El efecto Dunning-Kruger o por qué la gente habla sin tener ni idea

Y por "gente" me refiero a todos nosotros

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¿Conduces mejor que los demás? ¿Eres mejor en tu trabajo que los inútiles de tus compañeros? ¿Eres más inteligente que la media? ¿Tus tuits son más graciosos que los de esos tuitstars sobrevalorados?

No seré yo quien ponga en duda tus capacidades, pero es posible que seas víctima del efecto Dunning-Kruger, según el cual tendemos a sobrevalorar nuestras aptitudes sociales e intelectuales, tal y como explica el vídeo de TED que encabeza el artículo y que acumula más de un millón de reproducciones desde mediados de noviembre. (Puedes activar los subtítulos pinchando en el primer icono de la parte inferior derecha).

Este vídeo forma parte de la serie de TED dedicada a explicar ideas en pocos minutos y se ha elaborado con la colaboración del propio David Dunning, uno de los dos psicólogos que dio nombre a esta “superioridad ilusoria” en un estudio publicado en 1999. Esta creencia es tan difícil de evitar que llega a “transgredir las leyes de las matemáticas”, como se explica en el vídeo. Por ejemplo, cuando se preguntó a ingenieros de software que calificaran su trabajo, más del 30% aseguró formar parte del 5% de los mejores de su empresa. Y, según otro estudio, el 88% de los conductores estadounidenses afirma conducir mejor que la media.

Quienes más tienden a sobrevalorarse son, precisamente, quienes están peor cualificados: cuanto menos sabemos sobre un tema, más tendemos a creer que sabemos lo suficiente. De hecho, los expertos tienden a infravalorar ligeramente sus aptitudes, hasta el punto de que en algunos estudios los más ignorantes creían saber casi tanto como estos expertos.

Esta es una de las gráficas del experimento original, en el que se pedía a los participantes que valoraran su sentido humor. También se hicieron pruebas de razonamiento lógico y de gramática, y en todas se obtuvieron resultados similares: el 75% que obtiene peores resultados cree saber más de lo que realmente sabe.

El error de los expertos, por cierto, también es interesante: no es que crean saber menos que los demás, sino que a menudo piensan que los demás también saben bastante sobre el tema que dominan.

Por supuesto, no podemos decir que los que más hablan siempre son los que menos saben. Pero es muy difícil no caer en ocasiones en este error: “No se trata de resultados aislados. Tendemos a sobrevalorarnos en todo tipo de campos, incluyendo la salud, las aptitudes de liderazgo y la ética, entre muchos otros”.

No sabemos lo que ignoramos

¿A qué se debe este efecto? Tal y como explica el propio Dunning en un artículo publicado en Pacific Standard, quienes están menos cualificados en un campo ni siquiera tienen la experiencia necesaria para saber que lo están haciendo mal.

A esto se le suma que una mente ignorante no está vacía, sino que está llena de ideas preconcebidas, experiencias, hechos, intuiciones, sesgos y corazonadas, además de conceptos que importamos de otros campos de conocimiento. Con todo eso construimos historias y teorías que nos dan la impresión de ser conocimiento fiable.

Y, de hecho, nos fiamos: un estudio de la Universidad de Yale mostró que la mayoría de la gente no sabe casi nada sobre nanotecnología. Esto es normal. Lo que no es tan normal es que casi nadie dudaba en opinar acerca de si los beneficios de esta tecnología compensaban o no los riesgos.

Eso sí, como ha subrayado Dunning en alguna ocasión, la conclusión de su estudio es que no conocemos los límites de nuestra incompetencia, no de la ajena. La gracia no está en identificar a las víctimas de este error, sino en tener en cuenta que es muy probable que nosotros lo estemos cometiendo en algún aspecto de nuestras vidas, sin ni siquiera saberlo.

Y no solo se trata de que juguemos peor al ajedrez de lo que pensamos o de que, por algún motivo, sostengamos opiniones muy vehementes sobre la nanotecnología: este efecto puede ser muy peligroso. Dunning recuerda que la burbuja financiera de 2008 estuvo causada por “las maquinaciones de los financieros y la ignorancia de los consumidores”. Según un estudio de 2012, el 23% de los estadounidenses encuestados que se había declarado recientemente en quiebra se puso la máxima nota en conocimientos financieros.

¿Yo podría ser presidente del gobierno?

Este efecto se conoce desde 1999, pero si nos fijamos en el gráfico de búsquedas de Google podemos ver que el interés crece sobre todo a partir de 2010 y 2011. ¿Puede que el hecho de leer muchas opiniones ajenas en redes sociales nos haga creer que los demás son víctimas de este error, quizás sin darnos cuenta de que nosotros también podríamos serlo?

Según Google, después de “efecto” y “síndrome”, el término que más se asocia en las búsquedas a “Dunning-Kruger” es “Donald Trump”. Son muchos los artículos que usan al presidente de Estados Unidos como el ejemplo de lo peligroso que es este error, hasta el punto de que, en una entrevista, el propio Dunning estaba de acuerdo con esta idea. Sin embargo y como también admitía este psicólogo, el hecho de que todos pensáramos que Trump iba a perder las elecciones fue un ejemplo de “Dunning-Kruger colectivo”. Nadie se salva de este efecto, por muy listo que sea. O, mejor dicho, que crea ser.

Y en defensa de Trump hay que decir que es muy probable que cualquiera que crea estar capacitado para ser presidente sea víctima del efecto Dunning-Krueger. De hecho, no solo encontramos tuits asociando el error a Trump, sino también a Mariano Rajoy y a Carles Puigdemont, por poner otros dos ejemplos. Al fin y al cabo, si uno cree que puede solucionar los problemas de un país, es muy probable que no sepa de lo que está hablando.

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