La verdad sobre el famoso pintalabios verde no tan mágico

La OCU advierte sobre la peligrosidad del lápiz labial Hare

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No era una moda, era un clásico. El labial lleva en mi vida más de 10 años. En la mía y en la de muchas mujeres. Alguien lo trajo por primera vez de un viaje a Marruecos y vimos que era maravilloso: no se secaba, mantenía la sensación de humedad en la piel sin ser demasiado graso y no perdía el color. Podías comer, beber, besar, fumar... y al día siguiente, cuando despertabas, su rosa intenso todavía estaba allí.

De hecho, el pintalabios era gracioso. Tenía un envoltorio verde con flores doradas, como de traje de Bollywood, que cobijaba un lápiz del mismo tono pero que pintaba rosa. Repito: verde manzana y pintaba rosa. Magia pura. A cada una de nosotras, las que lo probamos entonces, nos aportaba un color distinto al aplicarlo, lo que hacía mucho más divertido el asunto. Nos dijeron, o tal vez lo imaginamos, que dependía de tu estado de ánimo, como aquellos anillos horribles y fascinantes que tuvimos de pequeñas. Obviamente la idea era absurda, pero nos la creímos.

Poco después bajé al moro a pasar el fin de año dispuesta a volverme con un cargamento de cosmética. Su precio me pareció tan irrisorio que no entendí qué hacía la gente pasando hachís por la frontera cuando vender un invento tan alucinante en España parecía una tarea menos arriesgada e incluso más beneficiosa. Los encontré con facilidad en una tienda de la medina de Tánger, y comprobé con verdadero regocijo que los había de más colores. Malvas, rojos, azules… una fantasía. “Van a alucinar cuando los vean”, me dije imaginándome la expresión de mis amigas. Una vez los probé, puedo asegurar que el mejor de todos siempre fue el primigenio, el verde.

No debí ser la única que barajó la posibilidad de convertirse en traficante de pintalabios. Al cabo de unos años, este producto se podía adquirir por internet algo más caro que en los zocos marroquíes: cuatro o cinco euros dependiendo de la plataforma de venta, 12 si comprabas una caja de seis. Ninguna de las marcas low cost ofrecía un precio tan bueno por un producto tan aparentemente inmejorable.

El invento se fue extendiendo como un virus hasta que llegó a Sara Carbonero, que se lo chivó al resto de los mortales (si es que quedaba alguno que no supiera del invento) en su blog. La presentadora escribió: “Hace poco descubrí unos pintalabios de Marruecos que son baratísimos e increíbles”. ¿Se habrá enterado de que algunos vendedores utilizan su imagen asociada al producto?

La leyenda permanecía inalterable hasta que esta semana llegó la OCU y, con toda la razón, nos quitó la ilusión. Leo con dolor en un comunicado que el producto es malo. No está hecho con henna y argán -vale, eso lo podíamos sospechar-; no está fabricado en Marruecos, sino en Taiwán; y el cambio de tono no tiene nada que ver con nuestro estado de ánimo o con el milagro de que se adaptase al PH de cada una. Y desde luego no desvela si eres una persona fría o caliente, como garantizaban algunas webs.

“Los productos milagrosos no existen”, nos recuerda la OCU en su texto. Y yo agacho la cabeza. Si era tan barato, si durante estos años no se nos ha caído el labio y si encima nos favorecía, ¿por qué íbamos a dejar de usarlo?  Hare, así es como se llama este producto, se vende sin el etiquetado apropiado para un cosmético, no lleva lista de ingredientes en el envase -aunque sí en la caja- ni fecha de duración ni plazo de uso una vez abierto. Tampoco figura el nombre o la dirección del fabricante, el peso, el número de lote… Y no, no tiene web oficial.

Hay más. Su variedad de tonos de rosa una vez aplicado se debe a unos colorantes sintéticos llamados bromoácidos: “En esta barra de labios verde los colorantes se encuentran en unas condiciones anhidras, es decir, de escasísima humedad, y así son incoloros. Cuando se aplica el pintalabios reaccionan con la humedad de la piel y del aire, y dan lugar a un color rosa o rojizo, que puede ser más o menos intenso en cada piel”. Para rematar, la OCU aclara que la variación cromática de una a otra mujer sucede con cualquier barra de labios. No estoy del todo de acuerdo. Puede que este cambio se produzca con otros labiales, pero de una forma mucho más sutil que con Hare.

La fórmula es similar a la de cualquier otro pintalabios: mezcla de ceras y lanolina, pero con un conservante no demasiado recomendado para productos que estén en contacto con la piel. Se trata del propilparaben, un tipo de parabeno. Estos compuestos químicos tan habituales en cosmética, en determinadas concetraciones puede provocar alteraciones hormonales, según explica la OCU.

Los expertos que hemos consultado ponen el foco en la gravedad de que un producto se comercialice sin todos los datos que se exigen, máxime cuando la cosmética tiene una ley muy similar a la farmacéutica. Todos coinciden, además, en que el propilparaben se ha usado “siempre” como conservante de cosméticos, pero que atraviesa un mal momento debido a su posible relación con el cáncer. La cuestión está en las concentraciones que contenga, algo que no se detalla en la caja. “Yo hace muchos años que he dejado de comprar todo tipo de productos que lleven parabenos”, dice Nour Kayali, director técnico del Centro de Espectrometría de Masas de la Complutense.

Anna Giménez Arnau, experta en dermatitis de contacto del Hospital del Mar de Barcelona y miembro de la Academia Española de Dermatología, resuelve que, si bien el etiquetado puede estar en el tubo o en la caja, lo recomendable es que figure en ambos. Sobre todo si se tiene en cuenta que la normativa en el ámbito europeo es muy estricta. “Me imagino que si la OCU ha hecho el análisis es porque alguien ha tenido una reacción, un eccema labial debido a uno de los alérgenos del producto. Ahora bien, no tiene por qué ser un parabeno, hay otros elementos que pueden ser mucho más sensibilizantes pero sobre los que no existe tanto debate. Los perfumes o el paraaminobenzoico, por ejemplo”.

La doctora Arnau señala que en Europa hay 26 fragancias de exigido etiquetaje para que los alérgicos las puedan identificar. “La cuestión es que hay un tanto por ciento pequeño de gente que se puede volver alérgica con el tiempo, eso es impredecible”, amplía. Las alergías pueden estar provocadas hasta por los productos de las mejores marcas. “Incluso con los productos naturales puede ocurrir, como pasa con esas henas malas que se emplean para tatuajes, mucho más graves que los parabenos”.

Si no he tenido síntomas nunca, doctora: ¿Qué hago, lo tiro? Decisión de cada uno, además de la incertidumbre de no saber el porcentaje del parabeno incluido. “Lo más grave del asunto está en el etiquetado, que debe ser claro y estar bien actualizado”.

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