23 'best sellers' viejunos que estaban en todas las casas

Algunos se han convertido en clásicos contemporáneos y otros fueron parte de modas pasajeras

Títulos que nunca faltaban en la estantería: 'El escándalo de Tierra Santa', 'El nombre de la rosa', 'El médico'...

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Hubo un tiempo anterior a Ruiz Zafón y a 50 sombras de Grey. Anterior incluso a Dan Brown y a Harry Potter. De ese tiempo son los best sellers viejunos que pueblan cualquier hogar lector que haya existido durante los ochenta y noventa (a veces han sido publicados a finales de los setenta y la estela de su éxito abarca esas décadas), alimentados por años de suscripciones al Círculo de Lectores y regalos del Día del libro. De desigual calidad y ambiciones, algunos son hoy clásicos contemporáneos y otros solo fueron parte de modas pasajeras a las que era complicado permanecer ajeno. Es difícil elaborar una lista rigurosa con números de ventas reales, así que, ante la incertidumbre, nos queda algo tan sencillo como observar nuestras casas y las de nuestros amigos. Eleva los ojos hacia tus estanterías y reconoce las lecturas, esas de las que te enorgulleces y también de las que te avergüenzas, que marcaron buena parte de tu vida.

1. Las obras de Larry Collins y Dominique Lapierre, juntos o por separado: Es casi imposible encontrar un hogar que haya sido lector activo durante los últimos cuarenta años que no tenga al menos una obra de estos periodistas y escritores, aliados para escribir relatos periodísticos que nacieron ya con la voluntad de ser best sellers. ¿Arde París? (1960) fue su primer éxito, una recreación de los últimos días de la ocupación nazi en París, y en O llevarás luto por mí (1967) pusieron los ojos en la España franquista y en la figura del torero Manuel Benítez El Cordobés, verdadero icono de una época y de un país no tan lejano como podría parecer. La fama de los autores se multiplicó internacionalmente con la publicación de Oh, Jerusalén (1971) y Esta noche, la libertad (1975), retratos de la formación del estado de Israel y de la descolonización de la India (como curiosidad, este último fue el más vendido en España durante el mes de noviembre de 1975). Collins siguió escribiendo obras sobre episodios de la Segunda Guerra Mundial o conflictos entre la CIA y el narcotráfico en Panamá, mientras que Lapierre se marcó dos hitos de esa literatura que hace llorar y exalta la fe en el ser humano con La ciudad de la alegría (1985) y Más grandes que el amor (1990). Volvieron a reunirse ante un hecho histórico tan grande aunque fuese con un guiño marketiniano a su primera obra: ¿Arde Nueva York? fue en 2004 la respuesta de los autores a los atentados del 11-S.

2. El escándalo de Tierra Santa de José María Gironella (1978): Uno de los autores más populares en los cincuenta y sesenta gracias a obras como la que componen su trilogía de la Guerra Civil (Los cipreses creen en Dios, Un millón de muertos y Ha estallado la paz). A finales de los setenta se marcó otro éxito con la publicación de esta obra -mitad libro de viajes, mitad reflexión teológica y geopolítica- sobre Israel y los territorios palestinos. Su icónica portada con el título en un degradado de rojo sobre fondo negro no podría ser más propia de aquellos años.

3. Los mares del sur de Manuel Vázquez Montalbán (1979): Los premios Planeta son una presencia ineludible en las bibliotecas españolas clásicas y encabezan casi siempre las listas de los libros más vendidos. Con esta novela protagonizada por el icónico Pepe Carvalho, ganó el premio en el 79 el Vázquez Montalbán que se convertiría en una presencia habitual de la literatura española en las últimas décadas. Construyendo una analogía entre los mares del sur que cautivaron a Gauguin y los barrios periféricos levantados durante el desarrollismo en Barcelona, el autor demostró que, cuando es buena, no hay nada que retrate mejor su momento como una intriga policíaca.

4. Los renglones torcidos de dios de Torcuato Luca de Tena (1979): Es una de esas obras que nunca ha dejado de reeditarse con considerable éxito, o sea, un best seller y un long seller a la vez, el sueño de cualquier editor. Una protagonista carismática, un retrato estremecedor de los hospitales psiquiátricos y un juego literario de verdad-mentira-locura cautivaron a los lectores de la Transición y siguen haciéndolo a día de hoy.

5. El nombre de la rosa de Umberto Eco (1980): ¿Un libro lleno de citas en latín sobre la teología de la luz y discusiones sobre el traslado del papado a Aviñón convertido en éxito? Sí, aunque parezca increíble, esto ocurrió gracias al experto en semiótica Umberto Eco. Su intriga detectivesca en medio de una abadía medieval fue el mayor hito de eso que se llamó “best seller de calidad”, una categoría donde también se incluyen otras obras como El amante, de Marguerite Duras, o La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera. Ejemplos con los que los pertenecientes a una incipiente pseudoélite cultural española podían mirar de tú a tú a sus homólogos europeos. El nombre de la rosa se hizo inmensamente popular (la película protagonizada por Sean Connery ayudó a ello) y todos sus lectores pudieron sentirse muy cultos y elevados a la vez que disfrutaban de una trama tan compleja como adictiva.

6. El clan del oso cavernario de Jean M. Auel (1980): A veces los temas más insólitos se convierten en fenómenos populares. Esta novela ambienta en el paleolítico -que también inició una saga propia, Los hijos de la tierra- sobre las desventuras de una niña cromañón en una sociedad de neandertales, fue un éxito internacional que hasta dio pie a una efímera moda prehistórica completada al año siguiente con el estreno de la película En busca del fuego. Criticado por falta de rigor y por tomarse la licencia de que sea la protagonista la inventora de prácticamente todos los avances de la humanidad del periodo, el libro logró también popularizar el interés por la prehistoria, la antropología y la arqueología en toda una generación de lectores.

7. Tuareg de Alberto Vázquez-Figueroa (1981): Prolífico autor de libros de aventuras muy populares y clásico superventas de la época, probablemente esta sea su novela más famosa, un retrato del Sáhara y un himno a la libertad en el contexto de la descolonización francesa del norte de África, en un momento en el que la española estaba todavía muy reciente.

8. La casa de los espíritus de Isabel Allende (1982): El boom latinoamericano que descubrió a García Márquez o a Vargas Llosa tuvo una vertiente más popular y accesible en la persona de Isabel Allende. La obra que la descubrió al mundo tomaba los elementos claves del fenómeno –realismo mágico, enrevesadas sagas familiares, hechos históricos reales que van marcando la trama, esa escritura rica que huele y que sangra- para iniciar una trilogía continuada luego con los relatos de las hijas y nietas de sus protagonistas en Hija de la fortuna y Retrato en sepia.

9. Usted puede sanar su vida de Louise L. Hay (1984): Definitivamente, este es de esos libros que nadie (o tal vez solo algunos personajes televisivos y futbolistas) reconocen haber leído sin menor atisbo de vergüenza. Curiosidad es lo mínimo que debería despertarnos este libro de autoayuda que es, sencillamente, una de las obras más vendidas del mundo. La autora lo escribió tras curarse de un cáncer de forma “milagrosa” para explicar cómo reforzar nuestra autoestima es vital para nuestra existencia. Convertida en gurú de la autoafirmación, sus obras se venden por millones. Cada cierto tiempo surge alguna actualización del mismo mensaje igualmente exitoso, como El Secreto, de Rhonda Byrne (2006).

10. El perfume de Patrick Suskind (1984): Probablemente fue una de las primeras novelas de éxito masivo que presentó un pasado crudo y sin pátinas poéticas. En El perfume las calles están llenas de inmundicia, la gente hiede y los psicópatas protagonistas nacen entre pilas de pescado podrido. Los lectores se asquearon tanto como gozaron con este relato bien documentado de la escena de los perfumistas en la ciudad de Grasse, el funcionamiento de los gremios medievales y las descripciones del París de la prerrevolución.

11. Caballo de Troya de J.J. Benítez (1984): Icono pop de lo oculto, J.J. Benítez aúna conocimientos enciclopédicos sobre los más variados temas con mucha imaginación. Sabio para algunos, farsante para otros, su serie Caballo de Troya arrasó entre los lectores de los ochenta y noventa. Contó la historia de un viajero en el tiempo que se trasladaba a la época de Jesús de Nazaret, contando su vida  desde una perspectiva que poco tenía que ver con los evangelios canónicos. El noveno y último de los libros salió en 2011 y el autor, en un ejemplo de coherencia con su propio discurso, sigue defendiendo que no es una novela de ficción sino una realidad fruto de jugosas investigaciones.

12. No digas que fue un sueño de Terenci Moix (1986): Entre los premios Planeta, esta obra del llorado escritor catalán fue la más exitosa de la década de los ochenta al despachar un millón y medio de ejemplares con la muy poética y estética historia de Marco Antonio y Cleopatra. Otros premios especialmente vendidos en este momento fueron Yo, el Rey, de Juan Antonio Vallejo-Nágera, Y Dios en la última playa de Cristóbal Zaragoza o El manuscrito carmesí de Antonio Gala.

13. El médico de Noah Gordon (1986): El lector de novela histórica exige tanto una narración entretenida y ágil como que el texto esté bien documentado y le permita conocer sociedades y épocas del pasado sin tener que leer un ensayo académico. El primer éxito global de Noah Gordon cumple a la perfección con ambos requisitos, contando la historia de un huérfano con vocación por la medicina que gracias a un mentor judío y un viaje por Persia consigue los conocimientos que ambiciona pese al oscurantismo de su época. Chamán y La doctora Cole continuaron con la saga familiar de médicos para solaz de miles de lectores fieles.

14. Las novelas de Jack Ryan de Tom Clancy: En el contexto de la Guerra Fría las novelas de espionaje e intriga política tenían buena parte del trabajo hecho. El analista de la CIA Jack Ryan destacó como el personaje más carismático de la obra de Clancy en novelas como La caza del octubre rojo (1984) -antes traducido como La caza del submarino ruso-, Juego de patriotas (1987) o Peligro inminente (1989). Como signo de los tiempos, el estilo del protagonista cambió –algo muy obvio en sus diversas encarnaciones cinematográficas- de analítico espía que trabajaba con la mente a héroe de acción en una línea más jamesbondiana.

15. El alquimista de Paulo Coelho (1988): Tal vez muchos de los lectores que tuvo en su día esta obra se avergüencen de poseerla porque ha quedado identificada con esa parte tan denostada de la literatura: la autoayuda o, peor todavía, la autoayuda disfrazada de fábula con pretensiones filosóficas. Maestro new age para unos, pamplinero vende humos para otros, Paulo Coelho consiguió un súper éxito de los que hacen época e inauguró un género del que sigue siendo la máxima estrella: libros trufados de esoterismo y vagos mensajes de autoafirmación. El sueño de cualquier campaña de marketing.

16. Los pilares de la tierra de Ken Follet (1989): El best seller por excelencia de la época porque aúna todo en lo que pensamos cuando hablamos de este tipo de obras: un volumen de páginas que permitiría emplearlo como mortal arma arrojadiza (más de mil), personajes que sufren terribles adversidades y la ambientación en un mundo y una época lo suficientemente atractivos como para interesar al lector y darle además la sensación de que está aprendiendo algo. La historia de las primeras catedrales góticas británicas sigue enganchando a golpe de derrumbe de bóveda y obispo intrigante.

17. Las obras de Michael Crichton: Pocas cosas más noventeras que una novela de este escritor y su correspondiente adaptación cinematográfica. Parque Jurásico (1990) o Acoso (1994) encarnan esos éxitos masivos despectivamente llamados “de aeropuerto” por parte de la crítica pero capaces de enganchar al lector con tramas trepidantes. En Acoso trato el peliguado tema del acoso sexual en EE UU y lo llevó al campo de las relaciones laborales. De Parque Jurásico solo diremos que dio pie a uno de los mayores fenómenos culturales de las últimas décadas.

18. La tapadera de John Grisham (1991): La crítica a la filosofía yuppie de los ochenta hecha novela y encarnada además en un subgénero que gusta casi tanto en este país como en Estados Unidos: las películas y novelas sobre abogados. Y si les ponía cara Tom Cruise, éxito asegurado.

19. Sin noticias de Gurb de Eduardo Mendoza (1991): Una deliciosa farsa nacida un poco por casualidad se convirtió en el mejor retrato posible de la Barcelona preolímpica (esas zanjas provocadas por las obras) y a la vez en una certera traslación de un país que estaba a punto de cambiar para siempre. Los lectores se troncharon de risa, se sintieron reconocidos y se hartaron de recomendarlo.

20. El mundo de Sofía de Jostein Gaarder (1991): Tan leído por padres inquietos como por adolescentes que lo tenían en la lista de lecturas obligatorias de filosofía. Es sencilla pero ambiciosa: una serie de cartas remitidas a una niña en las que se explica en tono sencillo y divulgativo nada menos que la historia del pensamiento occidental.

21. No sin mi hija de Betty Mahmoody (1991): De la mano de la película protagonizada por Sally Field, la historia real de una madre atrapada en Irán por el integrismo islámico angustió y conmovió a miles de lectores. Hay que tener en cuenta que, además, en esos momentos buena parte de la sociedad asistía a la declaración de la Guerra del Golfo y veía refutado el conflicto de manera inconsciente al poder identificar al enemigo (aunque fuese Irak y no Irán, en el imaginario colectivo el batiburrillo sociopolítico es ley) como un malo sin matices.

22. Donde el corazón te lleve de Susanna Tamaro (1994): Otro subgénero típico del momento. Los recuerdos de una anciana (Tomates verdes fritos, Los puentes de Madison con ciertas variantes) se convierten en el hilo conductor de esta novela intimista sobre eso tan fácilmente identificable como son los rencores familiares. Su autora, la italiana Tamaro, se hartó de vender ejemplares y de ser recomendada en clubes de lectura de todo el mundo.

23. Amor, curiosidad, prozac y dudas de Lucía Etxebarría (1997): Con su primera novela, la autora se convirtió, tal vez a su pesar, en el personaje controvertido que la mercadotecnia literario española demandaba. Tan criticada como adorada por sus fans, con esta obra sobre una complicada relación entre tres hermanas introdujo la depresión, las drogas, el sexo casi incestuoso y el frenesí de la vida urbana de los noventa en las mesillas de noche del mainstream.

*Si se desea un análisis en profundidad del fenómeno, puede encontrarse en el libro Código best seller, de Sergio Vila-Sanjuán, de dónde se han extraído algunas de las cifras de este texto.

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