Tu ex nunca va a desaparecer: las rupturas ya no son como antes

Con las redes sociales, las relaciones se acaban pero no se quedan en el pasado

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- “¿Necesitas tomarte un tiempo?”

Obviamente, Carlos lo necesitaba. Él y la que había sido su novia durante dos años habían roto. Lo intrigante de la frase es que no la pronunciaba su ex ni ninguno de sus amigos. La pregunta se la hacía Facebook.

Carlos acudió a la red social para cambiar en su descripción su estado sentimental. Durante más de un año, aparecía que estaba “En una relación” con la chica de la que acabó separándose. Fue en ese momento en el que la red le hizo esa pregunta y le dio opciones para ocultar a su expareja e intentar que los recuerdos que compartía con ella aparecieran cada vez menos en su muro. El amor en tiempos de Facebook tiene estos códigos y, cuando se acaba, hay que separar las cuentas.

Nuestro curriculum vitae emocional está publicado en las redes sociales aunque no seamos conscientes: fotos de las vacaciones compartidas, amigos en común, recordatorios de fechas especiales. Eso influye en cómo gestionamos el duelo, los recuerdos e incluso nuestras nuevas relaciones.

“Cada uno elaborará su duelo siempre en función de cuál sea su personalidad. Las redes son una herramienta más, que la magnifica porque son inmediatas y hacen el contacto más rápido y fácil. Por ejemplo, antes podías encontrarte a tu ex por la calle o intuir en qué lugar podía estar. Ahora hay más posibilidades de cruzártelo en internet. E incluso de usar la información que el otro publica para provocar esos encuentros en persona. Un narcisista usará a los amigos en común de las redes sociales igual que antes usaba a su círculo o a los familiares”, explica Margarita Torra, psicóloga especialista en relaciones.

El control sobre la información que recibimos de los demás es mucho menor. No basta con evitar acudir a un bar para no encontrarse a alguien. Y, si antes teníamos 30 amigos en común, ahora nos unen 100 contactos que, en cualquier momento, pueden subir una fotografía con nuestra antigua pareja.

Carlos prefirió no cruzarse mucho con su ex por Facebook y por eso completó todas las opciones para “tomarse un tiempo” que le ofrecía la red social. En 2015, la compañía de Mark Zuckerberg lanzó un sistema para que los usuarios pudieran decirle a su algoritmo que querían evitar recuerdos dolorosos con otra persona. El sistema permite desde que no le recuerde momentos pasados a ocultar todas las nuevas publicaciones de la otra persona. Y sin notificar a la otra parte. Facebook muestra el cuestionario a todos los usuarios que cambian su relación sentimental, pero también puede cambiarse la configuración. Desde entonces, a Carlos no le recuerda el aniversario de ninguna foto ni en su feed de noticias aparecen actualizaciones de la otra persona.

En el proceso de superar una ruptura, los algoritmos serán tan importantes como nuestra memoria. Lo que publicamos en internet solo es una parte de la realidad, la más amable, y esos son los recuerdos que nos devolverán las aplicaciones. Nadie publica sus discusiones pero sí comparte las fotos de las vacaciones. Tan sonrientes y guapos. Cuando éramos felices. Como recuerda Consuelo Tomás, psicóloga clínica y responsable del Instituto Valenciano de Ludopatía y adicciones no tóxicas, “si nos fiáramos solo de los recuerdos que hemos publicado, podemos llegar pensar que solo nos han pasado cosas buenas e idealizar una relación pasada”.

Pero en redes sociales, no todo se acaba cuando se termina el duelo. “Ahora mismo, cuando estás conociendo a una persona tienes muchísima información a tu alcance sobre ella sin que te la haya dado. También sobre sus relaciones pasadas. Hay personalidades a las que puede influirles porque, por ejemplo, se compararán con las anteriores parejas y podrán sentir inseguridad”, explica Consuelo Tomás.

Como explican las expertas, las dinámicas de ruptura son muy parecidas a la era preinternet, pero más rápidas e inmediatas. El término ghosting define esas rupturas en las que una parte desaparece sin acabar la relación, bloquea a la otra en redes y no vuelve a coger el teléfono ni contestar mensajes. La palabra es nueva, sí, pero no la conducta. Es lo que siempre se ha conocido como “ir a por tabaco y no volver”.

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