Perros de la tundra

Esta es la historia de Blair Braverman, 'musher' profesional

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Blair Braverman es una californiana de 30 años afincada en Wisconsin. Cuando era niña, su familia pasó un año en Noruega y Blair, lógicamente acudió a un colegio noruego. Algo ocurrió a lo largo de ese año, porque a pesar de que los Braverman volvieron al soleado Valle Central de California Blair se quedó prendada del paisaje ártico. Años después, ya en la adolescencia, Blair pasaría otro años más como estudiante de intercambio en Oppland, en el interior del país nórdico, en donde aprendió técnicas de supervivencia y a manejar trineos tirados por perros

Blair con sus perrichis. Aladino Mandoli / BlairBraverman.com

A día de hoy Blair es aventurera, escritora, periodista y por encima de todo, musher. También es la orgullosa propietaria de un buen puñado de perros de trineo con lo que corre, entre otras, la Iditarod, la legendaria carrera a la que acudió Félix Rodríguez de la Fuente en 1981 con el equipo de El hombre y la tierra y que este año cumplía su edición número 45 (de forma oficial, ya que se calcula que se la travesía se lleva realizando de forma total o parcial desde hace más de un siglo).

— Ay, que me gustan a mí los perritos.
— Félix, eso es un lobo.
— LO MISMO ES, MIRA QUÉ CARUSA TIENE.

La Iditarod toma su nombre de la ciudad del mismo nombre —que a su vez parece ser que la toma de la palabra atabascana haidilatna o “lugar lejano— , fundada a principios del siglo XX debido a la fiebre del oro y que a día de hoy es una de las cientos de localidades fantasma que se pueden encontrar en Alaska. La carrera sigue dos rutas: la norte, que se recorre en los años pares y la sur, que se recorre en los años impares y que fue añadida a la norte en el año 1977 para reducir al mínimo el impacto sobre los pueblos por los que pasan los corredores. Grosso modo, los musher recorren cada año unas mil millas (unos 1600 kilómetros) desde Anchorage hasta Nome, cruzando la cordillera de Alaska, el sistema montañoso en el que se encuentra el monte Denali, el pico más alto de todo Estados Unidos.

Las dos rutas de Iditarod. La del sur (desvío en azul) y la del norte (completamente en rojo). Un paseo de nada

Braverman no es ni de lejos la primera mujer en participar en el Iditarod. De hecho, la carrera cuenta con una notable participación femenina; la musher Susan Butcher, por poner un ejemplo, fue la primera persona en ganar cuatro ediciones en cinco años consecutivos. No obstante, sí que hay algo muy destacable en Blair es su prosa. En 2016 aparecía su novela Welcome to the goddman ice cube, (aún sin traducción en castellano y disponible en inglés aquí) en la que relata sus aventuras desafiando las fuerzas naturales y gracias a la cual se la ha equiparado con escritores de la talla de Jack London. Por compararla con otra fémina, podríamos hablar de su parecido con Elinore Pruitt Stewart, autora del fantástico Cartas de una pionera (este sí, en español aquí).

Cómo ser una pionera y seguir estando fabulosa

Esta es la última carta que escribo para Verne y me he acordado de esta preciosa entrada que publicaba Blair en su blog: How to teach a dog to be brave, es decir, cómo enseñar a un perro a ser valiente. Blair, tras contarnos cómo sus cachorros se enfrentaban cada día a nuevos peligros y desafíos, concluía con esta reflexión sobre la naturaleza de la vida:

I know I’m projecting. Courage in the outdoors, knowledge of my own limits, is something I’ve been testing and pushing since I was a teenager. It’s something that dogsledding has done for me. For years, I panicked before every run, terrified by the fact that I could not predict, could never predict, what was going to happen that day. I’ve never really gotten over that fear. But what I’ve learned through years of blizzards and frostbite and broken headlamps, tangles and wolves and splintered sleds, is that whatever happens, I’ll find a way to handle it. I can’t predict or control problems, but I have a darn good track record for protecting my team and coming out the other end. Sometimes I think that’s as close to real courage as I’m going to get.

Sé que estoy proyectando. El valor en campo abierto o la conciencia de mis propios límites son cosas que he estado intentando conquistar desde que era una adolescente. Es algo que el dogsledding me ha enseñado. Durante años, entraba en pánico antes de cada carrera, aterrorizada por el hecho de no poder anticipar qué iba a ocurrir ese día. En realidad, nunca he superado del todo ese miedo. Pero he aprendido tras años de tormentas de nieve, heladas, extremidades congeladas, zarabandas, lobos y trineos partidos es que, pase lo que pase, voy a encontrar la manera de sobrellevarlo. No puedo predecir ni controlar los problemas, pero tengo en mi haber un largo historial protegiendo a mi equipo y saliendo adelante. A veces creo que eso es lo más parecido al valor que voy a conseguir alcanzar.

La misma tesis que defendía recientemente Wes Anderson en su última película. Eso y que los perros son, en definitiva, la mejor cosa.

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