El entrenador de unos benjamines detiene un partido por insultos al rival

"Por actitudes como esta los chavales se cansan del deporte", explica el técnico, que logró expulsar a los aficionados implicados

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El equipo de benjamines del Atlético de San Blas con su técnico José Mayans (derecha). Foto cortesía del Atlético de San Blas
El equipo de benjamines del Atlético de San Blas con su técnico José Mayans (derecha). Foto cortesía del Atlético de San Blas

El equipo benjamín del Atlético de San Blas, formado por niños de 9 y 10 años, estaba jugando el pasado 23 de abril un partido decisivo de su liga: si vencían al Playas de Alicante, serían los vencedores de su grupo en el Campeonato Provincial Benjamín de Alicante. Sin embargo, su entrenador estuvo a punto de poner punto final al partido para ayudar a un jugador del equipo rival. Tras descubrir que un niño del Playas había recibido insultos de la grada, detuvo el partido hasta que los responsables fueron expulsados.

"Durante el partido me acerqué al banquillo del equipo contrario porque había un niño llorando porque le habían insultando", explica José Mayans, técnico del Atlético de San Blas, vía telefónica a Verne. "Cuando descubrí que había sido un familiar de uno de los miembros de mi equipo, me acerqué hasta donde estaba y le pedí que se marchara del campo con la convicción de que, si no se iba, nosotros no continuábamos jugando". Estos momentos fueron grabados por Antonio Cabot, director de Información, que ha dado a conocer la historia.

De haber detenido el partido, los benjamines del Atlético de San Blas no hubieran ganado la liga. "No me hubiera importado", cuenta Mayans, de 51 años. "Incluso reconozco que grité, que me alteré un poco, porque me daba mucha rabia que un bobo estuviera cargándose el genial ambiente que había en el campo".

"El problema es la presión a los niños"

La persona que había proferido los insultos al joven del equipo contrario se marchó después de que Mayans se lo pidiera, y el partido se reanudó con victoria final para sus chicos. "Tomé las riendas porque estábamos jugando en mi campo y pensé que era mi responsabilidad", explica. "Después, tanto el niño afectado como el árbitro me dieron las gracias".

"El problema es lo mal educados que estamos y la presión a la que se somete a los niños en los partidos", reconoce Mayans, técnico de unas escuelas con más de 100 niños entre las distintas categorías. "Debido a actitudes como esta los chavales se cansan del deporte y cuando llegan a la edad adulta ya no quieren seguir jugando".

Para Mayans, "en los equipos juveniles, enseñar a los niños valores y compañerismo es tan importante, incluso más, que el propio fútbol. Hay que hacer que se sientan mimados, queridos y apoyados y, a partir de ahí, ponerse a entrenar".

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