José Luis Cuerda, tuitero: “A veces me sorprendo por escribir algo con cierta agudeza analítica”

El cineasta ha conseguido en tres años más de 90.000 seguidores en Twitter usando su particular sentido del humor

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José Luis Cuerda, director de cine, escritor, dibujante a ratos y tuitero
José Luis Cuerda, director de cine, escritor, dibujante a ratos y tuitero.

Cuando aún no existía el retuit, el cineasta José Luis Cuerda (Albacete, 1947) fue capaz de viralizar una frase (o unas cuantas) como: "Todos somos contingentes, pero usted es necesario". Más de un cuarto de siglo después de estrenar Amanece que no es poco, en receso cinematográfico y más dedicado a la escritura, ha encontrado en Twitter una nueva manera de expandir su ingenio y lo hace a un público de más de 90.000 seguidores.

"Paso fiebres", dice al otro lado del teléfono. "Hace un par de años metía entre 15 y 20 tuits al día. Hasta llegué a escribir un libro de aforismos". Ahora, cuando agarra el móvil para tuitear, se controla un poco más, excepto cuando tiene que hablar de los que denomina los administradores. Es decir, de los políticos, los empresarios, los banqueros. "Los meto a todos, ¿eh?", dice casi como una advertencia. Lo que no abandona es el humor, la única manera en la que, reconoce, sabe estar entre humanos.

¿Por qué te uniste a Twitter?

No me acuerdo, debe de hacer tres años más o menos. [En concreto fue en enero de 2012]. Creo que lo vi y me hizo gracia. Encontré a gente muy ingeniosa, muy crítica, y a bastante tonto, como en el resto de las comunidades –no me refiero a las autónomas- sino a las humanas. Y me venía muy bien meterme en esto porque yo que soy prolijo y me enrollo como las persianas. Que solo puedas escribir 140 caracteres –a mí siempre me sobran tres o me faltan cuatro- viene muy bien.

¿Cómo empezaste a escribir? ¿Tenías una idea de lo que querías escribir?

Yo sabía lo que no quería hacer: ni establecer diálogos públicos ni controversias porque me aburre muchísimo. Discutir, siendo yo muy discutón, me gusta hacerlo cara a cara. Un tío que se ha dedicado a esto del audiovisual –espero volver, yo creo que bajarán el IVA al 19,50%-, necesita tener al interlocutor cara a cara. Los datos de percepción visual son importantes. Sí uso los mensajes directos, si alguien me pregunta dónde me he comprado los pantalones con los que me vio el otro día por la calle, pues a eso no me importa contestar. Si es algo de mayor calado, pues también respondo.

En tres años no me he metido en ninguna disputa por Twitter. No me gustan ese tipo de conversaciones, uso el WhatsApp porque no me queda otra, pero necesito fluidez. No soy buen interlocutor por medios mecánicos, en diferido o por plasma.

¿Cómo te has resistido a los trolls y a los haters?

Recuerdo que uno me dijo que no le importaría abrirme la cabeza. A lo mejor es un gigantón, pero como viese las manos que tengo como mazas y el martillo que siempre llevo en el bolsillo… Mejor no entro.

¿Te inspiras en alguien o alguna vez algún experto en redes te ha asesorado?

Hay cerca de una docena de tuiteros de los que aprendo mucho y con los que me lo paso muy bien. Imagino que si hubiera vivido una profesionalización de mi Twitter me acordaría, pero creo que no.

¿Cómo ha cambiado tu forma de tuitear en estos tres años?

No me autoanalizo por medio del tuit. A veces me sorprendo porque escribo algo y pienso: ‘Mira, esto tiene cierta altura poética, cierta agudeza analítica, cierta prestancia estilística’. Y luego lo siguiente que escribo es una chorrada como un pino. Lo que busco es el humor, en Twitter o cuando escribo un libro o un guion. Yo sin humor no sabría vivir.

Lanzas muchos tuits sobre política…

Sí, es que creo que nos afecta mucho en el día a día. Lo que me crispa es que nuestros administradores son nuestros empleados, les pagamos esos sueldos y les facilitamos que roben como han robado por nuestra ineficiente gestión. Debíamos haberles echado a la puñetera calle el primer día que hubiéramos tenido la sospecha. La mayoría de ellos no tienen la altura política, bueno sí, Rajoy es alto físicamente. Pero luego no sabe por qué llueve.

¿Cuando te enfadas tanto en Twitter tienes más éxito que cuando eres ingenioso?

Los tuits ingeniosos tiene bastante aceptación, la verdad. El cabreo nacional es de tal calibre entre un determinado sector que aunque diga obviedades, funciona. Debe ser que la obviedad no es moneda común, eso que se llama sentido común.

¿A qué crees que se debe tu éxito en Twitter?

No lo sé muy bien. Me doy cuenta de que se retuitean mucho algunos de mis tuits o le dan a favorito, que tampoco entiendo muy bien este botón, si de verdad les gusta que lo difundan, ¿no? A lo mejor al darle a favorito se están haciendo los árbitros de la elegancia.

¿Cómo eliges a quién seguir?

A cada uno por una razón diferente. Tengo algunos que son gente ingeniosísima. Hay un dialoguista maravilloso que es Carlos Langa, otra chica genial que firma como Miss Dadaway, me gustaría saber qué le pasa por la cabeza, dice cosas rarísimas de una gran perspicacia y altura literaria. Y luego tengo que confesar que a veces le doy sin darme cuenta al botón de seguir y no sé quiénes son.

¿Cuándo haces retuit?

Por ejemplo, cuando nuestro empleado Rajoy dice alguna chorrada en un discurso lo comparto, pero no es por indignación, es por irrisión. No suelo actuar por ira, cuando retuiteo es porque algo me ha interesado mucho para bien o para mal.

¿Qué otros usos haces de Twitter?

Cuando alguien levanta una liebre, recurro a Twitter para ver qué pasa. Igual que entro en tres o cuatro periódicos cada día.

¿Te han tentado las marcas para sacar provecho de tu cuenta?

Alguna vez me han pedido que retuitee para vender algún disco. Lo he hecho cuando ha salido un libro mío. Pero las grandes marcas no. Esa tentación debían de planteármela para probarme a mí mismo, a ver si soy pecador o no. Si alguna vez escribo que la coca-cola está muy rica y quita la sed, será señal de que me han dado una pasta gansa y de que yo estoy muy necesitado.

¿Te planteas una fecha límite?

Seguiré mientras aguante el cuerpo, mientras me vengan a la cabeza y al corazón, lo hago por mí, no creas que lo hago por la civilización occidental. Antes solo era gracioso en las conversaciones.

O sea... que Twitter también tiene una parte de ego.

Por supuesto, como todo lo que uno hace y se exterioriza. La osadía de que uno piense que lo que hace a otro le merece la pena leerlo es mucha osadía con la de cosas placenteras que se pueden hacer en la vida.

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