El herrero youtuber: "Con la crisis, cogí un trípode y empecé a contar mis historias"

Ramón Recuero quiso dedicarse a la forja desde niño y ahora comparte sus conocimientos en la red

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Ramón Recuero quiso ser herrero desde que le alcanza la memoria. A los 12 años decidió que su futuro estaba en la forja, mientras su maestro le transmitía los conocimientos que sus hijos rechazaron. Cuatro décadas después se dedica a lo que siempre quiso, pero además, comparte su pasión en YouTube, donde acumula más de 31.000 suscriptores.

Cada tarde, cuando salía del colegio en Ciudad Real, su ciudad natal, Recuero corría a la escuela de artes que había enfrente, donde recibía clases gratuitas de forja. “A mí me dieron un legado y no me lo podía quedar solo para mí, por eso surgió la idea del taller”, explica al otro lado del teléfono desde La Pueblanueva (Toledo).

Con la crisis tuvo que despedir a algunos trabajadores y se quedó solo. Pero lejos de abandonar su profesión, decidió que tenía que hacer algo y optó por transmitir sus conocimientos de forja antigua al mundo. “Con la crisis, cogí un trípode y empecé a contar mis historias”, comenta con tono pausado.

Estudió a otros herreros que también subían vídeos a las redes. “Otros compañeros aparecían en tutoriales explicando lo que sabían hacer pero no para enseñar, sino para lucirse y no contar cómo se hacen las piezas”, opina serio. Recuero decidió que, para que la gente se quedara “prendada”, contaría todos los trucos de la profesión en sus vídeos, como si le transmitiera esa herencia a sus discípulos. “Quería que todos pensasen que estoy loco por contar todos los secretos que esconde la forja”, explica.

No es un adicto a las tecnologías, pero se maneja bastante bien porque estudió algo de programación y siempre tuvo un ordenador cerca. Editar y subir vídeos no tiene muchos secretos para él y, si necesita algo de ayuda, le pregunta a la gente joven del pueblo. “Yo soy más de libros. Me pasé mucho tiempo leyendo manuales de técnicas de forja antigua para poder aprenderlas y enseñarlas”, aclara. Lo que sí tiene pendiente es actualizar con más frecuencia su perfil de Facebook y la web de la escuela de herreros, que los tiene un poco abandonados porque no tiene tiempo.

El pueblo semiabandonado donde vive, con unas 16 casas aproximadamente, ahora se llena todos los fines de semana “porque Ramón tiene curso”, explica divertido. La idea de pasar de las clases virtuales a las presenciales surgió por las llamadas que recibía de la gente que veía sus vídeos, o las visitas de los habitantes de pueblos vecinos que se acercaban a su taller para aprender más y ver en directo cómo trabajaba. “Yo me quedo un poco alucinado con los chavales jóvenes que quieren aprender el oficio. No es que me llamen ellos para que les de clases, sino que incluso me llaman madres y dicen que sus hijos de 14 o 15 años quieren aprender herrería”, explica con asombro.

Al principio las clases eran gratuitas y luego empezó a cobrar, aunque asegura que 250 euros por sesión no le permiten tener muchos recursos económicos para mantener el taller y a los trabajadores. Pero de momento las cosas no le van mal. Todas las plazas para los cursos están cubiertas hasta enero de 2017, ocupadas sobre todo por personas de América Latina.

“Es gratificante ver que alguien te escribe desde un país como Colombia, y te dice que gracias a los vídeos ha aprendido un oficio y llevado algo de dinero a casa. Eso no se paga con dinero, ya que las posibilidades de aprendizaje de los chicos en esas regiones son muy pocas”.

Recuero no es una estrella de YouTube comparable a El Rubius, pero algunos de sus vídeos tienen más de un millón de visualizaciones y el herrero tiene su base de seguidores. “Hace unos meses viajé a Oporto con unos amigos y mientras caminaba por la calle, unas personas que también estaban por allí se quedaron alucinadas de verme porque no se creían que yo fuera el de los vídeos. Pero no soy famoso ni mucho menos, eso que quede claro”, cuenta entre risas.

Su canal ha salvado su negocio, además de concederle expansión internacional, con ofertas para dar clases en Colombia y México. Pero para Recuero, sin duda, “¡lo mejor y más bonito de esto es que la forja vuelva a ser un oficio vivo!”.

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