Cómo transformar una memoria de pez en otra de elefante

Recordar la lista de la compra sin olvidar nada es posible con la ayuda de algunas técnicas

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¿Hacemos mal en desatender nuestra memoria y confiarlo todo a Google y la electrónica?
¿Hacemos mal en desatender nuestra memoria y confiarlo todo a Google y la electrónica?.

Cuenta Cicerón en su obra dedicada a la oratoria que el precursor de la mnemotécnica, Simónides de Ceos, sobrevivió al derrumbe de un edificio en el que se celebraba un banquete al ausentarse brevemente. Simónides fue el único que consiguió identificar los cuerpos de los comensales fallecidos al recordar el lugar que ocupaba cada uno durante el festejo. Se dio cuenta de que asociando cada persona a un espacio concreto podría recordar sus nombres, dando lugar al método llamado loci (lugares, en latín), sobre el que hablaremos más adelante.

En aquella época (en torno al año 500 a.C.) no solo no había móviles ni ordenadores; además, eran muy pocos los que sabían escribir, por lo que la memoria era un aliado muy valioso. Hoy, sin embargo, es probable que muchos no diéramos ni una ante un suceso trágico como el que presenció Simónides.

¿Hacemos mal en desatender nuestra memoria y confiarlo todo a Google y la electrónica? Una de las patas donde se asienta la inteligencia es la memoria, sostienen Miguel Ángel Vergara y José María Bea, campeones de memoria. Vergara es campeón del mundo en memoria rápida (las pruebas consisten en memorizar rápidamente decimales o figuras de colores a gran velocidad) y Bea es subcampeón de España en memoria de fondo (en esta competición hay diferentes pruebas en las que los participantes han de memorizar números, rostros, nombres, cartas, etc).

Los dos son autores de un libro recientemente publicado sobre el tema, Consigue una memoria de elefante. “Nadie reconoce tener poca inteligencia, pero sí poca memoria”, sostiene Bea, que defiende que desarrollar unas buenas capacidades de memorización es totalmente compatible con el razonamiento. “De hecho, mantienen una relación feliz y se complementan a las perfección”.

Bea señala que su primer contacto con la mnemotécnica se produjo a raíz de un fascículo de magia de Juan Tamariz (“no era un truco, era una técnica”, señala). Lo que le llevó a profundizar fueron las malas notas que obtuvo en su primer año de universidad. “Fue de gran utilidad incluso siendo una carrera de ciencias [estudió ingeniería informática]. En cualquier temario hay información que memorizar y luego aprender”, apunta.

¿Estamos desaprovechando las capacidades de nuestro cerebro? “Si estás en el sofá todo el día el cuerpo se acostumbra. Lo mismo ocurre con la mente: aparece el óxido mental. Bea cree que efectivamente, se puede mejorar enormemente. “Muchas veces se compara con la memoria de los ordenadores, y eso es complicado por la forma en que memorizamos y recordamos. No sabemos cuánta ni cómo compararla con la de una máquina. Lo que está claro es que con entrenamiento incluso personas de avanzada edad mejoran”, señala.

Ambos campeones equiparan el entrenamiento mnemotécnico al del gimnasio. “Cualquiera puede desarrollar una memoria de elefante. Me ha supuesto mucho esfuerzo. Ha sido a través del entrenamiento”, dice Vergara, policía de profesión que estos días dedica una hora diaria a aprenderse El Quijote en castellano antiguo, palabra por palabra. ¿Y la utilidad en su vida cotidiana? Vergara lo usa en momentos puntuales, pero no imaginemos a un sabueso resolviendo todos los casos a partir de detalles aparentemente insignificantes, memorizando de forma constante. “Sería como si Bolt fuese a comprar el pan corriendo”, señala.

Para la mayoría de nosotros, la repetición a palo seco resulta tan árida como tragarse un saco de arena. Por eso compartimos algunos trucos extraídos del libro de Vergara y Bea.

Absume, o los cuatro mandamientos de la memoria

Los “cuatro mandamientos” hacen referencia a los cuatro pilares básicos sobre los que se asientan las técnicas de memorización. Deben tenerse presentes para que la memorización sea efectiva en el orden que sigue a continuación:

1.Absurdo. Lo aburrido y monótono tiene pocas posibilidades de llamar la atención, y es fácil olvidarlo. Para favorecer que las visualizaciones se almacenen eficazmente en nuestra memoria, lo que mejor funciona es contextualizarlas en escenas absurdas, extravagantes, fuera de lógica.

2.Sustituir. Es importante sustituir todo lo que resulte difícil visualizar por algo que te permita hacerlo. Por ejemplo, si no es posible visualizar la palabra felicidad, puedes sustituirla por un confeti gigantesco.

3. Movimiento. Imprimir movimiento a las escenas para conseguir imágenes más vivas y potentes fortalece su recuerdo.

4.Exagerar. Conviene exagerar la imagen todo lo que pueda porque mayor impacto tendrá así su recuerdo.

Para no olvidarse de ningún nombre

Bea, profesor en un centro de formación profesional, señala que el primer día de clase memoriza el nombre de todos sus alumnos. Esta proeza, asegura, está a nuestro alcance siguiendo algunas pautas sencillas. En primer lugar, es imprescindible entender bien el nombre y repetirlo interiormente. Cuando acabe la conversación, crearemos imágenes mentales vívidas, e intentaremos realizar una asociación entre el rostro de la persona y su nombre. Si no hay ninguna asociación evidente, tendremos que crearla nosotros. Cuanto más absurda, mejor. Algunos trucos:

-Exagerar rastros distintivos del rostro de la persona, como si se tratara de una caricatura.

-Con nombres que no se pueden visualizar, buscar personas que se llamen igual, o transformar el nombre. Por ejemplo con Rafa: garrafa.

-Si nos recuerda a algún famoso o conocido, será de gran ayuda. Igualmente valioso es fijarse en alguna prenda o complemento, preferiblemente algo que se suela llevar siempre encima como las gafas o un pendiente.

Homer tuvo que recurrir al truco más habitual.

La técnica del palacio de la memoria

Los romanos utilizaban esta técnica, a la que hacíamos mención al principio del artículo. Consiste en crear un itinerario de lugares o estancias que resulten familiares a los que se irán asociando distintos elementos del discurso para favorecer su memorización. El recorrido que solían utilizar los oradores era su propio domicilio. El motivo es que se recuerdan mejor los elementos que queremos memorizar cuanto más integrados visualmente estén con los lugares a los que los asociamos.

Lo primero es pensar en un sitio que nos resulte familiar, como nuestra casa. La vamos recorriendo mentalmente para seleccionar los lugares donde vamos a colocar los objetos asociados. Es importante poder visualizarlos claramente y recorrerlos siempre en el mismo orden.

Imaginemos que tenemos que memorizar esta lista de tareas: Enviar un email a María. Comprar unos calcetines. Ir a la pescadería a comprar salmón. Ir a la clase de spinning. Devolver el libro de Harry Potter a la biblioteca.

Es probable que si no usamos ninguna técnica se nos olvide algún detalle. La aplicación de la técnica del palacio de la memoria funcionaría así:

-Escribir a María: Entro en mi casa y en la puerta visualizo un ordenador con una pantalla grande con forma de sobre (email) y unas galletas María.

-Comprar unos calcetines: Entro en la habitación de mi hermana. Sobre la cama hay un calcetín gigante.

-Comprar salmón: Entro en la cocina y me encuentro con una pescadería con un cura dando un sermón (sustituye a salmón).

-Ir a la clase de spinning. Entramos en un baño y en la bañera hay una bicicleta.

-Devolver el libro en la biblioteca. Entro en el salón de casa, que se transforma en una gran biblioteca con paredes que se desplazan y cuadros que se mueven, como en las películas de Harry Potter.

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