¿Tenemos personalidades distintas en internet y en un bar?

No nos comportamos de manera tan distinta en redes sociales y en el cara a cara

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Ilustración: Carla Berrocal.
Ilustración: Carla Berrocal.

Todos hemos tenido alguna vez la sensación de que esa persona a la que estamos leyendo en Twitter no se comporta igual que en persona. Que es más gracioso, opina más o incluso que te cae mejor cuando lo lees a través de una pantalla. Sin embargo, nos parecemos mucho en redes y en la vida “real”, si entendemos por real el cara a cara. Que lo que ocurre en internet también es real.

“No creo que tengamos personalidades distintas en redes o fuera de ellas, más bien que hay aspectos de la personalidad que se revelan más en determinados espacios: no me comporto igual con mis amigos que con mis alumnos. Con las redes es lo mismo”, comenta la socióloga Amparo Lasén, que estudia la relación entre tecnología y relaciones personales. Lasén también explica que ni siquiera nos comportamos igual en todas las redes sociales: no somos iguales en Facebook que en WhatsApp. O en los distintos grupos de WhatsApp en los que estamos. “Igual que no somos iguales en todas las facetas de nuestra vida”

La mayoría de los estudios explican lo mismo. No es que nos pongamos una máscara para Facebook y otra para estar en un bar. Generalmente, cómo nos comportamos en redes refleja cómo somos. Y la diferencia entre unos y otros suele depender de si somos más o menos sociales. “Sí hay correspondencia entre personalidad y participación. Y las redes magnifican en positivo, pero no en negativo”, dice el antropólogo José Luis Molina, profesor e investigador de la Universidad Autónoma de Barcelona. Es decir, aquellos que son extrovertidos comparten más, pero porque son sociales dentro y fuera de internet. Pero no por ser tímido dejas de usarlas, aunque probablemente lo harás con menos frecuencia que los extrovertidos. Y no para hablar de tu vida personal, sino de temas como humor o actualidad.

Molina explica que las relaciones que se establecen a través de un dispositivo electrónico permiten que los introvertidos derriben las barreras que les hacen participar menos en el cara a cara. "En contextos presenciales, la personalidad y la jerarquía influyen en la conducta. En contextos mediados por ordenador, esos controles se relajan y el coste de comunicar [para los introvertidos] es cero mientras que la recompensa es tan infinita como un millón de amigos en Facebook"

Lo que está claro es que nos gusta mostrar nuestra cara más bonita. “¿Y a quién no? En la plaza del pueblo a nadie le gusta presumir de sus desgracias”, ironiza Lasén. La diferencia no está tanto entre la vida online y offline, sino entre lo que queremos enseñarle a mucha gente o solo a nuestros contactos cercanos. Mostramos lo que queremos que los demás sepan de nosotros. En una conversación con amigos íntimos, podremos quejarnos de nuestros jefes o compartir preocupaciones -como en un grupo cerrado de Facebook- pero si estamos en una fiesta con muchos conocidos -equivalente a nuestro muro con cientos de contactos-, a lo mejor solo queremos hablar de nuestras vacaciones.

El economista y columnista de The New York Times Seth Stephens-Davidowitz ha pasado cinco años analizando el Big Data para demostrar cómo cambiamos en internet. Y lo ha plasmado en el libro que acaba de publicar, Everybody lies (Todo el mundo miente): “En las redes sociales, las palabras más usadas para completar la frase Mi esposo es… son el mejor, mi mejor amigo, asombroso, el más genial y tan lindo. En Google, una de las cinco principales maneras de completar esa frase también es asombroso. Pero las otras cuatro son un imbécil, molesto, gay y cruel”.

Los problemas a veces surgen cuando no somos capaces de hacer esa lectura de la vida -en redes sociales- de los demás y pensamos que no les ocurren cosas malas. El famoso estudio La envidia en Facebook: una amenaza escondida para la satisfacción del usuario explica que consultar las actualizaciones de los demás puede despertar sentimientos de envidia y acabar en frustración, amargura y soledad.

“Comparto, luego existo. Usamos la tecnología para definirnos, compartiendo pensamientos y sentimientos incluso cuando no los estamos teniendo”, decía Sherry Turkle en su famosa charla TED ¿Conectados pero solos?. La psicóloga y socióloga del MIT define bien cómo funciona el escaparate social. “Te diré lo malo de tener una conversación: sucede en tiempo real y no puedes controlar lo que vas a decir. Esa es la esencia. Enviar mensajes, correos, publicar, nos permite presentarnos como queremos ser”.

En Línea

En Línea es una serie de Verne en la que exploramos cómo las redes sociales han cambiado nuestras relaciones personales. Aquí puedes leer otros artículos:

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