Soy árbitro de fútbol y doy una charla a los jugadores antes de cada partido

Hay quien piensa que debería limitarme a aplicar el reglamento

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Era domingo por la mañana cuando recibí un whatsapp de una amiga: "Javi, en las redes sociales se está hablando de ti".

Mi primer pensamiento fue que si se estaba hablando de mí, debía de ser por algo malo. Ese fin de semana había arbitrado tres partidos. "Seguro que me equivoqué en alguna decisión y que alguien está protestando", pensé.

Que ese fuera mi primer pensamiento es significativo: los árbitros de fútbol estamos acostumbrados a ser los malos de la película. Por eso me sorprendió que las razones de mi popularidad pasajera fueran tan positivas.

Pipa Gozalbes, uno de los responsables de la cantera del Real Murcia, había subido a Twitter un vídeo de mi charla a los jugadores antes del partido entre el Academia Grana y el Villa de Fortuna, de la segunda división de alevines. El vídeo cuenta con más de 200.000 reproducciones, más de 6.000 retuits y casi 9.000 me gusta.

Empecé a dar charlas antes de los partidos casi desde mi debut como árbitro, hace ya nueve años. Una de las imágenes que me empujó a hacerlo fue que unos chavales abandonaran llorando el campo tras una derrota. De ahí que una de las frases que digo en el vídeo sea la siguiente: "Hemos venido a disfrutar, a pasarlo bien, a divertirnos, a aprender, y si sale bien, a ganar. Y si no, pues no pasa nada".

La competitividad que impera en el fútbol ha hecho que veamos la derrota como una deshonra, cuando deberíamos aprender a convivir con ella naturalmente.

El contenido de las charlas nunca es el mismo, ya que varía, por ejemplo, según la edad de los futbolistas. Los chicos del vídeo tienen diez y once años, pero también arbitro a jugadores de 17 años.

Pero, más allá de las diferencias por la edad, siempre buscan establecer un pacto con los futbolistas, que se sientan responsables de su comportamiento: "Os voy a pedir vuestra ayuda para que valores como el juego limpio y el respeto se cumplan dentro del campo", se escucha en un momento de mi charla.

Pese a que, después de tantos años, no tengo ninguna duda acerca de la efectividad de estas charlas, hay quien no las ve con buenos ojos. Su argumento es que los árbitros deberían limitarse a pitar y a aplicar el reglamento. En cambio, yo creo que los árbitros, especialmente en categorías inferiores, somos agentes socializadores.

Estoy tan convencido de ello que más de una vez he detenido un partido porque los padres de los futbolistas, o los propios entrenadores, se cruzaban insultos. La agresividad en el fútbol está muy normalizada. Lo sé porque soy profesor de la escuela de entrenadores y miembro por el estamento arbitral del Comité Antiviolencia de la Federación Murciana de Fútbol. Y me consta que, si no sumamos todos nuestros esfuerzos, estaremos convirtiéndonos en cómplices.

Muy a menudo, los árbitros acabamos convertidos en la diana de tanta agresividad. Ya lo he dicho antes: cargamos con el estigma de ser los malos de la película. Pero el fútbol es un deporte imperfecto, ya que, durante los noventa minutos que dura un partido, también los jugadores y los entrenadores toman decisiones erróneas. Si eso lo entendemos con facilidad, ¿por qué le exigimos una perfección impecable a los árbitros?

Efectivamente, mi charla generó un revuelo tremendo en redes sociales.

-La que has liado -me escribió Pipa Gozalbes, a quien no conocía personalmente, cuando le pedí que me mandara el vídeo original.

-La que has liado tú por subirlo -le respondí.

En la redes sociales, las noticias se olvidan con la misma rapidez con la que se ponen de moda. Por eso, conforme crecía el número de reproducciones, me preguntaba si el vídeo acabaría teniendo algún tipo de efecto:

Ya he pitado varios partidos desde que se publicó el vídeo. Algunos entrenadores y jugadores me reconocen rápido: "¿Tú eres el arbitro que ha salido en los periódicos?". Y, por suerte, todos mis partidos se han desarrollado con normalidad.

Sin embargo, nos encontramos a final de temporada, la tensión anda desbocada, y nos llegan noticias preocupantes. El fin de semana siguiente a que se publicara mi charla, se suspendió un partido en A Coruña por las amenazas de algunos padres. Sucedió en la categoría de alevines, la misma que en mi vídeo, con niños de diez y once años.

Efectivamente, aún nos queda mucho camino por recorrer. Todos somos responsables para mejorar las cosas y por eso pienso seguir con mis charlas.

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