"Te conocí el mismo día que decidí suicidarme" ¿Es este el mejor anuncio de 'se busca' de la historia?

La única pega es todo lo que nos hace creer que es falso

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"Te conocí bajo la lluvia el último día de 1972, el mismo día que decidí suicidarme." Así comienza la carta que un usuario de Craiglist - una web de anuncios clasificados-  publicó en la sección de Missed Connections de Bostón hace 10 días. 'Contactos perdidos' vendría a ser algo así como una sección de 'Te vi': anuncios en la que 'gente busca a gente' a la que ha conocido, pero de la que no conserva sus datos. Los foros de Craiglist de grandes ciudades como Nueva York o Boston suelen recibir miles de anuncios de este tipo todos los meses. Este, escrito supuestamente por un veterano de la guerra que busca a una mujer que conoció el día de Nochevieja de hace 43 años, no ha pasado desapercibido. 

Te conocí bajo la lluvia el último día de 1972

Traducción de la carta anónima publicada en la sección 'Craglist' de Bostón

Te conocí bajo la lluvia en el último día de 1972, el mismo día que decidí suicidarme.

Una semana antes, a instancias de Richard Nixon y Henry Kissinger, había realizado cuatro incursiones con mi avión B-52 sobre Hanói. Lancé 48 bombas. Cuántas casas destruí, con cuántas vidas terminé, nunca lo sabré. Pero a ojos de mis superiores, había servido a mi país honorablemente, y con tal distinción me licencié.

Y así la mañana de ese fin de año, me encontraba en un apartamento vacío en Beacon and Hereford con una botella de Whisky Tennessee y una punzada de vergüenza impregnando todos los recovecos de mi alma. Cuando terminé la botella, me dirigí hacía la puerta y me juré que al regresar, cogería la pistola Smith & Wesson modelo 15 del armario y me dispararía a mí mismo como merecía.

Caminé durante horas. Di vueltas alrededor de Fenway antes de serpentear por detrás de Symphony Hall y subir hasta Trinity Church. Después deambulé por Common y escalé la colina con su cúpula dorada y callejeé por el encantador laberinto que divide Hanover Street. Cuando llegué a la orilla, el cielo se había vuelto color carbón y la llovizna se había convertido en lluvia más fuerte. El chaparrón dio paso al diluvio. Mientras que los otros peatones se cobijaban bajo los toldos y los vestíbulos, yo caminaba bajo la lluvia. Supongo que pensaba, o más bien esperaba, que pudiera lavar la pátina de la culpabilidad que se había creado alrededor de mi corazón. No lo hizo, por supuesto, así que emprendí mi camino de vuelta al apartamento.

Y entonces te vi.

Te habías refugiado bajo el balcón de la Old State House. Llevabas un vestido verde azulado, que me pareció demasiado arreglado y ridículo. Tu cabello castaño estaba enmarañado hacia la derecha de tu cara, y una galaxia de pecas cubría tus hombros. Nunca había visto nada tan hermoso.

Cuando me puse junto a ti debajo del balcón, me miraste con tus grandes ojos verdes, y me di cuenta de que estabas llorando. Te pregunté si estabas bien. Me contestaste que habías estado en mejores situaciones. Te pregunté que si te gustaría tomar un café. Dijiste que solo si yo te acompañaba. Antes de que me diese tiempo a sonreír cogiste mi mano y me dirigiste hacia Neisners a través de Downtown Crossing.

Nos sentamos en el mostrador y hablamos como viejos amigos. Nos reíamos tan fácil como nos lamentábamos y me confesaste frente a un pastel de nuez que estabas prometida a un hombre que no amabas, un banquero perteneciente a la nobleza de Boston. Un Cabot, o tal vez un Chaffee. En cualquier caso, sus padres había organizando una velada para Nochevieja y de ahí lo arreglado del vestido.

Por mi parte, había compartido más cosas sobre mi mismo de las que hubiera creído posible en aquel momento. No mencioné a Vietnam, pero tuve la sensación de que tú pudiste ver que había una guerra que se libraba dentro de mí. Aún así, tus ojos no ofrecían compasión, y te amé por ello.

Después de una hora más o menos, me disculpé para ir el baño. Recuerdo mirarme en el espejo. Preguntándome si debía darte un beso, si debía decirte que iba en la cabina de ese bombardero una semana antes, si debía regresar a la Smith & Wesson que me esperaba. Finalmente, decidí que era indigno del ánimo que esta extraña del vestido verde azulado había infundido en mí, y que dar marcha atrás por esa agradable coincidencia sería una deshonra.

De camino hacia el mostrador, mi corazón latía en mi pecho como el mazo de juez enojado, y un futuro - nuestro futuro- osciló en mi mente. Pero cuando llegué a los taburetes, ya te habías ido. Ningún número de teléfono. Ninguna nota. Nada.

Tan extraña como había comenzado, nuestra unión terminó. Yo estaba devastado. Volví a Neisners cada día durante un año, pero nunca te vi otra vez. Irónicamente, la tortura de tu abandono parecía tragarse el desprecio hacia mí mismo y la posibilidad de suicidio fue de repente menos atractiva que la perspectiva de descubrir qué había pasado en ese restaurante. La verdad es que nunca he dejado de preguntármelo.

Soy un hombre viejo ahora y solo hace poco he contado esta historia por primera vez a alguien, un amigo del VFW. Él me sugirió que te buscase en Facebook. Le dije que no sabía nada acerca de Facebook, y lo único que sabía era tu nombre y que habías vivido en Boston alguna vez. Y que si por algún milagro encontrase tu perfil, no estaría seguro de poder reconocerte. El tiempo es cruel en ese sentido.

Este mismo amigo tiene una hija especialmente sensible. Fue ella quien me dirigió a Craigslist y a esta sección de ‘Contactos perdidos’. Pero como yo he echado esta moneda virtual en el pozo de los deseos del cosmos, se me ocurre, después de imaginar un millón de supuestos y toda una vida de sueño perdido, que quizás nuestra conexión no estaba perdida del todo.

Verás, en estos cuarenta y dos años he vivido una buena vida. He querido a una buena mujer. Me he convertido en un buen hombre. He visto mundo. Y me he perdonado a mí mismo. Y tú eras la causa de todo. Insuflaste tu espíritu en mis pulmones una tarde lluviosa, y no puedes siquiera imaginar mi gratitud por ello.

Tengo días difíciles, también. Mi mujer murió hace cuatro años. Mi hijo, un año después. Lloro mucho. A veces por la soledad, a veces no sé por qué. Algunas veces puedo volver a oler el humo sobre Hanói. Y después, unas doce veces al año, recibo un regalo. El cielo se cubre, las nubes tapan el sol, la lluvia comienza a caer. Y me acuerdo.

Así que dondequiera que haya estado, dondequiera que estés y dondequiera que vayas, debes saberlo: todavía sigues estando conmigo.

Varios medios de habla inglesa comenzaron a preguntarse si este era el mejor anuncio de contactos nunca visto en Craigslit o si sería el primero en ganar un premio Pulitzer. Emocionados por las palabras de ese hombre atormentado y a punto de suicidarse que cambia de opinión después de su encuentro con una desconocida, muchos usuarios comenzaron a compartir el post en redes sociales. Algunos se preguntaban si era real o ficción. Otros señalaban que estaba tan bien escrito, que poco importaba.

"Este es el 'Contacto perdido' más emocionante y humano que he leído nunca. Leedlo, por favor

"Me gustaría creer que este 'Contacto perdido' es real "

Las sospechas para no dar la historia por cierta son varias. Por un lado, no es la primera vez que un autor recurre a este tipo de acciones para promocionar su obra. Por otro, hay varias fechas y referencias históricas que no concuerdan. Thomas Wictor, un escritor especializado en temas de guerra, así lo ha señalado en su blog. Ante la avalancha de comentarios recibidos, el pasado 2 de octubre publicaba un artículo - Nunca nos conocimos bajo la lluvia el último día de 1972 - en el que desmonta punto por punto los detalles ofrecidos por el famoso anónimo en Craigslit. Después de analizar el tipo de bombas mencionadas, las fechas de Operación Linebacker II de la guerra de Vietnam, el supuesto recorrido por la ciudad de Boston o la vestimenta con la que describe a la chica, Wictor concluye que el relato tiene poco de real y mucho de ficción. "Los pilotos de bombarderos de las Fuerzas aéreas siempre son oficiales, no hombres que se alistan en el ejército" , señala, "los oficiales son separados, no son despedidos y licenciados. Ya en el segundo párrafo la historia se revela como falsa, escrita por alguien que nunca sirvió en el ejército."

Según la web SharedAccount - que permite seguir la pista de un URL concreta - el enlace directo a la publicación ha generado más de 218.000 interacciones en Facebook y ha sido compartido 5.000 veces en Twitter. Uno de esos enlaces llegó a Reedit hace dos días, donde la historia pasó a ser examinada al detalle y a dividir nuevamente a sus usuarios en los comentarios. En la discusión generada en torno a la historia pueden encontrarse enlaces al tiempo exacto que hizo ese día en Boston - parece que sí llovió - y referencias a otros anuncios de este tipo que luego resultaron ser ejercicios literarios. Un ejemplo, fue la carta escrita por Raphael Bob-Waksberg en el foro Craiglist de Nueva York en 2013 y que generó un revuelo similar.

"Simplemente por estar bien escrito no significa que no pueda ser real"

"Sí que llovió en Bostón el 31 de diciembre de 1972. Es una predicción antigua, pero lo prueba"

Aunque el autor de la carta no se ha pronunciado públicamente al respecto sí que ha obtenido respuesta: "Nos conocimos bajo la lluvia el último día de 1972, el mismo día que decidí que nunca me casaría". Es el contrapunto, la versión del encuentro escrita por la mujer protagonista de la historia y que también ha sido publicada en Craiglist hace dos días. Firmado de nuevo por un usuario anónimo en el post de respuesta se explican las razones por las que la misteriosa chica desapareció sin dejar rastro: descubrir que el hombre de su vida le había ocultado que estaba casado le hizo prometer que nunca volvería a sufrir por amor. Y utilizando la misma estructura narrativa concluye: "Así que dondequiera que hayas estado, estés y vayas a estar, debes saberlo: aún me acompañas, aunque nunca estaremos juntos". ¿Misterio resuelto?

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