¿Por qué te llegan tantos bulos al WhatsApp?

Reenviar no cuesta nada. Así se propagan las cadenas

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[Este artículo pertenece a La Carta de Verne, nuestra newsletter que llega todos los domingos. Si quieres empezar a recibirla, apúntate aquí]. Este es uno de nuestros tuits favoritos de 2016. Aunque no esté en la lista de los 98 mejores:

El mensaje es una versión a la española de este otro que tiene más de 65.000 retuits y nos hace tanta gracia, precisamente, porque es totalmente cierto. Dependerá mucho del número de grupos de WhatsApp en los que estés metido, pero seguro que has tenido la sensación de que muchos son un agujero negro de bulos, noticias falsas y cadenas con advertencias sin fundamento.

Por supuesto, los bulos y las leyendas urbanas existen desde antes de la era de la posverdad, las fake news y Trump. En Verne nos preocupan tanto que, desde que nacimos hace algo más de dos años, tenemos una sección dedicada a ellos. Este artículo de Xataka de hace unos años rastrea el origen de esas cadenas de cartas en las que se pedía al que lo recibiera que reenviara una copia a otras personas. El texto recogía una cita sobre cómo se propagan estos mensajes de un informe en el que varios expertos en comunicación analizaban las cadenas en los tiempos en que aún eran de papel y se hacían con fotocopiadora.

"Como un gen, tienen una longitud media de aproximadamente dos mil caracteres. Como un potente virus, la carta amenaza con matarte y te induce a pasarla a "tus amigos y compañeros" (alguna variación de esta carta probablemente haya llegado a millones de personas). Como un rasgo que puede ser transmitido, promete beneficios para ti y para aquellos a los que la pasas. Como genomas, las cadenas de mensajes experimentan una selección natural, y a veces partes de ellas incluso se pasan entre especies coexistentes".

Las redes sociales y la mensajería han hecho que estos fenómenos vayan cada vez más rápido y se multipliquen. Como cuenta la periodista Delia Rodríguez en Memecracia, internet es el gran acelerador de los memes o ideas contagiosas. A veces mutan: ahora ya casi nunca nos anuncian que va a cerrar hotmail, pero sí que nos cobrarán por usar Facebook. Y otros nunca mueren: no descarto que volvamos a recibir fotos de los gatos bonsáis.

¿Qué nos lleva a compartir un bulo? ¿Por qué la gente sigue haciéndolo y creyéndolo? Vamos a intentar entenderlo, con estas razones. Una breve guía que nos sirve además para explicarte por qué lanzamos El Tragabulos, una página de Facebok donde rastreamos y desmentimos todas esas cadenas. Puedes enviarnos las que te lleguen (eltragabulos@verne.es) y también unirte a nuestro canal de Telegram (telegram.me/tragabulos).

1. ¡Peligro!

¿Recuerdas la película Inside Out (Del revés) y las cinco emociones básicas? Bueno, los investigadores no se ponen de acuerdo sobre el número exacto - 5, 6, 14 o incluso más de 20- pero sí en que las emociones son universales y biológicamente innatas. La clasificación de Paul Ekman, una de las más extendidas, las divide en seis: asco, alegría, ira, miedo, sorpresa y tristeza. Ekman, por cierto, fue uno de los asesores de la exitosa película de Pixar. En este artículo del New York Times él mismo explicaba La ciencia de Inside Out.

Pero volviendo a las emociones básicas: el miedo es una de ellas y nos ayuda a sobrevivir. Un artículo en el que se advierte que consumir ciertas marcas puede producir cáncer. Una cadena en la que se advierte que al pinchar un link nuestro ordenador quedará infectado por un virus... Al leerlos, nuestro cerebro grita "¡Peligro, peligro!". Son mensajes catastrofistas y que alimentan el miedo. Nuestra reacción es intentar defender a los nuestros alertándoles. No vaya a ser que le vacíen las cuentas del banco a nuestra hermana por pinchar un enlace de WhatsApp y no le hayamos avisado.

2. Total, no cuesta nada

¿Cuánto tardas en reenviar ese mensaje de WhatsApp que te ha alertado? ¿Y en compartir algo en Facebook? Y si lo ponemos en una balanza con evitar que se rompan todos los aparatos electrónicos de nuestra casa por culpa de una tormenta solar, ¿qué vale más? Por si acaso…

Compartimos esos mensajes porque, al darle a reenviar, no perdemos nada. Y, además, es gratis. No nos imaginamos que puedan suponer algo nocivo. Como mucho, un poco de ruido. Sin embargo, ya hemos visto que cuando hablamos de algo más que de bulos y cadenas, como las fake news, puede tener efectos mucho más negativos de los que nos esperábamos.

Pero, ¿por qué no difundimos los desmentidos con la misma rapidez? Porque tiene un coste para nuestra credibilidad y nuestra imagen hacia los otros: aceptaríamos que nos hemos equivocado y nos hemos creído algo que no era cierto.

3. Me fío de ti

Hay pocas cosas más personales que la información que guardamos en nuestros teléfonos. Las noticias (o cadenas o mensajes) que nos llegan a través de WhatsApp y redes sociales no vienen, generalmente, de medios de comunicación o desconocidos, sino que nos las envía nuestro entorno: amigos, compañeros de trabajo, familia… Eso nos hace estar menos alerta a la hora de identificar bulos y mentiras. Como confiamos en la persona que nos los envía, es más difícil que pongamos en duda lo que nos manda.

4. Nuestro cerebro nos la juega

Hemos hablado muchas veces de los sesgos cognitivos. Si no os suenan, tenéis que leer este artículo de Jaime Rubio. Muchos de estos sesgos entran en juego a la hora de creerse estas cadenas. Por ejemplo, el sesgo de autoridad, cuando el mensaje en cuestión dice que lo ha advertido la CNN o atribuye la información a la Policía, por ejemplo. O el sesgo de confirmación, que hace que creamos las informaciones que apoyan a nuestras ideas. Y, probablemente, el que más peso tenga: el sesgo de conformidad o “subirse al carro”: a veces, por no llevar la contraria a los demás, cambiamos de opinión y nos unimos.

Siempre es buen momento para recordar el vídeo del experimento del psicólogo Salomon Asch en un ascensor:

Ahora que sabemos cómo funcionan ¿cuál es la mejor manera de vacunarse contra los bulos? Bueno, existen varias, como recogíamos en esta pieza. En Verne ahora te lo ponemos todavía más fácil con El Tragabulos. Síguenos y conviértete en el aguafiestas de tus grupos de WhatsApp.

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