Vuelve la leyenda urbana de Ricky Martin y la mermelada

Un vídeo de Antena 3 recoge declaraciones de Concha Velasco, entonces presentadora de 'Sorpresa, sorpresa'

Los orígenes y la difusión de una de las historias recientes más populares

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En febrero de 1999, comenzamos a escuchar una historia sorprendente e inquietante a partes iguales. Nos la contaban en clase, en el tren o en los bares. Alguien que conocía personalmente a alguien que lo había visto todo con sus propios ojos. Ricky Martin quiere sorprender a una fan durante el programa Sorpresa, Sorpresa y sale de un armario para encontrarsela desnuda, jugando con su perro y un tarro de mermelada.

La historia se popularizó tanto que Antena 3 le ha dedicado este jueves un vídeo dentro de su serie dedicada a los 25 años de la cadena, en el que la presentadora del programa en aquel momento, Concha Velasco, se ve obligada a desmentirla una vez más. "Todavía hay gente que sigue hablando de eso como si hubiera pasado", dice Velasco, que recuerda que le llegó el rumor estando en la peluquería.

1. La historia

El periodista Antonio Ortí dedicó un capítulo de su libro Leyendas urbanas en España a este relato. Según explica a Verne en conversación telefónica, el programa se emitió el 5 de febrero de 1999. ”Unos días después, un oyente de Cadena Ser llama a Hablar por hablar y pide que le confirmen un rumor que ha oído en la facultad”. Se trata de la primera vez que la leyenda llega a los medios de comunicación.

La historia no quedó en este programa nocturno: a las pocas horas, la noticia ya corría por otras emisoras y programas de radio, y muchos esperaban ver las imágenes en Crónicas Marcianas. También llegó a los oídos de José Calvo, presidente de Prodeni, la Asociación Proderechos del Niño, que remitió a la fiscalía un escrito en el que denunciaba que se grabara a esta pobre menor, “ajena a todo montaje”. En el documento, el condimento usado es el foie gras. De hecho, Ortí ha recopilado variantes con nocilla, mantequilla, miel y crema de cacahuete.

La policía llegó a investigar el asunto y Ortí nos cuenta que un alto cargo del cuerpo dijo que “cosas más raras se han visto”. La pista llegó hasta un colegio malagueño en el que supuestamente se vendía el vídeo por 500 pesetas.

La discográfica del cantante, Columbia Records, se vio obligada a emitir un comunicado en el que decía que Ricky Martin no viajaba a España desde diciembre. Para entonces, no sólo había cambiado el condimento, sino que ya circulaban versiones en las que la niña era malagueña, italiana o francesa, mientras que el perro respondía a nombres como Pichi o Ricky.

El autor de Leyendas urbanas recuerda dos informaciones que llegaron a La Vanguardia, diario en el que trabajaba en aquella época: primero, comunicantes anónimos insistían en que la niña se había suicidado, aunque no se ponían de acuerdo en si había ocurrido en Alicante, Girona o, de nuevo, Málaga; segundo, el 16 de febrero llegó una convocatoria de Antena 3 en la que se invitaba a los periodistas a un visionado del programa entero, que por cierto y en su momento ya habían visto tres millones de personas, detalle que al parecer le daba igual a toda España. “Lo más parecido a la zoofilia fue ver a Raquel Welch entregando un perro perdido a su dueña”, explica Ortí, que añade que el director de la cadena, Giorgio Aresu, ofreció un millón de pesetas a quien le mostrara el dichoso vídeo.

Nunca apareció.

2. Los orígenes

Se trata de una leyenda urbana clásica, muy anterior al programa. La recoge la biblia de internet para estos asuntos, la web Snopes, que la data en 1994. Ortí nos da más detalles: aparece publicada por primera vez el 7 de julio de ese año en una revista canadiense satírica llamada Franc y la reproducirían el Chicago Sun Times (26 de julio) y el Guardian (30 de julio).

En esta primera versión se trata de unos compañeros de trabajo que quieren dar una fiesta sorpresa a una de sus compañeras, por lo que se cuelan en su casa y se ocultan en el sótano. Al salir gritando "sorpresa", se encuentran a la homenajeada cubierta de mantequilla de cacahuete (o margarina, o nata, o mermelada, o paté, o comida para perros) y recibiendo el homenaje de su mascota. Las zonas del cuerpo untadas también varían, al igual que en la historia de Ricky Martin. Y en este caso, el perro se llama Lucky, Kippy o Skippy, que es el nombre de una marca de comida para perros y de otra de mantequilla de cacahuete.

Aunque Snopes explica que la gran mayoría de versiones de esta historia están protagonizadas por una mujer, Ortí ha encontrado un origen anterior, protagonizado por un hombre. Se encuentra en un libro de textos humorísticos subidos de tono de J. M. Elgart,  publicado en 1953. En el texto, titulado Sorpresa, un jefe consigue convencer a su joven taquígrafa para celebrar el cumpleaños juntos. Ella le pide tiempo para pensarlo, pero acaba invitándole a cenar a su piso. Al inicio de la velada, se levanta de la mesa y le pide que espere cinco minutos para reunirse con ella en el dormitorio. El hombre se desnuda y abre la puerta, para encontrarse a todos los compañeros y subalternos escondidos con el objetivo de sorprenderle por su cumpleaños.

3. La difusión

Aunque hay leyendas urbanas con mucha presencia y elevada difusión (despertar con un riñón menos, la autoestopista de la curva o las calcomanías con LSD), Ortí explica que esta es una de las que “tuvo más repercusión y generó más dudas”. De hecho, se sigue hablando de ella, y aunque el tono es mayoritariamente humorístico, hay quienes siguen creyéndosela.

Hay que apuntar que aunque se habla del bulo como uno de los últimos antes de la era internet, no hace tanto del 99 y, de hecho, en comentarios a webs que narran la leyenda leemos cómo la plataforma de chats IRC contribuyó a que se expandiera el rumor.

Por ejemplo, el popular blog Microsiervos rescataba el tema en 2004, a raíz del rumor (también falso) que unía sentimentalmente a José María Aznar y Cayetana Guillén Cuervo. En los comentarios no sólo podemos leer a gente que se ríe recordando el asunto, sino a algunos que aseguran haber visto el vídeo o que piden por favor que se lo hagan llegar. Otro, parcialmente más avispado, no las tiene todas consigo y escribe: “Yo creo que sólo es un bulo”.

Por otros foros, a algunos les hace sospechar que el rumor pudiera correr tan deprisa (creyendo que se difundió de la noche a la mañana, cuando no fue así) o mantienen que el vídeo existió y no se emitió jamás al tratarse de la hija de un concejal. O un empresario. Alguien importante. Fueron los trabajadores de la cadena los que difundieron la información sobre su contenido.

De hecho, durante un tiempo hubo una web (ya de baja, pero disponible gracias a Internet Archive) que aseguraba tener ese vídeo misterioso que jamás se emitió y en la que se amenazaba con sacarlo a la luz el 15 de diciembre de 2006 a las 2 AM (una hora extraña, sin duda) a no ser que el padre de la niña confesara toda la verdad. Firmado: Therry Buckett.

La web desapareció, aunque queda el supuesto vídeo en Youtube. Por supuesto, no se ve nada, pero aun así lleva medio millón de reproducciones.

Según Ortí, nos gusta compartir estas historias e incluso queremos creerlas no sólo porque son “relatos narrativamente buenos”, sino porque nos hacen “depositarios de información secreta que los demás desconocen”. También entran en juego las emociones, que son decisivas para la propagación de los memes, tal y como podemos leer en el estudio de Chris Bell y Emily Sternberg sobre los mecanismos de transmisión de estas historias. Importa más el componente emotivo que su verdad, valor práctico o el entretenimiento que proporcionen.

Así, no es de extrañar que “los rumores siempre encuentren público nuevo. Por ejemplo, la leyenda de la autoestopista de la curva se remonta al siglo XIX, en un bosque de Nueva York y en un carro de caballos”. Son relatos que tienen éxito en todo el mundo y cuyas variaciones se deben a muchos factores. Ortí recuerda que la leyenda de Ricky Martín surge en un momento en el que el público pide historias escandalosas (recordemos la influencia de Crónicas Marcianas) y en el que hay cada vez más cámaras grabando a ciudadanos anónimos en comercios, bancos y calles.

En definitiva, la historia es “tan divertida y tan potente que la verdad queda en un segundo plano. Tiene todos los ingredientes, incluida la Nocilla”. O mermelada. O foie gras. O lo que fuera.

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