Probamos el teléfono que te pone al habla con un sueco al azar para desmontar (o no) tópicos sobre Suecia

Nuestro interlocutor no 'se hace el sueco' cuando le preguntamos por la vida en su país

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"Hace 200 años Suecia fue el primer país en abolir la censura, ahora Suecia es el primer país con su propio número de teléfono". Así arranca el vídeo que ha lanzado la asociación de turismo sueco para conmemorar esa fecha y promocionar el +46 771 793 336, un número al que cualquiera puede llamar y preguntar todas aquellas dudas o curiosidades que tenga sobre el país nórdico.

Lo más interesante es que al otro lado de la línea no responderá un trabajador de Swedish Tourist Association entrenado para ello. Los interlocutores son ciudadanos voluntarios que se han inscrito en el programa porque sí. Esto es, no han recibido instrucciones de lo que deben o no deben contestar. Sin filtro. Tanto si preguntas por sus envidiadas políticas sociales como por sus escasas horas de luz, obtendrás respuesta. En Verne hemos querido probar el servicio y de paso confirmar si los tópicos sobre los suecos tienen fundamento.

¿Eres rubio y alto, Leonard?

Vamos allá. Marcamos y, después de escuchar una voz que advierte que la llamada puede ser grabada, suenan unos cuantos tonos. Responde, en sueco, un risueño y amable señor de 64 años. Preguntamos si habla inglés y nos dice que ¡por supuesto! "Soy Leonard, en qué puedo ayudarte".

Para romper un poco el hielo averiguamos algún dato sobre él y por qué se ha animado a participar en el proyecto. "Lo hago por diversión. Me gusta mucho hablar con la gente y esta es una forma maravillosa de hacerlo", explica desde Leksand, una ciudad de unos 5.000 habitantes situada al noroeste de Estocolmo. ¿Y no interfiere con tu trabajo? "No, para nada. Puedo compaginarlo sin problema. Trabajo en el departamento de ayuda a los refugiados de la ciudad, asesorándolos en sus gestiones y necesidades cotidianas. Ahora tengo tres chicos afganos viviendo conmigo en casa".

Genial. Y ahora vamos al grano. A desmontar/corroborar el primer tópico: la apariencia nórdica de Leonard. "¿Cuánto mido? ¿Por qué quieres saber cuánto mido?", repregunta entre risas nuestro interlocutor. "¿Es este un servicio de citas y no me he enterado?", bromea. Pero termina confesando lo que sospechábamos: "Mido algo más de 1.80 y soy rubio".

Cómo se (sobre) vive en un sitio tan frío y con tan poca luz

Cuando charlamos son algo más de las 15.30 y en España acabamos de volver de comer así que le pregunto si él está ya pensando en la cena: "No, no. Hoy cenaré un poco más tarde, a eso de las nueve". Después nos explica que normalmente lo hace a las 19.00, come a las 12.00 y termina de trabajar a las 16.00.

Si en el exterior hace, como hoy, ocho grados de temperatura para él es un día bastante bueno: "Mal tiempo es que el termómetro marque - 24º y estemos inmersos en una tormenta de nieve". La falta de luz en invierno - lo que nosotros imaginamos como el fin del mundo - no le supone ningún problema a Leonard: "No echo de menos el sol. Estoy acostumbrado. El tiempo en mi país es así y lo acepto".

Sí, los suecos también comen albóndigas en IKEA

Bien. Hablemos de ese gran drama del primer mundo ¿Es posible montar los muebles de IKEA sin que sobren piezas al final? "Sí, claro. A mí no me sobra ninguna. Pero lleva su tiempo. Solo hay que tener paciencia e ir poco a poco. Yo llevo haciéndolo toda la vida sin ningún problema". Leonard nos cuenta que ayer mismo visitó una de las tiendas y que no se fue sin probar las famosas albóndigas - "en IKEA las hacen muy buenas y baratas". Antes, cuando recorrió los pasillos en busca de estanterías o muebles para el salón, los nombres que leía en las etiquetas - Fjälkinge, Lövbacken o Billy - no tuvieron misterio para él: "Claro que entiendo lo que dicen. Son nombres de ciudades, de cosas en sueco, nombres de hombre y mujer, etc.".

Curioseamos también sobre otra gran empresa sueca: H&M. "Quizás sí tenga alguna prenda suya en el armario pero quienes más visten de la marca son los jóvenes". Le preguntamos si ha oído hablar de otro gran gigante textil, ZARA. "Sí, claro. También es popular aquí. Pero si tengo que gastarme dinero en alguna de las dos lo hago en H&M porque es mucho más barata".

Y no, no están cansados de sus Dancing Queens

"Les estamos muy agradecidos por su contribución a la música", explica Leonard sobre ABBA, "precisamente mi canción favorita de ellos es Thank you for the Music". Y niega que estén pasados de moda: "Los jóvenes también los respetan y conocen sus discos. Se siguen haciendo musicales con sus canciones y el museo que repasa su carrera es muy visitado". Y qué hay de cierto en esos datos que señalan que las ganancias del grupo supusieron durante años una importante contribución al PIB de Suecia: "No sabría decir, pero no creo que eso sea lo más valorado. Apreciamos su música y lo que hemos disfrutado gracias a ella".

¿Cuándo os escucharemos decir eso de Spain: Twelve points?

"Buena pregunta", dice Leonard antes de reflexionar unos segundos, "la verdad que no sé qué deberíais hacer para lograrlo" y aunque señala que la música de Eurovisión "no es su estilo", sí tiene la sensación de que las votaciones entre países se rigen por otras cuestiones: "Supongo que la política influye mucho". Parece que no estamos solos en esa cruzada.

Si tiene que apostar por un ganador para la edición de este año que se celebra en Estocolmo lo tiene más que claro: "¡Suecia! Creo que todo el dinero que pagamos por la licencia de televisión va a ir a la organización del festival", ironiza, "y además tenemos una canción bastante buena".

Leonard es capaz de nombrar a una participante española de Eurovisión: "Massiel", grita al otro lado del teléfono, antes de lanzarse a chapurrear el Vivo cantando. Cuando le corregimos y le explicamos que en realidad ese tema fue interpretado por Salomé, se arranca también con el La, la, la. Más allá de la década de los 60... silencio absoluto.

No todos los padres suecos pudieron criar a sus hijos

Nos ponemos un poco más serios y le explicamos a Leonard que una de las cosas que más admiramos de su país desde fuera son las políticas sociales y, en especial, la paridad del permiso por paternidad. "Sí, es algo que aquí se valora también mucho", explica. ¿Y cómo fue tu experiencia como padre al acogerte a esa baja laboral? "Yo no pude disfrutarlo", señala, "cuando mi hijo era niño - ahora ya ha cumplido los 40 - eran las mujeres quienes se quedaban cuidándolos. Pero sí, ahora la gente está muy contenta con el nuevo sistema".

Ni idea de Los Serrano ni del ¡Qué vienen las suecas!

Le preguntamos por su idea de España y los españoles y por primera vez se hace un poco el sueco: "No podría juzgarlos porque no los conozco de primera mano y nunca he estado allí". Al insistirle señala que lo que le viene a la mente es "el sol, las playas, el calor y la polución. ¡Ah! Y las naranjas, me encantan las naranjas y las uvas. Son muy buenas".

¿Sabe que en los 70 las suecas que visitaban España eran el paradigma de libertad y modernidad? "No, lo desconocía. Pero si las mujeres españolas consideraron que las suecas eran un buen ejemplo a seguir, tendrían sus motivos".

Tampoco sabe quienes son El Fiti o Boliche porque nunca ha visto un capítulo de Los Serrano - en Finlandia, como contaron en Salvados, sí se utilizaba esta serie en el colegio para aprender español. Asegura que la cultura y el cine lo consume “prácticamente casi todo en inglés”, pero si le retamos a decir alguna frase o palabra en español Leonard se despide con un "¡Hasta la vista!" y "¡Qué viva España!".

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