbie Lum Buscando a una asiática cuenta la vida de un estadounidense obsesionado con casarse con una mujer china. Lo consiguió tras cinco años aunque ella no hablaba inglés ni él chino. En España, Ita, recién licenciada en Periodismo, habla de la “fiebre amarilla” en su reportaje en vídeo Chino Capuchino. Y cita un informe de 2018 de PornTube, una web de pornografía, sobre cómo los términos "japonesa", "asiática" y "coreana" son los únicos del top 10 con subidas en volumen de búsquedas.

En Chino Capuchino vemos cómo Sessua Hayakawa, un actor japonés del cine mudo, triunfó como galán en su momento. Pero, actualmente se ha impuesto la caricatura del hombre asiático. Joaquín Beltrán Antolín, profesor de Estudios de Asia Oriental en la Universidad Autónoma de Barcelona, explica que durante la Primera Guerra Mundial empezó una campaña contra los japoneses basada en ridiculizarlos: “La geopolítica es la base de la construcción del imaginario del peligro amarillo”.

El madrileño Luis Wen Xiao Li Chou.

El madrileño Luis Wen Xiao Li Chou da pistas sobre cómo afecta este prejuicio también a los hombres. En 1º de ESO oyó por primera vez que los asiáticos tenían penes pequeños: “Una compañera me ofreció enseñarme los pechos si se lo mostraba. No supe reaccionar”. Lo mismo le pasó a Leiyu Jin, alicantino de 25 años de ascendencia china, que comenta que muchas de sus parejas han creído en ese tópico. Y concluye: “Mi respuesta es no darle importancia y actuar con normalidad. Se trata de ser tú mismo y de tener confianza”.

Más allá de la cuestión de la intimidad física, preguntamos al guineano Pedro Ondo sobre la conexión sentimental como proyecto de vida. Emparejado con una chica cuyas raíces culturales son las Bermudas, territorio británico en el Caribe, destaca que les une el compartir vivencias como personas negras. Erin, en su caso, ha aprendido que más allá de las procedencias importa que acepten su recorrido vital como estadounidense afrodescendiente. “Necesito que no me vea como un juguete o asuma que soy salvaje en la cama. Ya cansa”.

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