8 ejemplos de que te gusta la química (aunque quizás no lo sabías)

Deborah García Bello ha publicado una introducción a la química que desmonta mitos y miedos infundados

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¿Tomas yogures sin lactosa y no eres intolerante a la lactosa?
¿Tomas yogures sin lactosa y no eres intolerante a la lactosa?.

Deborah García Bello nunca sale de casa sin una tabla periódica, a pesar de que se la sabe de memoria. “Fue un regalo que me hizo uno de mis profesores la primera vez que llevé a mis alumnos de secundaria a la facultad donde estudié”, explica a Verne esta química coruñesa nacida en 1984. A la tabla periódica le dedica uno de los capítulos de su libro Todo es cuestión de química, un recorrido por esta ciencia que también recoge datos e historias que ponen de manifiesto la relación que guarda con nuestro día a día.

De hecho, muchos de estos temas ya los había recogido en su blog, Dimetilsulfuro, cuyo nombre hace referencia al principal componente del olor a mar. El objetivo de este blog era “hacer que los alumnos se interesaran por la ciencia más allá del aula”, aunque su público fue creciendo hasta llegar a ganar el premio Bitácoras de 2014 al mejor blog de divulgación. Estos son algunos ejemplos de “lo extraordinario de lo ordinario” que recoge García Bello en su libro.

1. ¿Los lácteos sin lactosa son mejores para hacer la digestión? Un tema estrella de su blog es el de los lácteos sin lactosa, que García Bello recuerda en su libro que van destinados a los intolerantes a la lactosa (que no hay que confundir con los alérgicos a la leche). Si no lo somos, no vamos a disfrutar de una mejor digestión por tomar estos productos. Algo parecido ocurre con el gluten, que solo es necesario evitar en caso de ser celiacos.

“No tienes por qué saber qué significan palabras como lactosa y si la debes consumir o no", nos dice. Y por eso "está funcionando meter miedo usando términos científicos en la publicidad. Estos miedos se desarman con información. Si ayudamos a crear ciudadanos formados, estos anuncios dejarán de funcionar”.

2. Los yogures no tienen lactosa. Las bacterias de estos alimentos se encargan de degradar la lactosa “y convertirla en ácido láctico”, que es el “responsable del aumento de la acidez del yogur y también actúa como conservante del mismo”. Eso sí, muchos fabricantes añaden nata o leche en polvo al yogur para darle mayor consistencia, por lo que “no se pueden publicitar como libres de lactosa”. La cantidad está solo entre el 2% y el 5%, por lo que “podrían consumirse con moderación si la intolerancia a la lactosa no es muy severa”.

3. Los conservantes son necesarios. Además de la lactosa y el gluten, los conservantes, junto con otros aditivos como los edulcorantes, son en opinión de García Bello algunos de los productos más demonizados en los supermercados. La autora recuerda que muchos alimentos y cosméticos necesitan “conservantes para que sean seguros y para que duren el tiempo que tienen que durar”.

Que un producto no lleve conservantes no es nada bueno ni malo de por sí, ya que los llevará si los necesita o no se añadirán si ya los contiene de serie. Los conservantes “no solo se han extraído de la naturaleza, sino que, además, su uso es seguro”. Nos pone el ejemplo del E-300, que sirve para mantener el grado de acidez y que es el nombre que como aditivo tiene el ácido ascórbico. “No es más que la vitamina C. Pero si lo llamamos ‘vitamina’ ya no nos parece tan malo”.

4. ¿El aspartamo es seguro? Un estudio publicado en 2005 concluía que el aspartamo podía tener efectos cancerígenos. Aunque este estudio fue desechado por sus errores metodológicos, esta idea todavía persiste. "Se puede afirmar -escribe García Bello- que el aspartamo es un edulcorante seguro y eficaz". Los edulcorantes se usan para endulzar los alimentos sin que aumente su aporte calórico y, también, en los aptos para diabéticos. El aspartamo "es aproximadamente doscientas veces más dulce que el azúcar común" y además no tiene el sabor amargo de la sacarina.

5. El calcio siempre es natural. Estas actitudes se resumen en una fobia a lo químico. Estos temores olvidan que todo es química, incluido, claro, todo lo natural. En este sentido, García Bello escribe que usar reclamos como "leche enriquecida con calcio natural”, no es más que un truco publicitario que juega con este miedo infundado.

“El calcio, por definición, es siempre natural”, ya que todo el que encontramos se ha extraído de la naturaleza “de una forma u otra". Sería absurdo sintetizar calcio en un laboratorio "porque la naturaleza nos lo brinda en abundancia y es fácilmente extraíble”. Además y provenga o no de la leche, “está constituido por la misma proporción de protones, neutrones y electrones”. Todos los calcios son iguales. Si no, no sería calcio.

6. La fórmula secreta de la Coca-Cola. En su blog, García Bello desveló la fórmula secreta de la Coca-Cola, que obviamente no es tan secreta. Como explica, este refresco no solo se puede analizar, sino que, como todos los alimentos, ha de pasar “estrictos controles de calidad”. De hecho, “es obligatorio dar a conocer todos sus ingredientes, ya que han de mostrarse en el etiquetado por algo tan simple como que el consumidor pudiese ser alérgico o intolerante a alguno de ellos". ¿Quieres saber la composición de la Coca-Cola? “Es algo tan sencillo como coger una lata y leer la lista de ingredientes que figuran en la etiqueta”.

7. La relación entre los lápices, el grafeno y el diamante. Los diamantes, el grafeno y el grafito están formados por átomos de carbono. La única diferencia que hay es cómo están unidos entre sí. Como explica en el libro, la estructura del grafito, el principal componente de las minas de los lápices, es laminar, es decir, los átomos se unen formando planos por lo que los enlaces son más débiles. En el caso del diamante, los átomos de carbono forman una red cristalina en forma de tetraedro regular. El grafeno está formado por láminas similares a las del grafito, pero en hojas de un átomo de espesor. Este material es más duro que el diamante y a la vez muy flexible.

8. La química te ayuda a entender el arte. En su libro también habla de arte desde el punto de vista de la química, fruto de la colaboración desde hace años con su hermano, que es artista. Tal y como nos cuenta, él le preguntaba por pigmentos y materiales que podía usar y a partir de ahí, ella comenzó a interesarse en el tema.

Son asuntos en apariencia más alejados de la divulgación científica, "pero que escribo de la misma manera, ya que nacen de una preocupación personal que me mueve a investigar”. Y también interesan a sus lectores: uno de los temas más leídos del blog es su texto sobre el azul Klein, del que también habla en el libro.

Se trata de una pintura azul patentada por este artista en 1960 y que “tiene un aglutinante específico que es el que dota a sus pinturas de una tez amelocotonada”. El objetivo de Klein era “conseguir una pintura que conservase el brillo y la intensidad del pigmento azul ultramar seco”. Klein se puso en contacto con la farmacéutica francesa Rhône Poulenc para desarrollar esta pintura. Un caso similar del que habla en el blog es el del “negro más negro de la historia”, cuya patente adquirió recientemente el artista Anish Kapoor.

El Azul Klein es una pintura patentada, no un color. El color Azul Klein realmente ya existía: es el azul ultramar....

Posted by Dimetilsulfuro on jueves, 19 de noviembre de 2015

Según nos explica, esta información ayuda a interpretar la obra: “No es lo mismo que una escultura esté hecha de madera, de mármol o de acero”. Y también le sirve para subrayar que la ciencia es cultura, del mismo modo que la literatura o la historia, aunque a veces se olvide.

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