Autores que reflejaron muy bien México sin ser mexicanos

Estos escritores extranjeros han sabido tomarle el pulso a México más allá del mariachi y el tequila

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México ha sido fuente de inspiración para la creación de historias inmortalizadas en libros que forman parte de la cultura nacional.

Alonso Díaz de la Vega, periodista cultural del diario El Universal explica a Verne que este fenómeno de fascinación y acercamiento extranjero tiene sus matices regionales: "Por ejemplo, en Europa hay ciertas cosas que ligan a todos los países. En Estados Unidos también. Pero Latinoamérica es totalmente ajena a ellos. Eso se ve mucho con Le Clézio en El sueño mexicano o el pensamiento interrumpido. La distancia acerca en cierto modo”.

No han sido pocos los escritores de otras latitudes que han quedado fascinados por la contradicción y el misticismo de México. Estos libros son prueba de ello.

1. Bruno Traven

El autor alemán es uno de los personajes más misteriosos de la literatura universal. Otto Feige es el nombre real de este escritor que se afincó en México desde los años veinte hasta su muerte, en 1969, alimentando el mito en torno a su figura y rechazando la publicidad como figura de renombre.

En Canasta de cuentos mexicanos, Traven retrata a través de diez relatos un México aún rural en su mayoría y dominado por las huellas de la dictadura de Porfirio Díaz. En el cuento Canastitas en serie, por ejemplo, describe a un indígena mexicano sumido en la miseria, pero sumamente creativo e inteligente, que es consciente de la extrañeza y fascinación que despierta ante el extranjero, sacando provecho de ello.

'Canasta de cuentos mexicanos' (1956)

“En calidad de turista en viaje de recreo y descanso, llegó a estas tierras de México Mr.E. L. Winthrop. Abandonó las conocidas y trilladas rutas anunciadas y recomendadas a los visitantes extranjeros por las agencias de turismo y se aventuró a conocer otras regiones. Como hacen tantos otros viajeros, a los pocos días de permanencia en estos rumbos ya tenía bien forjada su opinión y, en su concepto, este extraño país salvaje no había sido todavía bien explorado, misión gloriosa sobre la tierra reservada a gente como él. Y así llegó un día a un pueblecito del estado de Oaxaca. Caminando por la polvorienta calle principal en que nada se sabía acerca de pavimentos y drenaje y en que las gentes se alumbraban con velas y ocotes, se encontró con un indio sentado en cuclillas a la entrada de su jacal. El indio estaba ocupado haciendo canastitas de paja y otras fibras recogidas en los campos tropicales que rodean el pueblo. El material que empleaba no sólo estaba bien preparado, sino ricamente coloreado con tintes que el artesano extraía de diversas plantas e insectos por procedimientos conocidos únicamente por los miembros de su familia.

El producto de esta pequeña industria no le bastaba para sostenerse. En realidad vivía de lo que cosechaba en su milpita: tres y media hectáreas de suelo no muy fértil, cuyos rendimientos se obtenían después de mucho sudor, trabajo y constantes preocupaciones sobre la oportunidad de las lluvias y los rayos solares.

Hacía canastas cuando terminaba su quehacer en la milpa, para aumentar sus pequeños ingresos. Era un humilde campesino, pero la belleza de sus canastitas ponían de manifiesto las dotes artísticas que poseen casi todos estos indios. En cada una se admiraban los más bellos diseños de flores, mariposas, pájaros, ardillas, antílopes, tigres y una veintena más de animales habitantes de la selva. Lo admirable era que aquella sinfonía de colores no estaba pintada sobre la canasta, era parte de ella, pues las fibras teñidas de diferentes tonalidades estaban entretejidas tan hábil y artísticamente, que los dibujos podían admirarse igual en el interior que en el exterior de la cesta”.

2. Jack Kerouac

A mediados de la década de los cincuenta del siglo pasado, el estadounidense Jack Kerouac, uno de los principales artífices de la generación beat, llegó a la Ciudad de México para entrar en contacto con las calles y barrios más sórdidos del centro histórico. Esa experiencia quedaría plasmada en dos textos, el poemario Mexico City Blues y Tristessa (1960), novela que narra su enamoramiento con una prostituta mexicana, Esperanza Villanueva, a quien Kerouac bautizó con el nombre que da título a la breve novela.

En Tristessa, Kerouac logró asimilar el ambiente y las imágenes del México de aquel entonces, los recovecos bulliciosos de Plaza Garibaldi y los puestos de tacos con carne refrita y cochambre, pero sobre todo anota el contraste entre la conexión mexicana de lo indígena y lo católico.

'Tristessa' (1960)

"Camino por la Plaza Garibaldi, donde la policía acecha, bizarros tumultos de gente se aglomeran en las angostas calles alrededor de apocados músicos que tocan débilmente sus trompetas cerca de las banquetas... Las marimbas resuenan en los grandes bares... Confundidos entre hombres ricos y pobres con sombreros de ala ancha salen por las puertas de dos hojas a escupir pedazos de cigarro y con sus enormes manos se golpean los genitales como si fueran a arrojarse a un arroyo helado...

Culpable... Más allá de las calles aledañas, mortíferos autobuses avanzan y se contonean al pasar sobre hoyos llenos de lodo... en la oscuridad brillan luminosos los vestidos amarillo chillante de las putas… grupos de amantes permanecen inclinados o parados contra los muros de la amada noche mexicana... hermosas muchachas de todas las edades pasan por la calle, algunos gordos chistosos y yo volteamos nuestras cabezotas para observarlas... son demasiado bellas como para aguantarse las ganas...

Deambulo por la oficina de Correos, cruzo al final de la Avenida Juárez, el Palacio de Bellas Artes está hundido muy cerca... Me dirijo a San Juan de Letrán y camino con rapidez 15 cuadras, deteniéndome en un lugar donde hacen deliciosos churros cortando trozos de harina fresca y que luego fríen con azúcar y mantequilla en una olla llena de aceite caliente; me los como recién hechos mientras contemplo la noche peruana delante de los enemigos de la calle…”.

3. John Kenneth Turner

El autor estadounidense es uno de los periodistas clave para comprender la Revolución Mexicana y las condiciones en las que vivían las clases desfavorecidas de México en esa época. Kenneth Turner logró que el esclavismo y cacicazgo que sufrían los campesinos en 1910 se dieran a conocer fuera de México. México Bárbaro es fundamental para entender el origen étnico del mexicano promedio, así como para adentrarse a la génesis de su sometimiento y discriminación por parte de los hacendados.

'México bárbaro' (1911)

“Los mayas son indígenas aunque no ‘indios’ en el sentido norteamericano común de esta palabra. No son como los de los Estados Unidos y se les llama así tan sólo porque habitaban en el hemisferio occidental cuando llegaron los europeos. Los mayas tenían una civilización propia cuando los españoles los ‘descubrieron’, y se sabe que su civilización era tan avanzada como la de los aztecas del centro de México o la de los incas del Perú.

Los mayas son un pueblo singular. No se parecen a ningún otro pueblo del mundo; ni a los demás mexicanos; ni a los norteamericanos; ni a los chinos; ni a los hindúes; ni a los turcos. Pero puede uno imaginarse que la fusión de estos cinco pueblos tan diferentes podría formar un pueblo como el maya. No son altos de estatura; pero sus facciones son finas y sus cuerpos dan una fuerte impresión de gracia y elegancia: piel aceitunada, frente alta, rostro ligeramente aquilino.

En Mérida, las mujeres de todas clases usan blancos vestidos amplios y sin cintura, bordados en el borde inferior de la falda y alrededor del escote con colores brillantes: verde, azul. Durante las noches, siempre tibias, una banda militar ejecuta piezas de música, y cientos de graciosas mujeres y niñas, vestidas de ese modo tan atrayente, se mezclan entre las fragantes flores, las estatuas artísticas y el verdor tropical de la plaza principal. Los hacendados no llama ‘esclavos’ a sus trabajadores; se refieren a ellos como ‘gente’, ‘obreros’, especialmente cuando hablan con forasteros; pero cuando lo hicieron confidencialmente conmigo dijeron: ‘Sí, son esclavos’”.

4. D.H. Lawrence

El autor inglés David Herbert Richards Lawrence viajó a México durante tres años, entre 1923 y 1925, para recorrer la república desde Sonora hasta Oaxaca. El resultado de ese viaje es La serpiente emplumada, ficción que sirve de introducción a la cultura prehispánica mexicana. Esta novela, publicada en 1926, invitó a que se despertara más el interés por la cultura azteca y por la figura de Quetzalcóatl, en particular.

'La serpiente emplumada' (1926)

"Pero las bandas eran bandas militares, y era el ejército quien había ganado todas las revoluciones, por lo que las revoluciones eran sus revoluciones, y estaban presentes para su propia y única gloria. Música pagada toca mal tono* Espasmódicamente, el insolente griterío de la plebe subía y bajaba de tono. ¡La música! ¡La música!* El grito se volvía brutal y violento. Kate lo recordó siempre. ¡La música!* La banda hacía gala de su indiferencia. El grito era un inmenso alarido: ¡La degenerada plebe de la Ciudad de México! Al final, cuando quisieron, las bandas, con vueltas y bocamangas rosas en su uniforme gris, empezaron los primeros acordes: claros, marciales, límpidos. -¡ Estupendo! -exclamó Owen-. ¡Lo hacen muy bien! Es la primera vez que oigo a una buena banda en Ciudad de México, una banda de verdad".

5. Katherine Ann Porter

La activista y escritora estadounidense Katherine Anne Porter escribió que México era su segunda patria, un país al que le tenía especial aprecio ya que su padre siempre le hablaba sobre él de forma maravillosa. Porter conoció México en 1910 en pleno estallido de la Revolución, quedando prendada del paíscomo lugar clave para su escritura.

Entre 1920 y 1930 viajó constantemente de Nueva York a México, tiempo en el que escribió Judas en Flor y los relatos que conformarían posteriormente Un país familiar: escritos sobre México. De Judas en Flor, Ann Porter escribe durante la etapa obregonista de México:

'Judas en flor' (1930)

"Lupe se acercó en silencio y le susurró al oído un consejo de experta:

—Si le arroja una pequeña flor, cantará una o dos canciones más y se largará. Laura arrojó la flor; él cantó una última canción y se marchó con la flor calada en la banda del sombrero.

—Es uno de los organizadores del sindicato de tipógrafos—le dijo Lupe—, y antes vendía corridos en el mercado de la Merced, y antes de eso había venido de Guanajuato, donde yo nací. No confío en ningún hombre, pero aún menos en los de Guanajuato.

No le dijo a Laura que él regresaría la noche siguiente, y la siguiente, ni que la seguiría a cierta distancia en el mercado de la Merced, por el Zócalo, por la avenida Francisco I. Madero, por el Paseo de la Reforma hasta el bello parque de Chapultepec y por la Vereda del Filósofo, con esa flor mustia en el sombrero, y un empecinamiento en los ojos".

6. Malcolm Lowry

Con la intención de salvar su matrimonio, el poeta y narrador inglés Malcom Lowry decide mudarse a Cuernavaca en 1936. Parte de ese argumento autobiográfico lo relata en Bajo el Volcán, obra que toma a México como escenario de un viaje de transformación, una suerte de "descenso a los infiernos", como lo llamó el autor. Un libro que trasciende lo mexicano para convertirse en uno de los libros más importantes en la literatura universal.

'Bajo el volcán' (1947)

“¿Quieres que te relate, Yvonne, aquel terrible viaje: la travesía por el desierto en el angosto ferrocarril sentado en el potro del asiento de un vagón de tercera clase?, ¿del niño cuya vida salvamos su madre y yo sobándole la barriga con tequila de mi botella?, ¿o cómo, cuando entré a mi cuarto en el hotel donde una vez fuimos felices, el ruido de la matanza, abajo, en la cocina, me hizo salir al resplandor de la calle?, ¿y cómo, más tarde, encontré aquella noche un zopilote posado en la palangana? ¡Horrores a la medida de los nervios de un gigante! No, mis secretos son de ultratumba y deben permanecer como tales.

Y así, a veces me veo como un gran explorador que ha descubierto algún país extraordinario del que jamás podrá regresar para darlo a conocer al mundo: porque el nombre de esta tierra es el infierno. Claro que no está en México, sino en el corazón. Y, como de costumbre, estaba hoy en Quauhnáhuac, cuando recibí de nuestro abogado la noticia de nuestro divorcio. Tal como me lo merecía. Me llegaron también otras noticias: Inglaterra ha roto relaciones diplomáticas con México, y todos sus cónsules aquellos, al menos, que son ingleses serán tirados”.

7. Roberto Bolaño

El escritor chileno Roberto Bolaño vivió su juventud en México durante la década de los setenta, conectándose con una escena artística que lo empujó a iniciar su carrera literaria. Son dos las obras de Bolaño que hablan sobre México, 2666 y Los detectives salvajes. Pero es en la segunda en la que percibimos una mayor cercanía con México, debido en buena medida al tinte autobiográfico que contiene. 

'Los detectives salvajes' (1998)

“En la calle le pregunté si tenía algo que hacer y me dijo que nada, que lo único que pasaba era que el café Quito no era de su agrado. Caminamos por Bucareli hasta Reforma, cruzamos y nos internamos por la avenida Guerrero.

—Éste es el barrio de las putas—dijo María.

—No tenía idea—dije yo.

—Cógeme del brazo, no sea que me confundan.

La verdad es que al principio no advertí ninguna señal que singularizara aquella calle de las que acabábamos de dejar. El tráfico era igual de denso y la muchedumbre que circulaba por las aceras en nada se diferenciaba de la que fluía por Bucareli. Pero luego (tal vez influido por la advertencia de María) fui percibiendo algunas discordancias. Para empezar, la iluminación. El alumbrado público en Bucareli es blanco, en la avenida Guerrero era más bien de una tonalidad ambarina. Los automóviles: en Bucareli era raro encontrar un coche estacionado junto a la acera, en la Guerrero abundaban. Los bares y las cafeterías, en Bucareli eran abiertos y luminosos, en la Guerrero, pese a abundar, parecían replegados sobre sí mismos, sin ventanales a la calle, secretos o discretos. Para finalizar, la música. En Bucareli no existía, todo era ruido de máquinas o de personas, en la Guerrero, a medida que uno se internaba en ella, sobre todo entre las esquinas de Violeta y Magnolia, la música se hacía dueña de la calle, la música que salía de los bares y de los coches estacionados, la que salía de las radios portátiles y la que caía por las ventanas iluminadas de los edificios de fachadas oscuras.

—Me gusta esta calle, algún día voy a vivir aquí—dijo María".

8. Josefina Aldecoa

Docente, filósofa y pedagoga, Josefina Aldecoa (1926-2011) fue una prolífica escritora española preocupada por reformar el sistema educativo en su país, tras la época de la dictadura franquista.

En la década de los noventa, Aldecoa escribe una trilogía autobiográfica conformada por Historia de una maestra (1990), Mujeres de negro (1994) y La fuerza del destino (1997).

En Mujeres de negro, Aldecoa narra la relación entre Gabriela y su hija Juana, quienes aceptan la propuesta de un magnate mexicano de irse a vivir con él a Puebla, dadas las circunstancias de Gabriela, quien no encuentra trabajo por sus ideales políticos y la muerte de su esposo.

La novela no sólo habla del exilio de los españoles en México, sino que teje un sutil hilo entre los contrastes culturales e ideológicos de y entre ambas naciones. Las similitudes coloniales de Puebla con España son contadas con precisión por Aldecoa.

'Mujeres de negro' (1994)

“Puebla es una ciudad grande. Está en un valle rodeado de montañas muy altas. Tiene una plaza con muchos árboles y una fuente preciosa en el medio. Allí está la catedral. Pero hay iglesias por todas partes. Iglesias con altares de oro, iglesias con altares pintados de muchos colores, torres altas,cúpulas, campanarios. Cuando suenan las campanas parece que ha empezado una gran fiesta que se transmite de unas a otras y se prolonga hasta el último rincón.

Rosalía, la prima, nos acompañó a dar un paseo hasta la iglesia de Santo Domingo que tiene una capilla, la del Rosario, muy alegre, con una virgen llena de adornos. 'Aquí me bautizaron', dijo, 'a ver si me caso aquí'. Eso fue el sábado. El domingo nos llevaron a misa a la catedral. No se parecía nada a la de mi ciudad, pero me gustó ir. Me gustó la ceremonia, la música, las casullas de los curas, el parpadeo de los cirios, el olor del incienso. Por la tarde nos dieron chocolate con dulces muy ricos. El chocolate lo hicieron en una chocolatera dorada, removiendo lentamente con el molinillo. Como en España”.

9. Francisco Goldman

Goldman, estadounidense hijo de madre guatemalteca ha vivido de cerca el caos mexicano, ya sea de forma cruenta y desgarradora, como el escenario autobiográfico de su novela Di su nombre (2012), pero también con tintes más divertidos. Tal es el caso de su más reciente libro, Circuito Interior (2015).

El autor narra en Circuito interior el difícil arte de aprender a manejar en una ciudad caótica como la mexicana. Sin embargo, esto sólo es la punta de lanza para hablar sobre la represión campesina de Atenco, los desaparecidos de Ayotzinapa o los feminicidios en Ciudad Juárez. Crónica periodística aderezada con las dotes literarias de Goldman.

'Circuito interior' (2015)

“Sabía manejar, aunque no en la Ciudad de México, por donde me movía principalmente en taxi o en transporte público. Podía contar con los dedos de una mano el número de veces que había tratado de manejar ahí, aun habiendo vivido en el DF de manera intermitente a lo largo de veinte años. El DF tiene unos ocho millones de habitantes aunque, entre semana, con la gente que se desplaza desde la zona metropolitana para ir a trabajar, ese número se eleva hasta los veinte millones.

El caos y la confusión del tráfico aparentemente anárquico de la ciudad me habían intimidado siempre, incluso atemorizado: los cruces como tentáculos de pulpoy las avenidas semejantes a las pistas de los derbies de demolición; loscoches entrecruzándose desde todas direcciones al mismo tiempo, y sin chocar, como si fuesen fantasmas; las nutridas bocacalles sin semáforos ni señales; las calles de un solo sentido que sin embargo cambia de una cuadra a otra; las abarrotadas vías rápidas de varios carriles e inesperados pasos a desnivel, donde pasar de largo una salida invariablemente significa tener que entrar de pronto en otra vía rápida o avenida que se dirige a algún lugar desconocido, o descender en medio de una enloquecida maraña de calles en una colonia en la que no hemos estado nunca antes, o de la que ni siquiera hemos oído hablar. El peor de mis temores era perderme en alguna vía rápida, como el Anillo Periférico o el Circuito Interior, en medio de una de las torrenciales lluvias del verano".

10. Peter Kuper

En 2006, el escritor estadounidense Peter Kuper se muda de Nueva York a Oaxaca en compañía de su esposa e hija, escapando de su rutina laboral. Lo que encontraría en su viaje sería un Estado en plena huelga magisterial y un clima generalizado de descontento social, pero también una Oaxaca que no coincidía con aquellas noticias de corte catastrofista que se leían a diario. El resultado de aquel acercamiento como escritor e ilustrador fue Diario de Oaxaca (Sexto Piso, 2009).

'Diario de Oaxaca' (2009)

"Lo primero que se me pregunta por lo general en estos días es, '¿Qué hizo que te decidieras a mudarte de la ciudad de Nueva York a Oaxaca, México?' Esto me trae a la mente un diálogo de la película Casablanca:

Capitán Louis Renault (Claude Rains):

-¿Qué demonios te trajo a Casablanca?

Rick Blaine (Humphrey Bogart):

-Mi salud. Vine a Casablanca por las aguas.

Capitán:

-¿Las aguas? ¿Qué aguas? ¡Estamos en el desierto!

Rick:

-Me informaron mal.

Mi hija Emily, mi esposa Betty y yo no nos mudamos aquí en julio de 2006 por las aguas, sino para pasar un año sabático. No venimos en busca de una situación política explosiva, pero aún así nos topamos con ella.

Desde el mes de mayo los maestros de Oaxaca acampan en el centro de la ciudad (Zócalo). Esta huelga ha sido un evento anual de los últimos veinticinco años y por lo general duraba alrededor de dos semanas o hasta que sus demandas de aumentos salariales y mayores fondos escolares fueran satisfechas. Por primera vez en la historia de la huelga, el nuevo gobernador, Ulises Ruiz Ortiz (URO), decidió no acceder a sus demandas. En vez de ello, el 14 de junio a las 4:30 am envió a la policía antidisturbios en un intento de expulsarlos a la fuerza. Este ataque se le revirtió por completo. No sólo no lograron desalojar a los huelguistas, sino que incrementaron sus demandas y su movimiento creció en número. Se les unió una coalición mayor de sindicatos, la APPO (Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca), que declaró que la huelga no concluiría a menos de que el gobernador Ulises renunciara.

Desde entonces, la tensión incrementaba y decaía ante las acciones policiacas periódicas contra los huelguistas, pero éstos no cedieron. El turismo ha desaparecido y estamos entre los pocos extranjeros que caminan por la ciudad. En un día determinado no sabemos cuáles calles están cerradas y los semáforos frecuentemente están fuera de servicio. En la noche hay toque de queda y todas las colonias son paralizadas con barricadas en llamas, comandadas por los huelguistas, que se defienden de más ataques policiacos.

De manera que nuestra mudanza ha sido todo lo que esperábamos -caos y grandes cantidades de policía antimotines, pero todo ello es apabullado por el resto de lo que esta aventura nos ofrece.

Agua o desierto, Oaxaca sigue siendo una elección fantástica".

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