Cuatro gotas y atascazo en Madrid: por qué el tráfico no aguanta un poco de lluvia

Circulan los mismos coches que cualquier otro día, pero las retenciones han sido mucho peores

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Atascos en el Paseo de las Delicias por la lluvia caída en Madrid
Atascos en el Paseo de las Delicias por la lluvia caída en Madrid.

Esta mañana me he pasado dos horas encerrado en un autobús. No se trataba de ningún escape room innovador, sino de un atascazo en la A2, la autovía que une Madrid y Barcelona. Porque llovía. No mucho, apenas cuatro gotas (cinco, siendo generosos), pero lo justo para colapsar toda la ciudad: a las 8 de la mañana y según recogía EL PAÍS, todos los accesos a Madrid sufrían “grandes retenciones”. De hecho y según explica la DGT a Verne, la hora punta ha terminado a las 10 de la mañana, cuando suele finalizar en torno a las 9. Y ha habido un 40% más de kilómetros de atascos que un día sin lluvia.

No estamos hablando de un huracán ni de una tormenta de ácido sulfúrico. Solo de gotas de agua. ¿Tiene sentido que un poco de lluvia colapse una ciudad, incluso aunque haya pasado un mes y medio desde la última vez que llovió?

Pantallazo de Google Maps a las 8:15 de la mañana. El punto azul es el redactor de este artículo, que a esa hora ya debería haber llegado

No hay más coches, pero caben menos

“Esto se ha estudiado en muchas ciudades -explica el ingeniero Miguel Álvarez, uno de los responsables de la web sobre urbanismo Nación Rotonda- y en todas se ve que cuando circulamos con lluvia vamos más lentos y también guardamos más distancia de seguridad con el siguiente coche”. Esto hace que “en la carretera haya menos capacidad” y puedan circular menos vehículos a la vez. Una diferencia ligera es suficiente: “Cuando una carretera se acerca al máximo de su capacidad, un incremento pequeño hace que se atasque por completo”.

A esto se le suma, como nos explica DGT, que el primer día de lluvia nos suele pillar por sorpresa, incluso a pesar de que los pronósticos meteorológicos avisaban de que hoy concluían los casi 50 días sin precipitaciones en Madrid. Al final, no salimos con tiempo y no siempre tenemos el coche tan preparado como deberíamos. Por ejemplo, unas escobillas defectuosas pueden dificultar la visibilidad y obligar a conducir aún más despacio.

Eso sí, a pesar de lo que se dice en ocasiones, no es cierto que más gente coja el coche cuando llueve: según los datos del Ayuntamiento de Madrid que Álvarez ha analizado, 30 minutos antes de los atascos hay el mismo número de vehículos en circulación, con independencia de la lluvia. La DGT nos lo confirma: la mañana del miércoles han circulado unos 375.000 vehículos en Madrid, el mismo número que el mismo día de hace dos semanas. “Tiene sentido -dice Álvarez-, nadie coge el coche solo el día que llueve sabiendo que habrá atasco”.

La peor idea: poner más carriles

Una de las posibles soluciones, explica Álvarez, pasa por habilitar un carril Bus-Vao como el de la A6 en el resto de accesos a la ciudad. Por estos carriles pueden circular autobuses y vehículos con dos o más personas, así que "la gente que va en autobús no se ve perjudicada por un atasco que han provocado los coches”. Pero los beneficios no son solo para los usuarios del transporte público: “Como el autobús se convierte en una alternativa competitiva, mucha gente lo usa para evitarse el atasco y quienes van en coche se encuentran con una carretera descongestionada”.

Hay que recordar el estudio de la consultora International Sustainable Solutions pensado para Seattle: de media, 200 personas pueden ir en tres autobuses, en un tren ligero o en 177 coches.

Lo que no es una buena idea, recuerda Álvarez, es poner más carriles, como en el caso del desdoblamiento de la A1, la autovía del norte, anunciado por la presidenta de la Comunidad, Cristina Cifuentes. Primero, porque si hay más carriles, se crea un fenómeno llamado “el agujero negro de la ampliación de autopistas”, descrito por el experto en urbanismo D.A. Plane y comentado a menudo por la propia Nación Rotonda en su cuenta de Twitter. Al principio se conduce mejor, lo que lleva a que se anime a conducir mucha gente que no usaba el coche para evitarse los atascos, con lo que vuelven a generarse estas retenciones. El segundo inconveniente es que todos los coches que circulen por la A1 (o por cualquier carretera con desdoblamientos o más carriles) acabarán desembocando en el mismo punto de entrada a la ciudad, “creando un embudo”.

¿Y qué hago el próximo día de lluvia?

Parece poco probable que habiliten el carril Bus-Vao en la A2 antes de que vuelva a llover. Para evitar perder tanto tiempo encerrados en un autobús o en un coche la próxima vez que chispee, Álvarez recuerda que los atascos se suelen producir más o menos a la misma hora, dependiendo de cada carretera: en torno a las ocho de la mañana. “Salir antes es la mejor solución. O después, si puedes”.

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