La vida a los 18, antes y ahora

¿En qué se diferencia la mayoría de edad de los nacidos en el 2000 y la de la de sus padres?

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Los 18 marcan la mayoría de edad en España desde 1978. Hasta entonces eran los 21.

¿Les ilusiona cumplir 18? “No, ahora me pueden mandar a la cárcel”, dice un alumno del Instituto Público Alonso Quijano, en Alcalá de Henares (Madrid). El resto de la clase, unos 20 alumnos del 2000, ríe con su comentario. “Son muchas responsabilidades y pocas libertades”, comenta otra alumna.

Para saber con más detalles qué piensan de convertirse en mayores de edad los que la cumplen en 2018, pedimos unos cuantos voluntarios. También hablamos con estudiantes de la misma ciudad, del IES Atenea y del IES Antonio Machado, todos ellos centros públicos.

Nerea Lafarina y María Luisa Rey (42 años, tenía 18 en 1994)

María Luisa Rey y Nerea Lafarina. Verne

Pocas horas antes de llegar a la entrevista, Nerea se ha enterado de una noticia importante: “Me han contratado como captadora para una ONG”. Es su primer empleo. Y su madre está orgullosa: “Me gusta que tenga ese arranque, que se lance a por las cosas”. María Luisa ya había trabajado con su edad: “Empecé con 13 años. En mi casa hacía falta el dinero”. No es el caso de Nerea, así que damos por hecho que podrá hacer lo que quiera con su primer sueldo. Entonces interviene su madre: “No, al banco y a ahorrar”.

Nerea será mayor de edad en diciembre. “Me piden el DNI en muy pocos sitios, así que no me va cambiar mucho la vida por cumplirlos. Pero tengo ganas de cumplirlos. A ver, los 16 molan, los 17 no pintan nada y los 18… ¡Pues son los 18!”. El padre de Nerea y marido de María Luisa es argentino, motivo por el que en varias etapas de su vida la familia ha vivido en Buenos Aires.

“Yo podía llevar la contraria a mi madre, pero tenía que tener mucho cuidado con las formas o me llevaba un bofetón. Y un bofetón a tiempo puede ser bueno, no dos ni tres, pero sí uno”, dice María Luisa. Nerea no está de acuerdo: “Pero por ese bofetón no te respetan, te tienen miedo. Eso no es bueno”. Su madre cree que la generación de su hija no respeta a las autoridades, ya sean educativas, policiales o familiares, como lo hacía la suya: “Tú lo llamas miedo, pero creo que es respeto”.

María Román y Manoli Guerrero (45 años, tenía 18 en 1991)

María Román y Manoli Guerrero. Verne

María cumple los años el peor día posible, el 6 de enero. “Fue más especial. Pusimos más globos y esas cosas”, dice María. ¿Y qué te dijeron ese día? “Pues que ya puedes comprar alcohol para el resto del grupo y que ya puedes votar”.

Mientras su hija dice todo lo anterior, Manoli escucha con atención. Cree que la Manoli de 18 no es como María: “Somos muy distintas. Ella es más madura, más espabilada. Sabe de muchas más cosas porque tiene más información a su alcance”.

A sus 45 años, rechaza la idea de que la generación de su hija sea peor que la suya: “Me da rabia el típico comentario de que lo pasado es mejor”. “Me sienta mal cuando se meten con los millennials. No vamos a echar todo a perder”, comenta María.

Dragos Nicolae y Corina Popirlan (44 años, tenía 18 en 1992)

Corina Popirlan y Dragos Nicolae. Verne

Dragos nació en enero del 2000 en Rumanía. “En octubre de ese año vinimos a España”, cuenta su madre, Corina. Cree que su hijo es más maduro que otras personas de su edad. ¿Por qué? “Por ejemplo, desde pequeño cuida a sus hermanos pequeños. Otras familias tienen a sus abuelos para hacer eso, pero nosotros no”, dice Dragos, cuya madre asegura sentirse “vieja” porque su hijo sea mayor de edad.

Corina no empezó a trabajar hasta los 21 años. Dragos comienza este verano como socorrista para conseguir algo de dinero antes de la universidad. “La Corina de 18 años era muy diferente al Dragos de ahora. Yo vivía en la Rumanía salida del comunismo. Mi hijo tiene internet y ordenador. No tiene nada que ver. Yo iba del colegio a casa, ni actividades con los amigos, ni extraescolares...”, cuenta la madre.

Dragos asegura que él tampoco se parece en nada a sus familiares de 18 años que viven en Rumania: “Piensan como en España hace 50 años. De feminismo o temas LGTBI+ no se dice nada. Son muy cerrados de mente”. Le molesta mucho que se hable mal de su generación: “No lo entiendo. Pero bueno, ahora somos nosotros los que criticamos a los más jóvenes, los de primero o segundo de la ESO. Será algo natural”.

Aída Pedrero y Mar Pedrero (48 años, tenía 18 en 1988)

Mar Pedrero y Aída Pedrero. Verne

Hace tres décadas, Mar estaba deseando cumplir los 18. “Creo que en mi época había más ganas. Cumplir los 18 significaba más libertad que ahora. Los padres de entonces eran más estrictos y, a partir de entonces, aflojaban. Ahora somos más blandos. No creo que haya mucho cambio de los 17 a los 18”, considera la madre de Aída. Su hija asegura que, “por una parte”, no quiere cumplir los 18: “Me hace ilusión, pero ahora solo me tengo que preocupar de estudiar. Cuando eres mayor de edad tienes que empezar a pensar en trabajar”.

Aída cree que su generación es “menos madura” que la de su madre: “Tenemos más libertad, y eso es bueno, pero muchos están muy acostumbrados a ir demasiado por libre. Ante problemas reales, muchos de mi generación se hunden mucho, se cierran un montón”. Su madre está de acuerdo: “Lo veo en muchos de ellos. Se frustran con nada. No saben reaccionar a los problemas”.

Nicole Abreu y Sonia Tejada (46 años, tenía 18 en 1990)

Sonia Tejada y Nicole Abreu. Verne

Sonia apenas nota diferencias entre la Nicole menor de edad y la mayor: “Ni bebe, ni sale hasta tarde, ni nada, así que es casi lo mismo. Cuando yo los cumplí lo celebré muchísimo. Era un día mucho más especial que ahora. Siempre le decía a mi madre que con 18 me iba a ir de casa”, recuerda la madre de Nicole, nacida en República Dominicana. Tardó unos años más en irse de casa, pero no tantos como pretende Nicole: “Hasta los 30 y pico no me voy, que quiero estudiar medicina y eso va para largo”.

La vida de Sonia con 18 se parece muy poco a la de Nicole. La hija solo se dedica a estudiar. “Cuando yo tenía su edad, mi madre se tuvo que ir a trabajar a la Isla de San Martín -una isla caribeña cerca de República Domicana-. Yo me quedé como encargada de la casa y de cuidar a mis dos hermanos pequeños. E iba mucho a la iglesia”. 11 años después, en 2001, emigró a España.

La madre de Nicole cree que su hija es muy “correcta”, no como ella con su edad: “Era muy fiestera”. Le pone pocos peros a su hija. Este es uno de ellos: “Pierde mucho tiempo con el móvil. Estás todo el día con los audios de WhatsApp”. Nicole contesta: “Es que me tengo que enterar de los marujeos, mamá”.

Y, claro, Sonia escucha todos esos cotilleos: “Con mi madre, eso sería imposible. Lo hacía todo a escondidas, mientras que Nicole me cuenta muchas cosas de su vida. Mi madre, la abuela de Nicole, es muy religiosa. Para ella, con los millennials se está acabando el mundo”.

Pablo Blázquez, Eva María Tobaruelo (46 años, tenía 18 en 1990) y Juan Blázquez (54 años, tenía 18 en 1982)

Juan Blázquez, Eva María Tobaruelo y Pablo Blázquez. Verne

“Con su edad, yo no tenía ni un walkman. Y trabajaba y estudiaba a la vez. Como mucho me dejaban ir un día a la semana al cine y solo si iba con mi novio. Ah, y a las 21:30 tenía que estar en casa”, cuenta Eva María. Todo esto es bastante diferente para su hijo. Él tiene aparatos tecnológicos mejores que un walkman, no trabaja, sale viernes y sábados hasta las dos de la mañana y no tiene que acompañarle nadie.

La mayoría de edad no emociona particularmente a Pablo. Ni siquiera para votar: “No le doy importancia. Me da igual”. En ese momento interviene su padre: “¿No te hace ilusión votar? Yo con tu edad tenía muchas ganas de hacerlo”. “No sé, con cómo están las cosas me da igual. Le doy importancia a poder votar, pero no la que le dais vosotros”. Esto no quiere decir que Pablo no se interese por temas políticos: “Creo que nuestra generación está por delante en muchas cosas. Por ejemplo, reivindicamos los derechos LGTBI+ de una forma que vosotros no hicisteis”.

El padre de Pablo cree que la generación de su hijo está más formada que la suya a los 18 años, “pero importa poco, porque para trabajar se tendrán que ir fuera de España”. Para lo que Pablo tiene poca formación es para coger un plumero. “No hace nada en casa en comparación con lo que hacía yo. Mis obligaciones del hogar no eran negociables”, dice su madre.

Cristian Pérez y Lidia Corral (41 años, tenía 18 en 1995)

Lidia Corral y Cristian Pérez. Verne

Cristian es el único de su clase que ha trabajado: “Durante un año en un McDonalds”. Lo hizo cuando tenía 17 por los problemas económicos que había en su casa. “Estoy muy orgullosa de él. La mayoría de los chavales de su edad no trabajan”, dice su madre, Lidia. Con 18, ella ya trabajaba. “Pero entonces era lo normal”, dice.

Cristian celebró los 18 años estudiando Química. “Es que tenía examen”. Asegura que la mayoría de edad le causa impresión. “Ahora me pueden meter en la cárcel. Igual por tuitear algo van a por mí”, indica. Cristian es muy activo políticamente: “Intento hacer activismo en redes”. A su madre no le gusta esta faceta de su hijo: “Por su cumpleaños me pidió un libro de un comunista chino”. “Mao”, específica Cristian. “Creo que esto es por las rede sociales. Antes no te enterabas de nada y ahora saben más que los padres. Yo soy apolítica”, añade Lidia, que asegura sentir “miedo” por el hecho de que su hijo manifieste sus ideas políticas en redes.

Cuando sale de fiesta, Cristian puede volver a la hora que quiera. “Yo tenía que estar a las 22 horas en punto. Mi casa era machismo puro. No me podía poner minifalda. Si tuviera una hija, le daría la misma libertad que a Cristian”, cuenta su madre.

Pablo Perea y María José Gómez (49 años, tenía 18 en 1987)

María José Gómez y Pablo Perea. Verne

“No te puedes imaginar lo diferentes que somos mi hijo y la yo de 18 años”, indica María José. “No es que haya tenido una niñez mala, pero cuando mi padre llegaba a casa... Yo ya estaba firme y sabía qué tenía que hacer. A este le tengo que decir todo 50 veces”, añade, antes de un matiz importante: “Ojo, no querría que la relación con mi hijo fuese como la que yo tenía con mis padres”.

Pablo ve los 18 con ilusión. “Los pintan muy bien, la verdad. Te dicen que vas a poder a lo que quieras”, comenta entre risas. Su madre le contesta con un comentario tajante: “Si es que eres un iluso. No se va a cumplir nada. Por cumplir 18 no cambia nada”. Cuando ella tenía 18, quería irse de casa, pero no lo hizo hasta los 28: “Entonces fue cuando me casé. En mi época era así, no te ibas hasta que te casabas”.

A María José no le gusta que su hijo tenga “más de 50 grupos de WhatsApp. Y algunos con más de 50 personas. Yo no sé quién habla ahí, pero confío en que es responsable”. “No te preocupes”, contesta Pablo.

Irene de la Cueva, Dorita Lázaro (54 años, tenía 18 en 1982) y Quique de la Cueva (55 años, tenía 18 en 1981)

Dorita Lázaro, Irene de la Cueva y Quique de la Cueva

“Creo que somos igual de tontas”, dice Dorita cuando le preguntamos las diferencias entre su hija y ella a los 18.´”Gracias, eh”, dice Irene. “Entiéndeme, los adultos decimos mucho que éramos más maduros que nuestros hijos. Y creo que no”, añade. El padre está de acuerdo y va más allá: “El 23-F me pilló en un cuartel cuando tenía 18 porque era militar. Lo único que pensé es que ese día no podíamos salir de juerga”.

Irene, usuaria de Twitter, cree que si hubiera vivido algo así lo habría comentado en esta red social. Al menos lo habría hablado con sus amigos, con los que suele comentar temas de política. Pero no tiene claro a quién votará: “Nadie nos dice a quién votar. Yo sé cuál es la ideología de mis padres, pero cómo sé si esa es la correcta. Nadie me ha enseñado”. “Cómo me molesta eso de nadie me ha enseñado. ¡Pues muévete, si lo tienes muy fácil!”, contesta su madre, que a la vez reconoce que con su edad no hacía mucho por informarse. Irene ha viajado mucho más que sus padres con su edad. “Eso son experiencias que te hacen ver más allá”, dice su madre.

Irene no tiene hora para volver a casa cuando sale de fiesta, mientras que su madre tenía que estar en casa a las 22 horas como tarde. “Si hubierais tenido WhatsApp para avisar como yo, quizá te hubieran dejado quedarte hasta más tarde”, dice Irene. Su madre no está de acuerdo. Ni su padre.

María Islán y Mari Luz Moreno (51 años, tenía 18 en 1985)

María Islán y Mari Luz Moreno. Verne

“Si comparo mi vida con la suya a los 18, creo que yo vivía más solo por no estar pendiente del móvil. Le está comiendo el terreno al vivir, a estar en la calle con los amigos” dice Mari Luz. Su hija le contesta a su manera: “Es que la petanca ya no se lleva”. “Hija, si a veces te veo con tres amigas y estáis las cuatro con el móvil”, añade su madre.

Las nuevas tecnologías y el fácil acceso a la información es uno de los motivos por los que la madre cree que su hija “está más desarrollada. Yo con su edad era una pánfila, no me enteraba de nada. Creo que ella ha crecido más porque viven todo muy rápido. Están a todo. Pero creo que nosotros éramos más maduros en otros sentidos. Con su edad yo trabajaba y le tenía que hacer la cena a mi abuelo cada noche”, comenta.

Otro cambio considerable, en opinión de Mari Luz, es la relación que ella tiene con su hija respecto a la que ella tenía con su madre, la abuela de María. “No tiene nada que ver. Hablamos de casi todo. Yo a mi madre no le contaba nada”. “Yo”, dice su hija, “le cuento todo, es como una amiga en eso; cuando le digo que me gusta un chico se emociona más que yo”.

María cumple los años en diciembre, así que es de las últimas de su clase. “Se meten conmigo porque tengo amigas que ya pueden entrar a las discotecas y yo no. Para cuando los cumpla, sé que tengo que ser más responsable: con 18 te puede caer la de Dios si la lías”, indica.

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