"Nunca la comería": preguntamos a cocineros italianos qué opinan de la pizza con piña

"Es algo horroroso; no representa a la pizza italiana"

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Pizza con piña
Una pizza de piña.

El 16 de febrero, el presidente de Islandia tomó partido de forma clara en un debate sin fin: ¿se le puede poner piña a la pizza? En una conversación distendida con alumnos de una escuela, Guðni Th. Jóhannessona aseguró que le gustaría prohibir esta fruta tropical como ingrediente del icónico plato italiano. Es decir: no a la pizza hawaiana. Era una broma que en redes sociales muchos se tomaron tan en serio como los pantalones del perro y el color del vestido, opinando bajo el hashtag #pinneappleonpizza (piña en la pizza).

En España, las palabras del presidente islandés también generaron debate, con algunas de las opiniones bajo la etiqueta #referemdumporlapiña -incluida la de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes-. Hace meses que El Comidista, Mikel Iturriaga, incluyó la piña entre los ingredientes que nunca -¡nunca!- se le pueden poner a la pizza. La opinión mayoritaria en redes sociales se orienta en la misma dirección. Las bromas (y los tuits) a costa del polémico plato se pueden resumir con esta noticia humorística de El Mundo Today: Dos de cada tres españoles usan nombres falsos para pedir pizza con piña.

¿Y qué piensan los italianos sobre los trozos de piña sobre sus pizzas? Hemos llamado por teléfono a varios restaurantes italianos de España -dirigidos por italianos- para que nos den su opinión. El resumen es sencillo: no les gusta nada. Sienten lo mismo que un valenciano cuando ve los experimentos del cocinero británico Jaime Oliver con la paella.

"¿Y qué esperas? La pizza es un plato del que los italianos nos sentimos muy orgullosos. Es normal que nos enfade cuando lo destrozan así", dice Anna Barone, una napolitana de 43 años que desde hace 12 vive en Sevilla. Es la responsable del restaurante Il Vesuvio, "donde no servimos pizza con piña; si la pones en un menú en Italia te pegan... Y si me la pides, te mato", dice entre risas (o no).

"Es algo horroroso"

Marco Buonocore sabe que, al menos en Roma, las cosas son diferentes. "Sí hay restaurantes en Italia que ponen la pizza con piña, pero solo para turistas. Para españoles o alemanes... La piña mata una pizza. No pega nada. Es algo horroroso", comenta este cocinero, responsable del restaurante Mug en L'Hospitalet de Llobregat (Barcelona). Cree que un italiano de verdad "nunca comería pizza con piña".

En la misma línea se pronuncia Salvatore Di Palma, responsable del restaurante La Trattoria en Bilbao. Hace siete años que abandonó Sorrento, una ciudad de Nápoles donde "la pizza es una religión". "Allí hay restaurante que solo ponen margarita y marinera. Si pides otra cosa, puedes darte la vuelta. La globalización se ha cargado la pizza", dice Di Palma. Cuando le preguntamos si sirve pizza con piña en su restaurante no duda ni un segundo: "Ni de coña".

"Diferenciemos las pizzas estadounidenses de las italianas"

"Esto es culpa de Estados Unidos", añade Di Palma. Establece dos tipos de pizza: la auténtica e italiana (margarita, marinara y, como mucho, caprichosa) y la "falsa" y estadounidense ("si lleva salsa barbacoa, nata en la carbonara, piña, pollo y cosas así, todo eso destroza una pizza"). Los italianos de Barcelona y de Sevilla también apuntan a Estados Unidos como culpables de esta "bazofia".

La verdad es que no está claro a quién corresponde el dudoso honor de haber inventado la pizza con piña. Algunos señalan a un griego afincado en Canadá, Sam Panopoulos, que habría creado la primera pizza con piña en su restaurante de Ontario en 1962. Incluso ha contestado al presidente de Islandia: "Cuando yo trabajaba en la pizza con piña, él ni siquiera había nacido", dijo este martes en la radio canadiense CBC. Otras versiones apuntan a un chef alemán, Clemens Wilmenrod, que en los años 50 inventó la tosta hawaiana (el supuesto antecedente de la pizza de piña). Nadie relaciona el origen de la receta con las islas del Pacífico, pese a que el polémico ingrediente sea uno de los símbolos de Hawái.

Es sabrosa, es dulce - El invento canadiense de la pizza con piña no puede ser derrotado 🍍+ 🍕= 😊

¿Pero tiene algo de bueno?

Se pongan como se pongan los italianos, hay algunas personas a las que les gusta esta receta. "No sé por qué será. A la pizza no hay que ponerle ingredientes fuertes que maten el sabor", considera Domenico Bartolotta, propietario del restaurante Sicilia in bocca en Santiago de Compostela. Este italiano, procedente de Palermo, sirve la pizza con piña en su local, "pero no me gusta".

El responsable de La taberna del Veneziano en Madrid, Andrea Bonaldo, es el único consultado por Verne que da un poco de tregua a la pizza hawaiana: "No me gusta, pero no me parece mal que se pueda experimentar un poco. Me gusta hacer pizzas con fruta, pero hay que elegir bien de qué la acompañas". Aún así, este veneciano de 40 años no sirve este plato en su negocio: "No nos representa. Una pizza italiana debe llevar ingredientes mediterráneos, no una piña".

Se supone que la pizza con piña puede gustar a ciertas personas por el contraste de sabores que plantea. Sin embargo, Buonocore -el romano del restaurante en Barcelona- tumba ese razonamiento: "El melón con jamón funciona porque el dulce de la fruta y el salado del embutido casan bien. La piña se cocina, queda reblandecida, la acidez empapa a la masa... No hay por dónde cogerlo".

Sin compasión contra la piña

"Hay cosas que no se le pueden poner a la pizza. Es como si ahora voy y le pongo una salsa vizcaína a una paella", añade Di Palma, desde su restaurante de Bilbao. Menciona al icónico plato valenciano, una receta por la que sienten mucho respeto María Amodeo y su hijo, Carmine D'Anna, ambos procedentes de Nápoles y responsables del restaurante La Cantinella en Valencia. "No tengo palabras para decir lo mal que me parece la pizza con piña. Nunca la he probado y nunca lo haré. A mí no me saques de la margarita", dice la madre.

Su hijo coincide con ella: "La influencia americana ha tenido mucho que ver. Nuestras pizzas, las italianas de verdad, no se parecen en nada a las que ponen las grandes cadenas de comida rápida. Te sale mejor coger un vuelo low cost a Nápoles que comerte una pizza de esas". D'Anna termina su discurso con un recado para los Jaime Oliver del mundo: "Una pizza con piña no es una pizza italiana, de la misma forma que una paella con chorizo no es una paella".

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